sábado, 23 septiembre, 2017

En la muerte de Ángeles Santos


Vagos ánjeles malvas
apagan las verdes estrellas.
de suaves violetas
abrazaba amorosa
a la pálida Tierra.
Juan Ramón Jiménez

 

Franz Roh

Franz Roh

El crítico Franz Roh acuñó en un artículo de 1925 el término ‘realismo mágico’ –que tanta repercusión ha tenido después en literatura– para referirse a un grupo de pintores postexpresionistas alemanes del movimiento ‘Nueva objetividad’ entre los que destacan Christian Schad y el gran Otto Dix. Roh enumeró una lista de rasgos carac­te­rís­ti­­cos de este movimiento opuesto al convulso expresionismo y a la abstracción: ‘representativo’, ‘estático’, ‘silencioso’, ‘enigmático’, ‘suave’, ‘civilizado’. En 1927, el crítico publica en la Revista de Occidente una versión ampliada de su primer artículo en la que dice algo que nos resulta atractivo: ‘con la palabra mágico como opuesta a místico deseo indicar que el misterio no desciende al mundo representado, sino que más bien se esconde y palpita tras él’.

Ángeles Santos Circa -1929

Ángeles Santos Circa -1929

A ese universo del realismo mágico descrito por Roh, a estos arcanos que anidan secretamente en los objetos y que tan a menudo se asocian de manera poco rigurosa con el surrealismo, pertenecen las obras de la primera época de Ángeles Santos, la pintora nacida circunstancialmente en Gerona que dejó un puñado de obras sísmicas y recónditas en los años veinte de la pasada centuria y encalló en el olvido durante ochenta años.

Las especulaciones en torno a su asombroso primer autorretrato se recrean en el espacio y en la pincelada, cuando lo que fascina es el aire de improvisación que la propia autora exhibe ante sí misma, como si fuera posible estrenar la mirada a los diecisiete años y Ángeles acabase de descubrir que la belleza existe. Es la falta de premeditación que impregna el cuadro –obsérvense el pelo, el vestuario– lo que convierte a su autora en una presencia definitivamente juvenil y realísima en la gloriosa tradición retratista de la pintura española.

Los primeros espadas de la literatura de la época –Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén– están asombrados con la muchacha. Ramón Gómez de la Serna escribe en 1930:

Si sólo fuese una imaginación Ángeles Santos, si sólo fuese la que conserva más vivos en la memoria sus sueños y los traslada al lienzo, no tendría la verdadera calidad de pintora. Lo que la distingue es que, en la sustancia con que los redacta, hay ‘pinturas’, y eso les hace pasar de su estado de fluorescencia divagante y aparencial a un estado fijo de estampación eternal, con un tizne maravilloso de perpetuidad. Son iluminaciones de la realidad, equilibrios en que la realidad se extasía y queda horas prendida.

Marcela (1926) - Christian-Schad

Marcela (1926) – Christian-Schad

Retrato de Ángeles Santos (1936) - Norah Borges

Retrato de Ángeles Santos (1936) – Norah Borges

Los versos de Juan Ramón Jiménez con los que encabezamos el artículo le sirven de inspiración para acometer a los dieciocho años su cuadro máximo, un asombroso compendio de símbolos que conforman la obra maestra ‘Un mundo’. En este lienzo sensacional, Ángeles Santos desarrolla su poderosísimo universo interior de cuño femenino, irracional y místico que la sitúa en el minúsculo grupo de artistas visionarios y metafísicos capaces de levantar inquietantes realidades alternativas al que pertenecen Piranesi, William Blake, Goya, Ernst, Klee, Escher, René Magritte o Paul Delvaux.

“Ángeles Santos es la diosa dulcemente violenta de este olvidado submundo”

Un mundo (1929)

Un mundo (1929)

