Viernes, 21 Julio, 2017

Analemas


Como todas las estrellas, sin prisa pero sin pausa
Johann Wolfgang von Goethe

Si el lector de ‘La mirada infinita’ sitúa convenientemente un trípode y todos los días del año, con los adecuados filtros, le saca una foto al sol del mediodía, obtendrá una serie de trescientas sesenta y cinco imágenes que, oportunamente montadas, muestran una escondida firma en el cielo. Nuestros académicos de la Lengua –que están muy ocupados incluyendo en el diccionario engendros como ‘friki’, ‘chat’, ‘energizante’, ‘okupa’, ‘sociata’, ‘pepero’ o ‘canalillo’– no han tenido tiempo de incluir la bellísima palabra ‘analema’, que designa la figura de lemniscata recorrida por el sol en la sucesión de instantáneas que hemos descrito.

Analema de la Tierra

Analema de la Tierra

Proyección cilíndrica

Proyección cilíndrica

Tal itinerario aparente se debe a la superposición de dos circunstancias muy complejas que son independien­tes: por un lado, como supo ver el gran Johannes Kepler en el siglo XVII, la Tierra describe una trayectoria ligeramente elíptica en torno al sol. La elipticidad de la trayectoria varía a causa de la influencia gravitacional de los restantes planetas del sistema solar según distintos ciclos de periodicidades comprendidas entre los 100.000 y los 400.000 años. A consecuencia de estos ciclos, la elipse pasa de ser casi una circunferencia (excentricidad = 0,005) a ser ‘algo más elíptica’ (excentricidad = 0,058), valga la expresión. Este efecto se superpone a otro de consecuencias fácilmente perceptibles ya que da lugar a las estaciones: si consideramos el plano que atraviesa la Tierra por su ecuador y se compara su orientación con el plano sobre el que nos trasladamos en torno al Sol, se obtiene una inclinación de unos 23,4º en la actualidad. Si este ángulo fuese cero, no habría estaciones. En los últimos dos millones de años este ángulo ha variado entre 21,5º –correspondiente a épocas con variaciones estacionales menores– y 24,5º. Una descripción en inglés de estos efectos, junto con diversas simulaciones explicativas y cálculos matemáticos, puede encontrarse aquí.

Analema de Marte

Analema de Marte

Si únicamente tuviera lugar el fenómeno de desfase de 23,5º entre planos (y la trayectoria fuera, por tanto, circular), o únicamente describiésemos una trayectoria elíptica (y no existiesen estaciones porque el plano de rotación y el plano de traslación coincidieran) el analema sería una línea recta. Es la superposición de ambos efectos lo que produce este vistoso fenómeno, común a casi todos los planetas del Sistema Solar. Disponemos de fotografías tomadas en Marte que nos muestran la hermosa forma de gota de agua del analema marciano. Ni Venus ni Mercurio tienen analema propiamente a causa de las particulares características de sus órbitas: el día de Venus es más largo que el año (243 días terrestres frente a 224), mientras que en Mercurio la diferencia es mucho mayor (173 días terrestres frente a 88).

“Cualquier controversia ideológica está condenada al fracaso”

Gerardus Mercator

Gerardus Mercator

Hemisferio norte

Hemisferio norte

Este tipo de efectos asociados al punto de vista me recuerdan otro fenómeno asociado a la cartografía: es imposible representar en una superficie plana una esfera. Para elaborar mapamundis, los geógrafos se ven obligados a adoptar una determinada estrategia de distorsión. Podrían emplearse varias, pero en los mapas que estamos acostumbrados a ver desde nuestro paso por el colegio –que derivan de la cartografía de Mercator y proyectan la esfera terrestre en un cilindro–, la distorsión pretende representar más fielmente el hemisferio norte. Algunas de las consecuencias más importantes de la deformación a que se someten los continentes son que Groenlandia aparece de un tamaño comprendido entre la mitad y un tercio de África, cuando en realidad el continente es unas quince veces mayor que la isla, o bien que América del Sur no es de tamaño muy distinto a Europa, cuando esta última no llega al 60% de la superficie de aquélla.

Mapamundi de Mercator

Mapamundi de Mercator

 

Adolfo Suárez razonando

Adolfo Suárez razonando

Margaret Thatcher

Margaret Thatcher

De lo anterior se deduce que el punto de vista lo es todo pese a que en realidad no sea nada. Vivimos montados en la subjetividad, y nuestros intentos por poner en marcha ecumenismos de diverso signo –religiosos, estéticos, políticos, filosóficos, económicos– son estériles, salvo cuando aparecen en escena individuos con capacidad de pensar a lo grande, muy pocos por siglo en cada ámbito: si nos ceñimos a la omnipresente política y a los veinticinco años finales del pasado siglo, pienso en Adolfo Suárez, o en los dirigentes que acabaron con la Guerra Fría: Mijail Gorbachov, Ronald Reagan y Margaret Thatcher.

Ronald Reagan y Mijail Gorbachov

Ronald Reagan y Mijail Gorbachov

Pero incluso esos individuos no triunfan completamente y su legado se acaba traicionando o perdiendo. El ser humano o bien es gregario y por tanto no reflexiona, es fácilmente manipulable y sigue a la masa, o bien piensa por su cuenta, en cuyo caso es una mónada, una entidad autónoma que no modifica sus puntos de vista por contundentes que sean las evidencias de que no está en lo cierto. Esto condena al fracaso cualquier controversia ideológica, que a lo sumo puede adoptar la apariencia de un debate, pero jamás convence a nadie de los argumentos de la parte contraria, y asimismo condena al fracaso este pequeño diario intelectual que es ‘La mirada infinita’.

Álvaro Fierro Clavero,
www.alvarofierro.com

Comentarios

  1. Bonito como siempre, Alvaro. Una anécdota traída al hilo de tu conclusion: a Krisnamurti le preguntó un lector qué era la verdad. Krisnamurti le ofreció encontrarla juntos, pero el otro dijo que sólo queria saber qué era la verdad. Cuando el maestro le ofreció de nuevo buscarla entre los dos, y su interlocutor, hasta cuatro veces más, le urgió a que le dijera simplemente qué era, Krisnamurti le interpeló: ¿quiere usted la verdad o quiere una definición?

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