sábado, 23 septiembre, 2017

Señores, no hay tifón


voy_contigoEl humor gráfico en los periódicos recibe ese título académico que pocas veces se ajusta a la realidad. Porque gráfico es, sin lugar a dudas, pero tras la ironía que pueda contener, siempre se esconde tal capa de realismo que poco tiene de humor. Por eso me permito traerles esta semana una viñeta de uno de nuestros grandes, JM Nieto, que en su Fe de ratas en ABC aborda una espinosa cuestión: la ilimitada capacidad del hombre para compadecerse por sus desdichas.

Y es que la que ha sido sin duda la noticia de la semana, el devastador paso del tifón Yolanda por Filipinas, con un reguero de muertos cuya cifra final se desconoce pero que no nos entra en la cabeza, nos ha dado que pensar. Durante varios días, la información en los medios ha dejado de lado las veleidades propias de la crisis para suministrarnos importantes dosis de tragedia desde la otra punta del globo.

El morbo en el que confluyen buena parte de los receptores ha convertido Filipinas en el punto de atención de toda la humanidad. El atractivo solo durará unos días porque la información deja de fluir ante la falta de noticias: en unas semanas estarán fatal, abandonados a su suerte, sin comida, sin agua, sin servicios sanitarios, pero como será todo igual que la semana anterior, ya no habrá noticia. Sin embargo, ese elemento aglutinador que favorece el periodismo ha permitido que hasta el más despistado de los ciudadanos del mundo recuerde que existe la isla de Leyte en el fragmentado archipiélago filipino, que Filipinas es un archipiélago y que un tifón es un huracán en su versión del Pacífico.

tifoniglesiaPero lo que nos dice Nieto con su Fe de ratas es algo que no queremos oír: no tenemos derecho a la queja porque, a pesar de los pesares, de los indicadores negativos, de que la supuesta mejora de la economía no esté encontrando reflejo en los bolsillos del acobardado ciudadano, aquí no hay tifón.

El problema es que en el relativismo de la actual sociedad posmoderna es políticamente incorrecto tratar de enjugar las lágrimas propias con los males ajenos. No caben las comparaciones. Por eso, no nos permiten comparar lo que pasa en España con lo que pasa en una ciudad arrasada por el tifón, Tacloban –otro de los nombres que añadimos a nuestra lista de conocimientos geográficos-.

La sociedad ha otorgado fuerza de ley al estribillo de una canción de hace unas cuantas décadas que gritaba “It’s my party and I cry if I want to”, que viene a ser la rabieta admitida en la edad adulta. Ante la imposibilidad de hacer frente al sufrimiento, el hombre entiende que le asiste un derecho permanente a la queja del mismo modo que la niña llora amargamente porque se le ha roto su muñeca favorita sin saber y sin poder entender que solo es eso, una muñeca.

En una conversación informal de ascensor, alguien se quejaba por lo mal que está la situación de los jóvenes, sin empleo al que agarrarse. “Al menos aquí no nos acaba de arrasar un tifón”, se me ocurrió decir. Pero el relativismo inundó la estancia y la respuesta fue inmediata. “Para esos jóvenes no tener trabajo es su vida”. No quiero restar importancia al drama del paro juvenil en España pero, nos pongamos como nos pongamos, aquí no ha habido tifón. Lo demás, son rabietas adultas al más puro estilo “it’s my party and I cry if I want to”.

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

 

Comentarios

  1. How true!!!

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