El Jardín de las Delicias es ahora una isla cúbica de aspecto desolador que sobrevuelan unas mujeres angélicas. Por la escalera del cielo descienden urgentemente niñas filiformes que se precipitan por un acantilado de estrellas al vacío en el que hierve la noche. En el ángulo oscuro, de su dueña tal vez olvidadas, un grupo de hijas de Euterpe tocan añafiles y sistros, ejecuta contrapuntos, armonías, escalas. El cuadro consiente en ser alegre y fúnebre, optimista y oscuro a un tiempo. ¿Quién ha perdido en esta historia? Como veremos más adelante, la propia pintora, que será internada en un psiquiátrico por su triste familia. Una de las potencias de la pintura como medio de expresión es que nunca termina de estar claro lo que nos dice por más que represente y acumule detalles. Los ingleses llaman ‘still lives’ –‘vidas quietas’– a las naturalezas muertas, pero en este cuadro la vida está inquieta porque a su lado está la muerte, la velocidad, la quietud. El hecho de que sólo aparezcan ellas nos lleva a pensar en el carácter totémico que la pintora reivindica para las mujeres, para sí. Ángeles Santos es la diosa dulcemente violenta de este olvidado submundo. Así describe aquella aventura: “Mi padre compró dos lienzos en Macarrón y los unimos. Lo pegamos con tachuelas en la pared y yo dormía al lado. Cuando me venía una idea, la pintaba”.

Cena familiar (1930)

Cena familiar (1930)

La tertulia (1928)

La tertulia (1928)

Con casi cien años, Ángeles concede una entrevista en la que, refiriéndose a esta época, dice una frase escalofriante: ‘Yo no existía entonces’. De esta edad perdida es también ‘La tertulia’, un cuadro que no cede ante ninguno de los que por esos años pinta la gran Tamara de Lempicka. El obsoleto tenebrismo hispano ha salido de compras y se ha puesto al día. Le sirvieron de modelo sus compañeras de estudios y de piso de Valladolid. En esta onírica ginocracia llena de frío encanto encontramos los rasgos que había enumerado Franz Roh certeramente. ‘Tenía muchas amigas. Fumábamos a escondidas. Digamos que éramos modernas’, cuenta la propia Ángeles. Pese al título, la incomunicación es la lengua que hablan estas indiferentes y abstractas mujeres secretas. Un rasgo sutil nos revela su carácter no definitivamente humano: las delgadas patas helicoidales del taburete en que se sienta la modelo iluminada de la izquierda jamás podrían aguantar su peso.

La niña de los huevos (1929)

La niña de los huevos (1929)

Ramón, Federico, Jorge, Juan Ramón peregrinan hasta Valladolid para ver al cometa, al que deben admirar siempre en presencia del padre, no vaya a ser que la niña se pervierta. Según confiesa Ángeles, ‘Lorca se quedaba perplejo’ ante sus cuadros. En su libro ‘Españoles de tres mundos’ el poeta de Moguer escribe ‘Viejo mundo, nuevo mundo, otro mundo. Caricatura lírica’:

Alguno se acerca curioso a un lienzo y mira por un ojo y ve a Ángeles Santos corriendo gris y descalza orilla del río. Se pone hojas verdes en los ojos, le tira agua al sol, carbón a la luna. Huye, viene, va. De pronto, sus ojos se ponen en los ojos de las máscaras pegados a los nuestros. Y mira, la miramos. Mira sin saber a quién. La miramos. Mira.

Autorretrato (1928)

Autorretrato (1928)

La niña muerta (1930)

La niña muerta (1930)

Las obras magistrales se suceden porque la Ángeles Santos de esa época se dedica a espiar la realidad a través de la cerradura del mundo. ¿Qué se encuentra? Lo mismo que veía Brueghel, lo que está viendo Otto Dix, lo que verá Oswaldo Guayasamín. De 1930 es la ‘Cena familiar’. La abundancia y la felicidad son aquí cosa de paquidermos. De la misma época es ‘La niña muerta’ –que tanto remite a los cuadros sufrientes del magno pintor ecuatoriano, y que Ángeles pinta sin saber que se está autorretratando–, el fabuloso ‘La niña de los huevos’ o el inacabablemente siniestro ‘Anita y las muñecas’. En esta genial diversidad simultánea de estilos que se ha apoderado de Ángeles vemos arder el ascua eterna del arte. Sin embargo el padre, que es funcionario de aduanas y sólo sabe de barreras y de mercancías, lo que ve es la locura, e interna a su visionaria hija en su sanatorio mental de Madrid, la clínica del doctor León. Que el Juicio Final le pida cuentas a este asesino de la pintura.

Angeles

Angeles

En una carta a Ramón, que estaba enamorado de ella, Ángeles escribe lo siguiente:

Esta tarde me marcho a dar un largo paseo… Me bañaré en un río con los vestidos puestos -¡qué contenta estoy de dejar, por fin, el baño civilizado en bañeras blancas!-, y después me iré por el campo, huyendo de que me quieran convertir en un animal casero.

