lunes, 23 octubre, 2017

Carta de amor a Julia Lipnitskaia


Lo eterno femenino nos impulsa hacia arriba.
Johann Wolfgang von Goethe

Pedimos disculpas a los biólogos por la frase que viene a continuación: Las mitocondrias son los pequeños órganos celulares que dan de comer a las propias células a partir de la glucosa y la grasa. Son interesantes en el estudio de la evolución humana ya que poseen un ADN propio –distinto por tanto del ADN del núcleo de la célula– que se transmite de madre a hijos. Mediante el estudio del ADN de las mitocondrias, los genetistas concluyen que existió una ‘Eva mitocondrial’, una architatarabuela remota que vivió en África hace unos 200.000 años, o hace 10.000 abuelas, si suponemos una ratio de cinco generaciones por siglo.

Mitocondria

Mitocondria

Es falso que la Eva mitocondrial fuera una mujer única. Más bien se piensa que corresponde a las mujeres de una población reducida africana que dio origen a los linajes actuales. En cualquier caso, en aquella época lejanísima las diferencias entre hombre y mujer eran mucho más pronunciadas que en la actualidad. Se estima que en los australopitecos (hace dos millones de años), un individuo de sexo masculino era un 50% más grande que uno femenino, mientras que en la actualidad los estudiosos calculan que los hombres somos en promedio únicamente un 15% más altos que las mujeres: a una mujer de 1,60 m le corresponde un hombre de 1,84 m.

Julia Lipnitskaia en movimiento

Julia Lipnitskaia en movimiento

Las causas de esta diferenciación deben buscarse en las necesidades de uno y otro sexo, que son distintas según las especies. Los animales arbóreos presentan diferencias de talla entre sexos muy reducidas, ya que el tamaño atenta contra la agilidad, mientras que entre los animales terrestres el tamaño grande ayuda a los individuos masculinos a competir, especialmente entre las especies más agresivas o dominadoras. Las hembras de los mamíferos dedican enormes recursos a la descendencia –existen unas trescientas especies de primates, y sólo excepcionalmente en el caso de los monos monógamos el macho se ocupa de las crías–, especialmente en los procesos asociados al embarazo o la lactancia, lo cual explica sus menores dimen­siones.

Yo sospecho que al menos desde los tiempos del australopiteco los primates superiores masculinos sentimos fascinación por ellas. La armonía y la fragilidad, el donaire y la elegancia femeninas tienen un par de millones de años. Salvo que las reconstrucciones forenses que se han efectuado de nuestras ancestras estén financiadas por Revlon, es inevitable no encontrar en la pequeña chispa de astucia que se advierte en sus rostros un antecedente de esa forma superior de hermosura que la naturaleza instauró en las mujeres.

Ya la poesía griega recoge numerosas muestras del río que las mujeres han abierto en los hombres. En el siglo VI Anacreonte escribe:

 

Quisiera escribir odas de guerra
pero sólo el amor resuena
en mi lira de siete cuerdas

Que otros celebren guerras y batallas.
Yo sólo puedo cantar mi desventura.
No fui vencido por enemigos y sus ejércitos:
fui derrotado por tus ojos y su mirada.

 

Dante Alighieri

Dante Alighieri

A pesar del ejemplo clásico que citamos, lo que predomina en la literatura de Grecia y Roma es el deseo. ¿Quiere esto decir que no existía el amor? Para los griegos existían cuatro tipos de sentimientos relacionados con lo que hoy llamamos amor: El eros, la filía o amistad, el ágape –frecuentemente relacionado con el amor de Dios o con la caridad– y el storgé o amor filial.

El amor moderno es una estrategia que inventaron los hombres provenzales del siglo XI a la vista de que otras maquinaciones resultaban poco exitosas ante la lejanía que la mujer interpone siempre en primera instancia. Pensemos por un instante como ellas: De algún modo hay que encontrar garantías de que el guerrero magnífico y lujoso que acaba de llegar de no sé qué jaleos no va a abandonarnos a las primeras de cambio. Por eso tenemos que exigirle devoción y regalos materiales, verbales y de cualquier otra índole que imaginarse pueda. No en vano, las analogías entre la guerra y el amor son muy antiguas.

