Miércoles, 16 Agosto, 2017

Palabras para Brad Williams


La palabra en el tiempo.

Antonio Machado

La diosa Moneta

La diosa Moneta

La palabra ‘moneda’ procede de Moneta, el nombre de la diosa latina de la memoria. Cada vez que alguien nos entrega uno de esos pequeños e inexpugnables discos de metal o esos rectángulos de papel, nos recuerda que en algún sitio fue creada la pequeña cantidad de riqueza que nos permite ser dioses siquiera por un instante, ya que con estos objetos conseguiremos algo perteneciente al orden material del mundo y, quién sabe, acaso nos convirtamos a través de él en seres inspiradores para los demás, como les ocurre a todos los que se compran por ejemplo un bonito vehículo o una prenda de vestir favorecedora.

La moneda deposita en nosotros la capacidad de crear nuevos dioses, y así este pequeño olimpo monetario va manteniendo viva la sociedad conforme trabajamos, cobramos, consumimos y pagamos mediante estas pequeñas piezas perfectas en cuyas caras, aparte de figurar su valor, se conmemoran monumentos, gobernantes o personajes célebres. En las sociedades modernas, los verdaderos dioses son quienes saben o tienen, lo cual representa un considerable avance con respecto a las sociedades antiguas, en las que los dioses eran únicamente quienes tenían.

La situación actual es coherente con la etimología del verbo latino que da nombre a la diosa: ‘monere’, que significa enseñar. El que tiene dinero, algo sabe, y por tanto es un maestro para los demás. Pero es que, a su vez, ‘monere’ viene de ‘mono’, palabra que actúa de prefijo en multitud de lenguas y significa ‘único’. El que sabe, el que enseña, el que tiene dinero, es único y, mediante la enseñanza, transfiere su capacidad a los demás y los hace asimismo únicos.

Mnemosine

Mnemosine

La diosa latina Moneta deriva de la diosa griega Mnemosine, la madre con Zeus de las musas, esas divinidades menores que, según Hesíodo, otorgan a reyes y poetas la capacidad de hablar con autoridad. Lo cierto es que la memoria siempre ha sido considerada como un don, y el sistema educativo tradicionalmente ha sido el encargado de ejercitarla y desarrollarla: El alumno español ha memorizado capitales del mundo, afluentes por la izquierda y por la derecha, cordilleras, poesías, relaciones de obras literarias. Hay listas mitológicas que fueron retiradas del sistema educativo antes de mi paso por el colegio: la lista de los reyes godos o las listas de los emperadores romanos, que mis padres son capaces de enumerar sin aparente esfuerzo. A cambio, hace treinta años, cuando estudiaba Química en Primero de Industriales, me vi obligado a aprender de memoria y por filas la tabla periódica de los elementos. Mi tramo favorito eran los lantánidos y los actínidos, antiguamente llamados ‘tierras raras’, que corresponden al llenado de los orbitales 4f y 5f. Sus nombres sugieren toda clase de propiedades maravillosas. Los lantánidos son: lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio, lutecio. Los actínidos los recuerdo peor, y me ha sido necesario consultar sus misteriosos nombres: actinio, torio, protactinio, uranio, neptunio, plutonio, americio, curio, berkelio, californio, einstenio, fermio, mendelevio, nobelio, laurencio.

Henry Beyle 'Stendhal'

Henry Beyle ‘Stendhal’

En cuanto a los ríos que hube de aprender, mis favoritos eran los rusos, especialmente los que desembocan en el Ártico: Obi, Yenisey y Lena. También me encantaban los nombres de las Islas Kuriles y de la península de Kamchatka. Me intrigaba Ulan Bator, la capital de Mongolia, me hacía mucha gracia el estrecho de Bonifacio y odiaba, sin embargo, dos honradísimos estrechos daneses de nombre impronunciable: Skagerrak y Kattegat. La zona de transición entre Asia y Europa está llena de nombres maravillosos: El mar de Mármara y una ciudad que jamás ha dejado de tener nombres bellísimos: Constantinopla, Bizancio, Estambul.