Así la describe él tras pasar unos días visitándola:

Ella se quedó en Valladolid, sojuzgada a la ley común de las menores, tan estrecha y tan injusta para ella, penando de soterración, bajo unas estrellas provincianas que eran como guijos que hacían daño a su carne almada, a su espíritu sobrehumano.

Anita y las muñecas (1930)

Anita y las muñecas (1930)

El caso es que la niña efectivamente se fue al río, donde unos agricultores la encuentran y la devuelven a casa. La reclusión duró dos años gracias a que Ramón Gómez de la Serna protesta en un periódico, pero ya nada volverá a ser lo mismo porque algo se le ha roto dentro. Digan lo que digan sus biografías o su mismo hijo, que para más inri es pintor, lo cierto es que la niña deja para siempre la pintura de verdad. Eso sí, la envían al Ampurdán y allí conoce y desposa al pintor Emilio Grau Sala y vuelve a empuñar los pinceles y ocurre un montón de cosas, pero la influencia del marido será letal, y lo que sale de ella es ahora previsible, espantoso. Y el caso es que al hijo le encanta, como le escuchamos decir recientemente en una sesión conmemorativa celebrada en el auditorio Recoletos de Mapfre cuando la pintora cumplía un siglo. ¡Freudianos del mundo, decid algo, por los clavos de Cristo!

Nos conocimos, empezamos a salir y poco después nos casamos, en enero de 1936. Grau Sala pintaba unos cuadros muy alegres que no se parecían en nada a los míos. Entonces empecé a odiar a mis cuadros. Me di cuenta de que eran tan tristes. Ya no quise saber nada de ellos. Cambié completamente de manera de pintar. Grau Sala me cambió. Cambió mi vida en todo.

Autorretrato (1942)

Autorretrato (1942)

Retrato de una amiga

Retrato de una amiga

Emilio Grau y la propia Ángeles destruyen cuadros o se dedican a pintar en el nuevo estilo relamido y convencional encima de lienzos terminados. Y pasaron los años, y con ciento tres se termina la vida de la pintora que lo había entendido todo. Como castigo al padre, al marido y al hijo, aquí incluímos algunos de esos cuadros que a este último le gustan muchísimo. Lo dice en el minuto cuarenta y seis del vídeo que adjuntamos. Ella enjuicia así su larguísima etapa final: ‘Lo que me gustaría es pintar ángeles, pero para eso los tengo que ver primero. Son seres que no se ven, pero que deberían existir. Últimamente he pintado flores, jardines. Pero es muy flojito’.
En 2004, el competente museo Patio Herreriano de Valladolid le dedicó una muestra importante. ¿Para cuándo una gran exposición con todos los medios del Reina Sofía que reúna los cuadros auténticos de Ángeles? Que la tierra le sea leve a esta geoda genial de la pintura española.

http://www.fundacionmapfre.org/fundacion/es_es/cultura-historia/multimedia/videos-conferencias-angeles-santos/sesion-i.jsp

Álvaro Fierro Clavero,
www.alvarofierro.com

Comentarios

  1. Gracias, Alvaro. No conocía a Angeles Santos y tu presentación es hermosa. Me gusta saber que se trataba con Norah Borges, de quien no sé más que el hecho de ser hermana de quien me ha tenido leyendo tantas horas. Me gustan mucho tus crónicas

  2. Recuerda un poco a la historia de carmen laforet

  3. A mi entender Carmen Laforet es una escritora sobrevalorada, mientras que Ángeles Santos es una pintora infravalorada.

  4. Muy interesante lo que nos cuentas. Me despiertas las ganas de saber más. Gracias por presentarnos a Ángeles Santos a quien no conocía. Feliz Navidad.

  5. Francisco Bravo dice:

    No estoy de acuerdo contigo tiene cuadrod buenísimoa a fines de los 30 y primeros 40 y despues a partir de 1962 cuandop se reencuetra con su marido en 1962 o te crees que se le olvido pintar, en su casa siempre hubo oleos caballetes pinturas, su marido era pinto su hijo es pintor, te doy varios ejemplos y busca e informata antes de hacer juicios tan rotundos…. dos acuarelas buscalas y miralas…. la niña de Saucelle (1940)y la torre de sitges(1972) o oleos como niña en azul 1938

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