sábado, 21 octubre, 2017

Bilbioterapia o la cura de la novela

Bilbioterapia o la cura de la novela

“The novel cure” de Ella Berthoud y Susan Elderkin es una relación alfabética de males emocionales diversos, aunque también los hay físicos, y cómo en determinados autores y textos se puede encontrar consuelo o, al menos, el reflejo de aquello que nos pasa.

Bilbioterapia o la cura de la novela




Los peores desequilibrios son los causados por la literatura de usar y tirar, aquella a la que no puedes volver pasados los años. Yo creo que los mayores males no provienen de no leer, sino de leer malo.


La novela lo cura casi todo. Y hay antídotos de excesos literarios de un corte o de otro. Como hay novelas que sólo actúan sobre la superficie de los síntomas, pero no sobre el fondo de lo que nos pasa.

Lo malo de las librerías, incluso en internet, es que deben de cogerte con la visa confiscada. No ha sido así, y me he hecho con un interesante libro que tiene algo de autoayuda y otro, mucho, de conocimiento literario, aunque esté escorado hacia lo anglo.

“The novel cure”, de Ella Berthoud y Susan Elderkin, es una relación alfabética de males emocionales diversos, aunque también los hay físicos, y cómo en determinados autores y textos se puede encontrar consuelo o, al menos, el reflejo de aquello que nos pasa. Luego además contiene listas interesantes: desde los 10 libros para leer cuando te has emboscado en la cama, hasta los 10 libros para treintañeros, cuarentañeros, libros para el tren, para llorar, e incluso, no está nada mal, para convertir a tu marido en un personaje de ficción. Ah, y una selección de curas literarias también muy interesantes, por ejemplo, qué hacer cuando se prefiere leer a vivir, cuando estás abrumado con demasiados libros en tu casa o como concentrarse o evitar saltarse páginas.

s3 Estoy divertidísima con este libro a pesar de que echo más referencias a literatura en español, y en algunos casos no conozco de qué autores y obras se trata.

Pongo un par de ejemplo, abro el libro por la A y me sale el vocablo “ansiedad” (Anxiety en inglés). El texto propuesto es Retrato de una dama de Henry James. Las autores han identificado 14 causas de ansiedad y proponen que el libro de James puede mejorar a 10 de ellas. Como cada vocablo también remite a otros similares, tengo que ver si en ataques de pánico o estrés o angustia existencial encuentro algo. El término “angustia existencial” me remite a Hess y a Siddartha, que recuerdo haber leído en el colegio en plan rebelde, a mis catorce años. Luego volví a leerlo y me aburrió bastante. Pero cerca de él, en la siguiente página, veo otro término sobre el que me gustaría aprender, “antisocial being”, ser antisocial. Me recomiendan The bone People de Keri Hulme que no conozco de nada.

En fin, que así me paso varios días leyendo a matacaballo y concluyendo que el libro es bueno, aunque me parece se asienta demasiado en los autores recientes y bestseller y acude poco a los clásicos, algo para mí imperdonable.

Me imagino cómo podría ser un libro con la misma pretensión pero con un poco más de fundamento literario. Estoy convencida que cada estado emocional y cada circunstancia en la vida, por rara que sea, encuentra en novelas y ensayos su perfecto retrato y, en su caso, su cura o al menos alivio. De hecho hay libros que son cura de otros porque hay libros que acentúan determinados males. Si lees mucho a determinados rusos, puedes acabar por deprimirte. Así, una sobredosis de Dostowieski, por otro lado muy recomendable, debe ser oportunamente tratada por algo de humor británico, me da igual que sea Wilde o algún otro contemporáneo suyo, por ejemplo, Saki, H.H. Munro, al que descubrí recientemente. Recuerdo una depresión terrible que nos entró a una prima mía y a mí por un verano en el que estuvimos convalencientes de una neumonía y leyendo a autores rusos todo el rato. Evidentemente la neumonía adolescente y los autores rusos deben mezclarse con cuidado.

¿Demasiada novela rosa es mala para el alma? Estoy convencida de que no, y creo que el poder de la novela romántica –de calidad, vaya esto por delante- es evidente. Para un matrimonio dichoso es fundamental tener el espacio suficiente para leer algo de novela romántica, volver a Jane Eyre, repasar a Austen, incluso caer en los brazos de autoras más actuales, eso sí, sin pasarse.

El problema de los libros está, como en todo, en la justa medida. Sólo leer vampiros, o guerras o aventuras, o no poder soportar a la novela negra, o, por el contrario, sólo devorar novela negra, trae desequilibrios notables. Aunque los peores desequilibrios son los causados por la literatura de usar y tirar, aquella a la que no puedes volver pasados los años. Creo que los mayores males no provienen de no leer, sino de leer malo.

Me encuentro invernal. Y a la vez enfadada por asuntos que no vienen al caso. No sé si decantarme por las novelas cortas de Carmen Laforet para deprimirme un poco más y luego salir del hoyo o tirar por otra calle y leer algo ligero pero que no sea malo.

Insisto. La novela lo cura todo, hay antídotos de excesos literarios de un corte o de otro. Como hay novelas que sólo actúan sobre la superficie de los síntomas, pero no sobre el fondo. Hace tiempo decía alguien “Más filosofía y menos prozac”. Y tenía razón. Pero, además, yo creo que la literatura hace bastante.

Creo que me voy a meter entre pecho y espalda un buen libro de aventuras y a ver lo que pasa.

Aurora Pimentel

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