miércoles, 22 noviembre, 2017

El surrealismo


el ojo a velocidad reducida
mastica fragmentos de sueño.
Tristan Tzara

Bello como el encuentro fortuito
de una máquina de coser
y un paraguas sobre una mesa de disección.
Isidore Ducasse, conde de Lautréamont

 

Siempre he pensado que el surrealismo es la culminación del romanticismo, ya que su actitud ante el hecho artístico prescinde de la objetividad representativa y referencial propia, por ejemplo, del neoclasicismo, y exacerba el punto de vista del creador como instancia única que sostiene y explica la obra de arte. El romanticismo elige la libertad y los sentimientos como motores de la inspiración, y en su ataque a la razón lleva la libertad hasta las fronteras últimas con las que linda esta persistente ilusión del comportamiento humano, de ahí que el surrealismo se valga masivamente de recursos creativos translibertarios heredados del Dadá como el azar y la arbitrariedad.

Los surrealistas rápidamente adquieren una impronta ideológica, ya que en su ataque al arte establecida hay muchos puntos en común con el ideal comunista, y por ello fueron militantes Bréton, Aragon, Éluard, entre otros muchos. Leemos en el Primer Manifiesto, de 1924: «El surrealismo se basa en la creencia en la realidad superior de ciertas formas de asociación desdeñadas hasta la aparición del mismo y en el libre ejercicio del pensamiento. Tiende a destruir definitivamente todos los restantes meca­nis­mos psíquicos y a sustituirlos en la resolución de los principales problemas de la vida».

El surrealismo se pervierte y esta innovadora e insolente manera de entender la existencia se pone, por iniciativa de Breton, al servicio de la revolución en 1929 con el Segundo Manifiesto Surrealista. Maniobras aparte, un movimiento artístico o filosófico triunfa al margen de sus logros concretos si conecta con algún aspecto esencial del alma humana. Entonces no necesita expli­ca­ción alguna. Tal cosa ocurre con corrientes como el clasicismo, el romanticismo, el existen­cia­lismo o el maniqueísmo porque la más elemental introspección encuentra elementos que fueron puestos en valor por las citadas tendencias estéticas o de pensamiento. Sin embargo, discursos estéticos como el cubismo o el puntillismo o el futurismo o el supre­ma­tismo o el vorticismo o el fauvismo o el serialismo musical no han triunfado, y eso que han sido movimientos que han alumbrado algunas obras maestras, pero han terminado por resistir artificialmente con vida únicamente en la morgue intelectual de nuestro tiempo: los museos de arte contemporánea y los tratados de los críticos de arte. Nada en la vida remite a ellos, ni nada en ellos remite a la vida.

Arthur Schopenhauer

Arthur Schopenhauer

En este sentido, el dadá reformulado y potenciado por surrealismo –con sus antecedentes patafísicos, simbolistas y, en último término, románticos– corona con éxito el atentado contra la Ilustración emprendido por Herder, Schopenhauer y Nietzsche y emerge en la conciencia del espectador como recurso último para hacer frente ante los reveses y desmanes de la vida moderna. Si se permite la expresión, el surrealismo tiene mucho de corte de mangas estético, de salvajismo intelectual que se nutre de todo lo kitsch, lo insólito, lo imprevisto, lo erróneo, lo subversivo, lo onírico, lo asociativo, lo estrépito. Aunque el surrealismo histórico ha quedado en buena medida desactivado debido a que ya no es novedad, se mantiene remotamente vivo en toda crítica contra lo establecido.

¿Cuándo empezaron los ingleses a soñar con ovejas eléctricas?

Salvador Dalí

Salvador Dalí

Al menos desde Rousseau existía en Europa un movimiento intelectual que condenaba la ciencia y el arte por considerarlas corruptoras del individuo. A principios del siglo XX, las teorías de Planck y Einstein demuestran que la física de Galileo y de Newton es sólo una aproximación, y prueban que los sentidos de los que el ser humano dispone no proporcionan información veraz acerca de la naturaleza íntima de la materia y del mundo. La tendencia es ahora favorable: Salvador Dalí estaba fascinado por la teoría de la rela­ti­vidad, y por eso pinta relojes blandos y adopta un enfoque einsteniano: la realidad no es objetiva, sino que depende del sistema de coordenadas del observador, lo cual es cohe­rente con la concepción romántica de la existencia que hereda el surrealismo. Se reúne con Freud en Londres para mostrarle su método paranoico-crítico, en el que es fácilmente reconocible el principio de inde­ter­mi­­nación de Heisenberg: la ciencia descubre que el concepto de objetividad sen­ci­lla­mente no existe. Es tan sólo el producto de cómo percibimos las cosas en el plano macros­cópico, pero por debajo de lo que nos traen los sentidos, la naturaleza es alea­toria y probabilística, y en una primera aproximación simplista puede ser cualquier cosa. El gran recurso creativo del surrealismo que es el automa­tismo también es una idea de filiación mecánica y, en último término, técnica y física.

 

EN LA FUNDACIÓN JUAN MARCH Y EL MUSEO THYSSEN

Coinciden en Madrid dos grandes exposiciones dedicadas al surrealismo. La más interesante es ‘Surrealistas antes del surrealismo’, en la Fundación Juan March. Algo más consabida, aunque también muy interesante, es ‘El surrealismo y el sueño’ en el museo Thyssen.

