Jueves, 17 Agosto, 2017

Los años en los que aprendimos algo importante

Los años en los que aprendimos algo importante



Nada vendría mejor que una leve mejoría para que todo siguiera igual y no se abordasen cambios de fondo, a nivel país y en el ámbito personal.

Los años en los que aprendimos algo importante




Me parece que es bueno tener muy presentes los cambios que muchas personas han hecho estos años. Las crisis pueden enseñarnos algo.


Lo de “¿estudias o trabajas?” debe ser sustituido por el “estudio y trabajo” como hicieron nuestros abuelos y nuestros padres y como hacen en otros países.

comedor-socialLeo poca prensa económica, pero intento estar al tanto. Aunque al final la sensación es de que nadie sabe nada. O de que en este tema, como en otros ámbitos, los supuestos expertos aciertan casi siempre a toro pasado. “Vistos los cojones, macho”, que dice el refrán.

Ahora que resulta tan fácil ver quién dijo qué y cuándo lo dijo, y aunque lo cierto es que olvidamos muy pronto las garrafales meteduras de pata y hasta las sangrantes mentiras, he hecho el ejercicio de revisar qué se decía a en 2007 antes de que la crisis estallara.  Hasta 2006 he llegado en mi viaje al pasado, aquel tiempo dorado de bonanza.

Si pueden navegar en las hemerotecas y ver los periódicos de color salmón de hace unos cuantos años, es un ejercicio muy recomendable. Y viene a confirmar lo que digo: ni rastro de alguna advertencia de lo que se nos avecinaba. Pero no de unos, de todos. Posiblemente las habría en determinados círculos extraoficiales, gente habitualmente a la que no hacemos caso, como aquel famoso anciano del pueblo al que grabaron y ya decía el pobre que aquello no podía ser. Pero en los “grandes medios”, en las columnas de opinión, en los análisis, nada de nada. Aquí la fiesta se vivió por todos como si todo fuera gratis. Y quienes lo supieron, que es posible que pasara, o no hablaron o no se les prestó atención.
Por eso he decidido creerme muy poco o nada lo de los tímidos brotes verdes de ahora.  Y fomentar un sano escepticismo al respecto unido a la acción, a no cejar en los cambios personales y familiares que puedo abordar y llevar a cabo con esfuerzo, y muchas veces con poquísimas ganas. Reconozco que sería mucho más cómodo fiarlo todo al “vendrán tiempos mejores” y esperar a que pase.

Tengo la sensación de que nada vendría mejor que una leve mejoría para que esto se utilizara como coartada, todo siguiera igual y no se abordasen cambios de fondo, a nivel país y en el ámbito personal. De los estructurales, algunos, pocos, hablan. Pero no voy a  escribir yo de estos últimos aquí, sino de los personales.

Arturo Pérez Reverte dice que los españoles estamos deseando que pase la crisis para irnos a Cancún y comprarnos un coche. Puede sonar a bofetada cuando tantas personas lo están pasando de espanto, yendo a comedores sociales y agotando los meses de paro; pero si dejamos de lado todo eso y hacemos examen de conciencia, yo creo que tiene algo de razón en lo que sugiere. Por eso me parece que es bueno tener muy presentes los cambios que muchas personas han hecho estos años. Las crisis pueden enseñarnos algo.

¿Qué hemos aprendido estos años? A reinventarnos como fuera. A trabajar en áreas nuevas para las que no estábamos preparados. A que los jóvenes trabajen también en verano y cuando no es verano. Lo de “¿estudias o trabajas?” debe ser sustituido por el “estudio y trabajo” como hicieron nuestros abuelos y nuestros padres y como lo hacen en otros países.  Ellos y los que ya peinamos canas, porque sólo con la formación continua, porque el mundo se mueve muy rápido, vamos a poder salir adelante. Y lo que estudié o hice hace 20 años o incluso 10 sirve de poco y tengo que actualizarme.

¿Algo más? A saber que no vamos a jubilarnos hasta los 70 años y actuar en consecuencia. A no poder cogerse vacaciones porque es justo cuando tienes trabajo y que esto no sea un drama, sino una suerte. A ser mejores vecinos, a ayudarnos más, como de igual forma a apoyarnos más entre familiares y amigos. A sentirse más responsables y, por lo tanto, a fiarlo menos todo a los gobernantes o a terceros. A no dejar que decidan por mí, a estar más presente en mi barrio, mi ciudad, mi trabajo, mi parroquia. “¿Qué hago yo por esto?” es la pregunta clave.

Yo estoy viendo a muchas personas así, que han dado un giro importante porque la crisis les pilló de frente y les hizo preguntarse, como decía Kennedy, no qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por él.

No insinúo que políticamente no tenga que haber cambios, digo que vivir de otro modo más consciente es importante. Y aun deseando que acierten las predicciones económicas lo que me gustaría es que éstas no fueran coartadas para que no se abordaran los cambios que han de abordarse.

Aurora Pimentel

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