“La armonía y la fragilidad, el donaire y la elegancia femeninas tienen un par de millones de años”

Venus de Willendorf

Venus de Willendorf

Qué necesita el guerrero: propagar su estirpe. Por eso posa sus ojos en aquella mujer que mejor garantiza la viabilidad de su descendencia. Pese a lo que es frecuente escuchar, el concepto de belleza se mantiene constante en el hombre: siempre ha sido un reflejo de la salud que se advierte en el cuerpo y que conviene a la maternidad. En tiempos de escasez, es decir, en casi toda la historia de la humanidad, la belleza en la mujer implicaba lo que hoy consideramos gordura. Tal cosa encontramos en las fascinantes representaciones neolíticas como la Venus de Willendorf o en las célebres Tres Gracias de Rubens. Únicamente en tiempos relativamente recientes el concepto de salud cambia porque el sustento está garantizado en amplias zonas del planeta, y la hermosura femenina incorpora a sus perímetros la esbeltez porque la salud hoy significa otra cosa.

Johann Wolfgang von Goethe

Johann Wolfgang von Goethe

El amor cortés queda acuñado para siempre en la poesía de los trovadores provenzales y se desarrolla posteriormente de manera universal a través de ‘Lo eterno femenino’, ese concepto que alude a la facilidad de gesto que tienen las mujeres, ese compendio de donosura, naturaleza y calidad que tan frecuentemente las adorna y realza. Mirar a una mujer es asomarse a un mundo. En la Divina Comedia, Dante se encuentra en el séptimo círculo del Purgatorio con un poeta que le merecía la máxima consideración: Guido Guinizelli, y se refiere a su poesía con una fórmula que ha permanecido en la historia de la literatura: ‘dolce stil novo’, la expresión poética que él mismo cultiva en atención a Beatriz en la ‘Vita nuova’ y que ha quedado para siempre como arquetipo de texto dedicado a lo eterno femenino.

Placa en memoria de Gustav Mahler

Placa en memoria de Gustav Mahler

Encontramos una nueva referencia importante en el Fausto de Goethe. Hay una circunstancia que hace especialmente conmovedor este tratamiento romántico del asunto: Fausto es un anciano, y en su amor por Margarita encuentra una forma de rejuvenecimiento, como si estuviera al alcance de la amada y de la biología el suministrarle al hombre una segunda vida. Mahler se inspiró en el coro final del Fausto para la estremecedora conclusión de su colosal Octava Sinfonía que ofrecemos aquí en versión de Simon Rattle.

 

 

Julia Lipnitskaia es una jovencísima patinadora rusa que a sus quince años ha obtenido el campeonato del mundo en 2013 y en 2012 fue campeona del mundo junior. Debemos a la televisión las imágenes portentosas en las que Julia describe complicadas caligrafías en el hielo. El abrumador ejercicio que ofrecemos a continuación se corona entre el instante 2’20’’ y el extraordinario final en el instante 3’30’’ con una demostración de lo que es capaz un cuerpo humano.

 

 

El ejercicio de 2013 ejecutado en los mundiales de Canadá es todavía más impresionante ya que en ningún momento Lipnitskaia evidencia la  fuerza que ha de imprimirle a su cuerpo para conseguir esas rotaciones tan vertiginosas, y la gracia suprema que ya veíamos en el ejercicio anterior se ha perfeccionado si cabe.

 

 

La misma especie que aprendió a caminar erguida en las sabanas africanas y adquirió el alma a través del lenguaje, culmina en la sucinta corporalidad de esta pequeña ninfa que se desliza sobre el hielo como si el sentido de nuestra estirpe consistiera en el desplazamiento y el giro. Cada mujer es siempre todas las mujeres, pero en las coreografías nupciales de esta agilísima libélula rusa encontramos nosotros un compendio de lo que ven los hombres cuando aman.

Álvaro Fierro Clavero
www.alvarofierro.com

Trackbacks

  1. […] de tal deleite”, Álvaro Fierro Clavero en su “Carta de amor a Julia Lipnitskaia” (http://www.adiciones.es/2013/12/02/carta-de-amor-a-julia-lipnitskaia/), afirma: “… Cada mujer es siempre todas las mujeres, pero en las coreografías nupciales de […]

  2. Lean dice:

    Lean

    adiciones. — Carta de amor a Julia Lipnitskaia

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