lunes, 23 octubre, 2017

Una cuestión de tiempo


Estar contigo o no estar contigo
es la medida de mi tiempo.

Jorge Luis Borges.

Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa dejó dicho que ‘más lágrimas se derraman por las plegarias atendidas que por las no atendidas’. Nos pasamos la existencia intentando acceder a un mundo hipotético, y con frecuencia consideramos que lo que tenemos –esto es, lo real, lo auténtico, lo nuestro– es insatisfactorio o insuficiente. Creemos merecer tal o cual cosa, que deberíamos poseer más cuando lo que sucede es seguramente lo contrario. No somos tan excepcionales como la persona que creemos ser y lo que nos corresponde es a menudo justo y conveniente, y en multitud de ocasiones es mucho más de lo que se nos adjudicaría si el mundo fuera equitativo.

Para colmo, nuestra cabeza no actúa de manera simétrica, y somos mucho más proclives a recordar agravios y humillaciones que alabanzas y halagos, por la sencilla razón de que creemos merecer los segundos y no los primeros con independencia de nuestras actuaciones y méritos. Es algo que los psicólogos denominan con la horrenda expresión ‘sesgo de autoservicio’. La culpa es del otro pero el mérito es nuestro.

Friedrich Hayek

Friedrich Hayek

Esto explica en buena medida el éxito del viejo ideario socialista de igualdad incluso en sociedades desarrolladas. No hay instancia que escape al socialismo, ya sea en su versión explícita o en la enormemente común versión sentimental: recordemos la célebre dedicatoria del libro ‘Camino de servidumbre’ del gran Friedrich Hayek: ‘A los socialistas de todos los partidos’. En descargo de nuestra especie cabe argumentar que el deseo de recibir gratuitamente es común a todos los mamíferos. Pero el socialismo, tan inconfundible­mente humano, coge el rábano por las hojas, por cuanto lo revolucionario no es hacer iguales a los seres humanos partiendo de la hipótesis de que son originariamente distintos. Lo verdaderamente sobrenatural, hipócrita lector, lo fabuloso sería hacernos distintos a los que de partida somos tan semejantes. El hecho de que la psicología exista como ciencia demuestra que cabe establecer leyes que rigen nuestro comportamiento porque entre nosotros las diferencias son mínimas y, para mayor abundancia, somos animales reincidentes.

Es tan difícil actuar de manera nueva que todas nuestras iniciativas y proyectos tienen el aire de familia que cabría esperar en una especie que se ha bajado de los árboles hace relativamente poco tiempo. No exagero en absoluto: la primera prueba que se le hace a un bebé recién llegado a este mundo es el test de Apgar, en el que se amaga con dejarlo caer en espera de que ponga en funcionamiento la reacción refleja de echar mano a la rama a la manera de un hombre, digo de un simio.

Nuestro querido ser humano suele fantasear en sus abundantes ratos de confusión y ocio con multitud de ideas ejemplares y nutritivas. A la cabeza de todas ellas, la felicidad, que sucintamente consiste en ser otro primate que tenga más cosas. Queremos ser Bill Gates, Amancio Ortega o Warren Buffett. ¿Oiga, y usted qué haría con todo ese dinero? Entonces el homínido se rasca la cabeza y afirma alguna insensatez, como por ejemplo ‘ser libre’. A poco pie que le demos, como está poseído por la imaginación, añade lo que haría si tuviera más tiempo.

“El aburrimiento es la gran lacra contemporánea”

Margot Robbie

Margot Robbie

Vanessa Kirby

Vanessa Kirby

El lenguaje es fundamentalmente culpable porque permite el modo condicional, que, por decirlo brevemente, es la argucia que nos hemos buscado para adormecer la conciencia, en el remoto supuesto de que la tengamos. Yo arreglaría, yo diría, yo crearía: yo sería alguien maravilloso. Lo que ocurre es sencillo de entender: la gran lacra de nuestro tiempo es el aburrimiento. No podemos con lo que tenemos delante y nos dedicamos a especular en el plano hipotético con esto y con aquello. Como nuestras demenciales iniciativas afor­tu­nadamente no se ponen en práctica, podemos continuar imaginando en la convicción de que somos capaces de enderezar el mundo.

Una cuestión de tiempo

Una cuestión de tiempo

¿De qué manera se podría situar al hombre ante su responsabilidad? Dado que ya no quedan lámparas con genios dentro, sólo hay un modo: mediante la literatura, sin olvidarnos de su versión moderna que es el cine. Desmantelado el sistema educativo, destruidas irreversiblemente por el socialismo las vetustas nociones del esfuerzo, la constancia y el mérito, al menos queda la posibilidad de que el primate que se niegue a adquirir un ligero barniz a través del anticuado sistema de la lectura, pueda beneficiarse de las preclaras lecciones que imparten los cineastas.

