sábado, 21 octubre, 2017

Secuestro de hijos


Secuestro-de-hijos1Leo que hay organizaciones, ellos mismos se denominan “empresas”, que ofrecen sus servicios para secuestrar niños. Niños sobre los que uno de los padres tiene la custodia, pero que su expareja se niega a entregar. Se trata habitualmente de matrimonios formados por individuos de distintas nacionalidades, que tras una separación casi siempre traumática, pierden la perspectiva de la realidad y no distinguen entre lo que está bien y está mal.

Los divorcios y separaciones se han transformado en auténticas guerras en las que parece no ser suficiente con que cada uno continúe la vida por su lado. La realidad ha superado a La guerra de los Rose. Hay que machacar a la expareja. Aniquilar a cualquier precio. Demoler, consumir, arruinar y, si es preciso, humillar al otro. Todo vale. La sociedad se pone de perfil mientras que las familias, no es que se deshagan, se destruyen. Una espiral de odio que tiene como última consecuencia colocar en la línea de tiro a los propios hijos. Un escudo humano cruel, una moneda de cambio injusta y peligrosa. Los niños son los más vulnerables en una separación, pero ahora, además, sabemos que siempre pierden gane quien gane.

Secuestro-de-hijos2Cuando hace años vimos espantados la película No sin mi hija, pensábamos que se trataba de un choque de culturas, de casos exóticos y extremos de los que nuestra “avanzada civilización” estaba a salvo. Pero resulta que existen casos, demasiados como para considerarlos excepción, en los que la madre o el padre a los que se les ha retirado la custodia se niegan a cumplir la sentencia. Se trata de parejas europeas, parejas de aquí, de España.

Acudir a una ejecución de esas sentencias supone, en algunos casos, una espera de dos años. En la vida de un niño, ese tiempo es una eternidad que puede dejar heridas imposibles de cicatrizar. Los padres, ante la desesperación de ver como el tiempo se les escapa entre los dedos, deciden acudir a estas “empresas” para dar otra vuelta de tuerca. Secuestrar a sus propios hijos, en ocasiones por cantidades que pueden alcanzar los 200.000 euros, se ha convertido en una solución a la desesperada.

Secuestro-de-hijos3Las leyes parecen haberse quedado pequeñas ante este despropósito. La justicia debe ser ciega, pero no insensible. Los jueces no pueden aplicar la ley como si se tratara del reparto de una lata de anchoas. La justicia, para ser justa, debe ser rápida. No podemos permanecer impasibles mientras vemos que todo lo que la civilización occidental ha conseguido con tanto esfuerzo, se transforma en el salvaje Oeste, donde cada uno se toma la justicia por su mano.

Probablemente haya razones que asistan a unos y a otros, pero siempre, siempre, los hijos deben estar por delante ante cualquier desacuerdo.

José Cabanach 

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