“La vejez es un largo proceso de aceptación”

Lord Byron

Lord Byron

Pero el accidente geográfico de nombre más evocador, el lugar del mundo en el que yo querría ser enterrado es el Helesponto, posteriormente llamado ⎯¡oh preciosidad!⎯ Estrecho de los Dardanelos, donde tuvo lugar una confrontación de nombre magnético que a mí me hubiera gustado presenciar: la batalla de Gallípoli, donde combatieron en la Primera Guerra Mundial tropas aliadas y turcas. En 1810, Lord Byron atravesó a nado el estrecho en memoria del poeta clásico Leandro, quien según la leyenda nadaba todos los días de Abidos a Sestos para ver a su amada, la sacerdotisa Hero hasta que, cierto día aciago el poeta se ahogó, y la infeliz amada se suicidó. El gran T. S. Eliot recuerda en la dedicatoria de su estupefaciente ‘La tierra baldía’ a su amigo Jean Jules Verdenal, ‘muerto en Los Dardanelos’.

Tengo la impresión de que, deterioros aparte, la señal más importante de que cumplimos años es el peso que va cobrando la memoria. Con el paso del tiempo, vamos viviendo en dos sitios: aquí y allí, en el pasado. Acaso el sentido de la vida se derive de lo que uno ha vivido y recuerda, y el sentido de la buena vida consista en no estar todo el día comparando cómo eran las cosas y cómo son ahora. La vejez es un largo proceso de aceptación.

Borges

Borges

En 1834, Stendhal publica ‘Rojo y Negro’, una novela que cuenta con numerosos valedores y que a mí no termina de convencerme. Su protagonista, Julian Sorel, es un sacerdote de extracción humilde que brilla en sociedad gracias a su capacidad para repetir de memoria pasajes bíblicos, tanto en francés como en griego. Su capacidad intelectual proporciona a Sorel un fulminante ascenso social. Un siglo y pico más tarde, en 1944, Jorge Luis Borges publica el que quizá sea su mejor libro de cuentos: ‘Ficciones’, que incluye ‘Funes el memorioso’, un espléndido relato en el que se nos cuenta la historia de un personaje que lo recuerda todo. Borges lleva el asunto hasta sus últimas consecuencias: Ireneo Funes puede recordarlo todo siempre y cuando le dedique a la tarea de recordar el mismo tiempo que ha invertido en vivir: un día de recuerdo de cada detalle exige un día para ser recordado. Cuando el narrador se encuentra con Funes, éste pasa revista a algunos de los hombres con mejor memoria: Ciro llamaba por su nombre a todos los soldados de su ejército, Mitrídates, que administraba justicia en los veintidós idiomas de su imperio, Simónides, Metrodoro … Hacia el final del cuento Borges expone una profunda verdad: ‘pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles’.

Felix Mendelssohn

Felix Mendelssohn

Gari Kasparov

Gari Kasparov

Sin embargo, pese a los derroteros literarios de las personas muy dotadas para el recuerdo, los grandes genios que en el mundo han sido sabían sacarle partido a su portentosa memoria: Como ya hemos comentado aquí, el matemático Leonhard Euler se sabía de memoria La Eneida en latín, las potencias segunda, tercera, cuarta, quinta y sexta de los cien primeros números y todas las actas de la Academia Prusiana de Ciencias, pese a que tuvo trece hijos y fue un padre ejemplar. A los catorce años Mozart fue capaz de transcribir de memoria, tras escucharlo una única vez, el Miserere de Gregorio Allegri, una obra maravillosa para dos coros cuya interpretación estaba circunscrita a la Capilla Sixtina. Felix Mendelssohn se sabía de memoria desde niño toda la obra para teclado de Bach. El genial director húngaro Georg Szell se sabía de memoria todas y cada una de notas de las cuatro partituras de cada uno de los dieciséis cuartetos de Beethoven, que totalizan unas diez horas de música. Garri Kasparov recuerda de memoria todas las partidas que ha disputado …

Brad Williams

Brad Williams

Brad Williams tiene hipermnesia, una característica de la memoria de ciertos individuos que son capaces de recordar absolutamente todo lo que les ocurre: qué desayunaron el 14 de marzo de 1967, que vestían el 4 de diciembre de 1973, qué les dijo un amigo el 25 de noviembre de 1986, qué temperatura hacía el 13 de diciembre de 1999. Siempre he pensado que, al igual que somos capaces de realizar actos intelectuales positivos haciendo un esfuerzo –recordar, deducir, imaginar– tendríamos que ser capaces de deshacer voluntariamente nuestros recuerdos: quiero olvidar, y olvido, el rostro de quien me hizo daño, quiero olvidar y olvido el sonido de mi cuerpo al golpear el suelo cuando me caí de un árbol de pequeño, quiero olvidar y olvido los pensamientos que he tenido en cierta ocasión, camino de un juzgado. Sin embargo, nuestra memoria se borra cuando ella quiere, o cuando nuestro cerebro se deteriora por efecto de una enfermedad degenerativa.

