Lunes, 26 Junio, 2017

Hospital


María Fernández Dobao

por María Fernández Dobao

En un hospital las horas pasan de otra manera. Los enfermos a veces no saben en qué momento del día están y los acompañantes sienten que sus relojes no avanzan.En este mes del año en que la noche viene pronto a visitarnos, ni siquiera puedes imaginarte que las calles que están a pocos metros se iluminan para anunciar que algo bueno está por llegar.

Aquí el tiempo se estira hasta hacerse interminable, y mejor que desesperarse es sacar partido de esa circunstancia, al fin y al cabo en el día a día todos nos quejamos de la falta de ese bien tan preciado. La estancia en un hospital te da tiempo para pasar con la persona ingresada, y por qué no, disfrutar de esos momentos:puedes hablarle o pasar horas en silencio diciéndole todo simplemente con tu mano en la suya, puedes ser testigo de un pequeño avance en su recuperación y festejarlo como el mayor de los logros, puedes leerle un libro y convertirlo en una historia vivida por los dos, puedes ayudarle en sus necesidades y deseos cuando su circunstancia lo permite, y cuando duerme o se encuentra en un estado que parece ausente de comunicación, la estancia entre estas cuatro paredes te ofrece la oportunidad de pensar, de rezar, de leer, de observar, de contemplar….

cuidadospaliativosEscribo desde la planta de Cuidados Paliativos. El día nos regala hoy mucha luz y quizá esto influya para que me encuentre contenta. Sí, se puede estar aquí y sentir alegría. Es la segunda vez en este año que nos toca pasar unos días en la quinta planta de este edifico que venimos visitando regularmente desde hace cuatro años y medio, y aunque parezca increíble, llegar aquí fue como sentirnos de nuevo en casa. El personal que lleva a cabo su trabajo curiosamente en la planta más cercana al cielo, nos recibió con las mejores atenciones y llamándonos por nuestro nombre, algo realmente sorprendente (por desgracia) y que te lleva a sentir el más profundo agradecimiento a estos profesionales que hacen de amortiguador de una experiencia tan dura.

paliativosLa primera vez que pisé esta planta, hace ya ocho meses, me enfrenté al momento más difícil de mi vida y quizá a la mayor prueba de amor: tenía que tomar una decisión tremenda sin poder ni siquiera consultar, una decisión sobre la vida de la persona que precisamente me dio a mi la mía. No dudé ni un segundo. Recuerdo la claridad con la que me habló el médico, una mesa entre los dos, las lágrimas cayendo serenamente por mi cara y las palabras que salieron por mi boca mandadas por el corazón : “Dejadla morir en paz. No le hagáis nada, lo único que quiero es que no sufra.” Y Dios volvió a enseñarnos que la última palabra no la tenemos nosotros.

Esos días entendí lo que es el Amor, el amor sin egoísmo, el amor que comprende que el bien del otro es tu propio bien. He tenido la suerte de poder experimentarlo y de poder sentirlo, pero también he sufrido el dolor de la incomprensión y el juicio gratuito precisamente por amar. Sin duda me quedo con lo primero, lo considero un regalo de Dios, lo segundo se aprende a lidiarlo.Cuando el amor mueve tus actos, cuando tu corazón manda lo que tu boca dice, lo que tus manos tocan y lo que tus pies caminan todo se vuelve más pleno y sencillo.

Comprendí también la importancia de la humildad, de aceptar que la vida, de la que nos creemos dueños, no está en nuestras manos.

Y comprobé el poder de la fe.

Ahora puedo decir, desde el convencimiento más absoluto, que debemos apostar por estas tres virtudes, todo es más fácil si aceptamos su compañía. Olvidemos el orgullo y la arrogancia. Amemos de verdad y siempre, con el corazón y desde el corazón, respetando y confiando. Poder dar amor ya es una suerte, seamos agradecidos, generosos y disfrutemos de su entrega.

Comentarios

  1. Gracias por tu preciosísimo texto. Mis padres ya partieron y comprendo tu dolor. Muchos besos

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