Lunes, 26 Junio, 2017

La capacidad de sorpresa (de drones y navidades)

La capacidad de sorpresa (de drones y navidades)



A medida que avanzamos en confort y en novedades, en mejoras, me parece que no se reciben con la sorpresa y entusiasmo que se debe.

La capacidad de sorpresa (de drones y navidades)




El ser humano, como decía aquel anuncio, es verdadera- mente sorprendente.


Creo que en Navidades lo que celebramos también es una impresionante sorpresa. La verdad es que Dios es bastante sorprendente

AGUAPresentaban el otro día  la posibilidad de que un drone nos trajera los libros en vez del cartero. Sí, uno de esos avioncitos que no están tripulados podría venir a casa y dejarte como el lechero el librito en un paquete delante de la puerta. Mi marido, muy sensato, me hacía notar que ya casi nada nos sorprende, y que es una pena.

No voy a escribir sobre los aspectos negativos que ya no nos sorprenden, sino sobre aquello de positivo que tienen muchos progresos y que, ahora, desafortunadamente pasan desapercibidos. Nos entusiasmamos poco, me parece. Y nos sorprendemos menos. Nos parece todo casi natural y evidente. Y creo que es una pena.

Quizás es un tema de velocidad, de ritmo al que suceden las innovaciones tecnológicas. Que un drone te pueda llevar a casa un libro que acabas de comprar en Amazon, me parece una cosa inaudita. A mí personalmente me interesa mucho, aunque me da un cierto miedo. Y me parece, sobre todo, para sorprenderse. Como me sigue sorprendiendo la lavadora, el lavaplatos, el microondas y todo aquello que nos hace la vida más fácil. Hasta el agua caliente me sorprende, una comodidad relativamente reciente.

Porque casi todo lo que usamos a diario no tiene 100 años en nuestro país –y a veces ni fuera-, o si lo tiene, su versión es tan nueva, que no tiene nada que ver con su origen. La calefacción es otro ejemplo. Recuerdo todavía las casas de Valladolid de gente pudiente sin calefacción central, y eran los años 60. Se estaba al lado de un brasero ahí pegaditos porque si te levantabas te helabas. Y el cuarto de baño ¡todavía una innovación más importante! Del corral al cuarto de baño dentro de casa hay menos de un siglo.

Bueno, pues todo eso lo tomamos hoy, como dirían los ingleses, “for granted”, lo damos por hecho, como algo natural. Y a medida que avanzamos en confort y en novedades, en mejoras sin duda evidentes, me parece que no se reciben con la sorpresa y entusiasmo que se debe. Y no es que no se acepten, es que se integran tan rápidamente que dejan ya de sorprendernos. Las usamos, las asumimos, por supuesto, pero ya no hay apenas espacio para la sorpresa. Es un poco triste vivir así, sin capacidad de sorpresa, ¿no?

Pero mucho más importante que todo eso, son las sorpresas excelentes que te llevas en la vida con personas concretas o con hechos que nos suceden. Vas un día y de alguien que no te lo esperas te encuentras una llamada de esas largas por teléfono que te ponen al día. Y otro día un vecino encuentra un trabajo estupendo cuando ya había tirado la toalla. O alguien es capaz de crear una nueva empresa, y sale adelante con ella con una idea de negocio deslumbrante. Todos los días muchas personas te sorprenden porque pueden hacer frente a dificultades enormes y sacan fuerzas de dónde tú nunca pensaste que las tuvieran.

El ser humano es imaginativo, creativo y muy fuerte. Y lo es por naturaleza. El ser humano, como decía aquel anuncio, es verdaderamente sorprendente.

Al final yo creo que en Navidades lo que celebramos también es una impresionante sorpresa. Que Dios se encarne y venga debería sorprendernos. Creo que la fe es perfectamente compatible con la sorpresa. La verdad es que Dios es bastante sorprendente y a menudo no sabes por dónde va a salir o con qué va a sorprenderte.

Aurora Pimentel

Comentarios

  1. Fíjese como esto es así que yo me sé de algunos que, siendo el que más sólo hace apenas dos años que descubrió algo que, sin duda, para cualquiera podría ser lo más sorprendente, resulta que, a veces, tienen la sensación de que esto es congénito y ya ni les sorprende ni les parece extraño, creo. ¡Cosas que pasan…!

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