Autorretrato de Giuseppe Arcimboldo

Autorretrato de Giuseppe Arcimboldo

Detalle El jardín de la delicias de El Bosco

Detalle El jardín de la delicias de El Bosco

‘Surrealistas antes del surrealismo’ se inspira en la legendaria muestra ‘Arte fantástica, Dadá, Surrealismo’ que organizó en 1936 el Museo de Arte Contemporánea de Nueva York. Los príncipes de la representación iconográfica como El Bosco, Giuseppe Arcimboldo, Piranesi o Goya son algunos de los gloriosos antecedentes que esta exposición espléndida recuerda, ya que la imaginación en la que surrealismo bucea en el transcurso de sus demostraciones y simulacros es el territorio común de la humanidad creativa.

Las cárceles de la imaginación, de Piranesi

Las cárceles de la imaginación, de Piranesi

Las obras de Man Ray, Max Ernst, Paul Klee, el precursor Odilon Redon o Salvador Dalí se enfrentan a los fondos de la colección de obra gráfica del Museo de Nurenberg y a diversas obras de colecciones privadas. Mientras paseo por las salas saco la conclusión de que, con excepciones, el arte contemporánea ha suprimido las barreras técnicas de entrada y ha canonizado a artistas muy limitados técnicamente, que sin embargo eran grandes filósofos de la realidad y de las cosas. Es cierto que la mirada del pintor surrealista es subversiva y rompedora, pero en esta exposición queda algo desactivada por la potencia de los antecedentes a los que se la confronta, la reiteración temática y las influencias mutuas, y el desgaste al que la publicidad, la comunicación y el cine han sometido los hallazgos surrealistas más importantes.

André Breton

André Breton

La exposición del museo Thyssen se titula con un pleonasmo. ¿Es que acaso el surrealismo y el sueño son dos cosas distintas que esta exposición relaciona? El surrealismo y el sueño han sido, son y serán siempre una misma cosa: No en vano, Frida Kahlo contaba que un fascinado André Breton se empeñaba en adjudicarle una significación surrealista a sus telas. Frida negaba la filiación, argumentando que ella «no pintaba sueños sino su propia vida». Uno de los cuadros expuestos conmueve. Se ve la palabra francesa ‘foto’ y una mancha de color azul. ‘Este es el color de mis sueños’ confiesa el gran Miró.

Max Ernst

Max Ernst

El surrealismo fue un movimiento eminentemente poético e iconográfico que acercó el centro de gravedad del arte a lo oculto y lo hermético con el pretexto de que ahí se encontraban las auténticas claves para interpretar el mundo. Por razones que no están del todo claras, apenas tuvo repercusión en música, o al menos eso es lo que es común encontrar en los tratados teóricos del asunto. Hay pocas obras musicales de la época a las que podríamos clasificar como surrealistas: la ópera ‘Las tetas de Tiresias’, de Poulenc, los ‘Tres fragmentos con forma de pera’ o las ‘Vejaciones’ de Satie. En época muy posterior los músicos comienzan a acercarse al surrealismo: pienso en las óperas ‘Los soldados’, de Bernd Alois Zimmermann o ‘El gran macabro’, de György Ligeti. ¿Pero por qué no se desarrolló el surrealismo musical en su momento?

Paisaje urbano, de Frida Kahlo

Paisaje urbano, de Frida Kahlo

Mi opinión es discutible: A mi entender, a principios de siglo los músicos estaban librando su batalla particular contra la forma, la tonalidad, el ritmo, la instrumentación, que son las bases mismas de la música, mientras que los escritores y los pintores surrealistas siguieron valiéndose de la palabra y del lienzo para elaborar su discurso. Renovaron drásticamente temas y técnicas, pero siguieron pintando y escribiendo. El cuestio­na­miento del hecho artístico musical era más profundo y atentaba más gravemente contra la tradición: aquello dejaba de ser música. El escándalo máximo de la historia del arte es el estreno de ‘La consagración de la primavera’ de Igor Stravinski. La renovación de los soportes de las artes plásticas llegará más tarde. Si hemos de creer a Marshall McLuhan –‘el medio es el mensaje’–, sólo entonces tendrá lugar la verdadera renovación a la pintura.

Juan Eduardo Cirlot

Juan Eduardo Cirlot

Lucian Freud

Lucian Freud

En poesía el surrealismo ha tenido una fecunda influencia, especialmente en su vertiente hispánica. Los poetas en lengua española –salvo excepciones como Juan Eduardo Cirlot o Miguel Labordeta– en general adoptaron las herramientas de producción surrealistas sin perder el sentido del poema que sí perdieron los poetas franceses: esto ha hecho que el surrealismo poético francés sea con frecuencia difícil de leer –con la excepción al menos de Perse y Aragon–, frente a la vigencia del surrealismo de los Neruda, Vallejo, Aleixandre, o el muy poco conocido surrealismo de Miguel Hernández –aparecido sólo en revistas, nunca en sus libros– que se prorroga hasta Gimferrer y Gamoneda. Los movimientos hermanos del creacionismo y el ultraísmo se diferencian del surrealismo en lo ideológico, y tienen un aire más lúdico. También produjo obras maestras: ‘Manual de espumas’, de Gerardo Diego, y ‘Altazor’, de Vicente Huidobro.

Sueñan los ingleses con las ovejas eléctricas

Sueñan los ingleses con las ovejas eléctricas

Otra cuestión que ambas exposiciones suscitan es por qué no hubo surrealismo en las Islas Británicas. Leonora Carrington emigró a México, y los extraordinarios Francis Bacon y Lucian Freud son muy posteriores. ¿Cuándo empezaron los ingleses a soñar con ovejas eléctricas?

Álvaro Fierro Clavero

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