Tom Hollander

Tom Hollander

Alguien que tuviera a su disposición únicamente la obra de los realizadores españoles –como por ejemplo ‘Los amantes pasajeros’, la espantosa última película escrita y dirigida por el patibulario ingenio almodovariano, o la emética ‘Mentiras y gordas’, de la que es guionista Ángeles González Sinde, recientemente galardonada con el barato premio Planeta– seguramente pensaría que es imposible asignar esta grave responsabilidad a la industria cinematográfica, pero lo cierto es que la desorientación en esta materia es un fenómeno específicamente español que no se da en otros países. Es que no hay un solo plano verdadero en nuestro cine de las últimas décadas, una sola frase que no esté contaminada por el maniqueísmo, un solo actor que transmita autenticidad. Tenemos importantes matemáticos, biólogos, arquitectos, físicos, depor­tistas, empresarios, economistas, psicólogos, escultores, músicos. ¿Por qué no tenemos actores, ni guionistas ni directores, qué o quién secuestra el talento de los profesionales del cine español?

Rachel McAdams

Rachel McAdams

Es estimulante comprobar que, contra lo que dicen sus torcidos valedores, en absoluto es necesaria una gran cantidad de dinero para poner en marcha un artefacto que enamore nuestra atención durante un par de horas, como queda de manifiesto en películas recientes como la estupenda ‘La bicicleta verde’, primera película dirigida por una mujer saudí, o la sobrecogedora película canadiense ‘Incendies’ basada en una pieza de una autora libanesa, la danesa ‘En un mundo mejor’, o las innumerables muestras de talento que llegan hasta aquí de directores hispanoamericanos, iraníes, chinos, coreanos o rusos. Basta un buen guión, bastan unos buenos actores.

Frank Capra

Frank Capra

Hemos sido felices viendo ‘Una cuestión de tiempo’ (‘About time’), la última película del británico Richard Curtis. Ya habíamos disfrutado de sus bien planteadas y resueltas comedias románticas intrascenden­tes como ‘ Notting Hill’ o ‘Love Actually’, pero nunca hubiéramos creído que el guionista de ‘El diario de Bridget Jones’ o ‘Mr Bean’ fuera a ser capaz, sin desprenderse del envoltorio amable, de hacer una cata estremecedora y profunda, verdaderísima, en la esencia de nuestras vidas que hubiera podido firmar el mejor Frank Capra. Para ello se vale de un recurso que no revelaremos y que sitúa con elegancia una historia del mundo real en el límite de la ciencia ficción que remite en cierto sentido a ‘Inteligencia artificial’, la película máxima de Steven Spielberg.

Bill Nighy y Domhall Gleason

Bill Nighy y Domhall Gleason

Domhall Gleason

Domhall Gleason

Al margen del portentoso guión –desternillante y desolador, emocionante, esperanzado, lleno de giros–, los actores bordan el reto de hacer creíble esta pequeña obra de arte. La pareja protagonista está formada por Domhall Gleason (‘Ana Karenina’), en el papel de Tim Lake, y por la encantadora Mary, encarnada por la actriz canadiense Rachel McAdams (‘Midnight in Paris’). Pero en lo relativo a la interpretación, lo extraordinario es la galería de actores de reparto, como es habitual en el cine británico: El padre de Tim, un antológico Bill Nighy (‘Piratas del Caribe’, ‘Harry Potter’), el maravillosamente malhumorado tío Desmond interpretado por Tom Hollander (‘Orgullo y prejuicio’, ‘Piratas del Caribe’), la pizpireta amiga de Mary interpretada por Vanessa Kirby –cada aparición suya es un flagrante robo de cámara– o el primer amor de Tim, la fragante Margot Robbie.

Richard Curtis

Richard Curtis

Como buen artista, Curtis es también artesano, y eso se nota en todos los extremos técnicos de esta película inolvidable localizada en Londres y la costa de Cornualles que ilustra finísimamente las profundas implicaciones de uno de los mitos recurrentes de la literatura fantástica universal: qué ocurriría si, con idea de arreglar el presente, tuviéramos la capacidad de alterar el pasado.

Álvaro Fierro Clavero,
www.alvarofierro.com

Comentarios

  1. Enhorabuena, Alvaro, por escribir una prosa tan grata para el lector: inteligente, culta, amena y en absoluto banal. Tus reflexiones hacen pensar

  2. Me siento priviligiada de poder reflexionar tan bellos textos Muchas gracias

  3. Me ha gustado mucho. Una salvedad: hay pelis españolas que merecen la pena como Blancanieves.

  4. Muy interesante reflexión en la primera mitad de artículo.

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