Jueves, 24 Agosto, 2017

Frases imprescindibles de Christian Bobin para conocerse mejor (I)


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Las cosas nunca son solo cosas. Estas por ejemplo, unos tulipanes, hacen que resuene en la casa una nota alegre, fraterna.

Lo que yo espero no es algo que pueda venir de parte del tiempo.

La alegría forma parte de lo minúsculo y de lo imprevisible. Un martillito de luz golpeando el bronce de lo real. Cuando estamos alegres, Dios se despierta.

Dios está fuera. No dentro. Y fuera ¿dónde? Por todas partes en la luz. Dentro no es nada –pensamientos, opiniones preocupaciones, muchas cosas, pero nada, ninguna luz.

Siempre hay algo maternal en lo que me turba –un modo que tiene la vida de vigilar a la vida débil.

Hay un pasadizo entre lo visible y lo invisible. Una ventana, al cerrarla, una puerta entreabierta por la que llega un poco de luz. Sin lo invisible no veríamos nada, estaríamos en total oscuridad.

“Infinitamente más que todo”: es el nombre infantil del amor, su nombre de pila, su nombre secreto.

Las flores siguen abriéndose fértiles, el gozo de vivir sin prudencia alguna.

Las cosas pequeñas, las cosas perdidas que no tienen valor para nadie salvo para Dios –una hierba loca, una mota de polvo, la tristeza de los pobres.

Esta mañana mi muerte andaba a mi lado. Uno puede muy bien no querer vivir y comer carne y patatas salteadas. Me levanté preparé café y abrí un libro de poemas. Del libro salía luz. Creo que en ese instante mi muerte se fue de la casa atravesando la puerta, sin hacer ruido. No era su hora y además estaba súbitamente deprimida por la belleza de ciertas palabras. Sí, tal vez la muerte no soporta los libros y prefiere la compañía jaquecosa de las emisoras de radio y de la televisión.

¿Qué es lo que me da tanto miedo del verano? La glorificación por sí misma de una sociedad joven, viva, acomodada, esa siniestra euforia de un mundo que desprecia a sus vencidos: el verano no está hecho para los prisioneros, los enfermos, los ancianos los pobres.

Leyendo a Teresa de Ávila, muchas palabras de este libro me resultan ajenas, y sin embargo todo en este texto me resulta familiar, condescendiente, feliz. Lo que un libro transmite es la presencia del autor, una vibración en este caso semejante a la de un gran árbol o de un fuego. Yo debería tomar notas y no las tomo ¿Por qué guardar, retener? Confío en la metamorfosis de estas páginas leídas, ocurridas en mí. Ante un gran árbol o un gran fuego y uno no se preocupa en tomar notas. Se aprende en silencio y poco a poco –pues la lección es larga y el maestro paciente- a convertirse en un gran árbol

Christian Bobin

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