¿Qué hace Brad Williams con su memoria? Mi conclusión es que hace lo que puede, es decir, lo que le aconseja la parte de su cerebro que toma decisiones. Escribe un blog de título significativo: Triviazoids, que el lector puede consultar aquí.

Georg Szell

Georg Szell

Vemos que tanto la literatura, tan dada a la grandilocuencia y tan aficionada a narrar el fracaso, como la realidad, que nos ofrece estos curiosos especímenes, proporcionan una idea de la memoria muy cercana a lo banal o lo inútil o lo circense. Sospecho que a la memoria le ocurre lo mismo que al dinero, al amor, a la muerte o al sexo: son realidades complejas cuya utilidad, posibilidades e implicaciones nos lleva toda una vida comprender a los que intentamos entenderlas.

Por eso yo, que pese a tener una memoria estupenda, no podré competir jamás contigo, te absuelvo, Brad Williams. Has leído bien: te absuelvo de todas las rémoras inútiles, de esas trivialidades que porta tu infatigable cabeza, te absuelvo de tantísimos recuerdos de la primera vez que hiciste algo que te han llevado a olvidar el significado prístino de la primera vez que te besaron o la primera vez que sentiste que una chica se interesaba por ti porque eso compite con el recuerdo de la primera vez que estornudaste o la primera vez que en el desayuno tomaste margarina. Sí, te absuelvo de esa asamblea perpetua de personas sin importancia que te persigue dondequiera que vayas sin nada interesante que decirte, te absuelvo del color de las zapatillas de tu primer profesor de gimnasia y del olor de la gasolinera los días pares de otoño. Te absuelvo de que, pudiendo ser un dios que olvida y perdona, dediques tu cabeza a recordar todas estas cosas que no merecen en absoluto la pena.

Álvaro Fierro Clavero

 

Comentarios

  1. ” que nos permite ser dioses siquiera por un instante, ya que con estos objetos conseguiremos algo perteneciente al orden material del mundo…. ” y esto es conocimiento y perspectiva que inspire a superar este desorden con corbata..que tenemos, merecemos algunos, y no corregimos ni cuestionamos…. endiosada felicidad en la moneda. Por mucho mas extenso ..hay errores de concepcion que solo nos remiten a ..una literatura sin raices que nos imbuian, un futuro, en nuestras manos, menos caotico y creamatistico, menos impersonañl y arrivista..mnenos docilmente ciego einseguro…en qel que la forma de los impuestos y gravamenes y su cuantia CRECEN, y la estabilidfad social y laboral… retorna a tiepo de antes de que existieran los derechos laborales y la porpia “Seguridad Social”. Esto es un desorden que nadie… en cinjunto decide encauzar hacia la estabilidad sino como la propia pintura y arquitectura …. HACIAA LA INDEFINICION, LA INDETERMINACION Y LA VERSATILIDAD DE ACEPCIONES…cuandolos ciudadanos necesitan que se les imbuhia y se les demuestre que los que ” gobiernan” demuestran y reafirman con hechos… la firmeza y confianza , seguridad y estabilidad sin depauperar aun mas … el binomio matrimmonio( con espaectativas , necesarias de prosperar) ni el grupo familia- trabajadores… que es ramal y urdimbre de la sostenibilidad en economias reducidas, pero es asiento a la porperidad y a la esperanza de vida no de llegar a 93 años sino de vivir saludablemente( fisica, social, y psicologicamente) bien el transcurso de una vida y la de sus congeneres no este dosorden que rompe con la fuerza impulsora de los mas sencillos ye iniciles puntos de creacion de entramado social estable. la cohesion social.

Deja un comentario