Viernes, 23 Junio, 2017

Camus o la imposibilidad el agnosticismo absoluto


Albert-Camus-5Hoy mismo se cumplen 100 años del nacimiento de Albert Camus. El humanista Charles Moeller, en su célebre tratado en seis volúmenes sobre grandes escritores modernos, que tituló “Literatura del siglo XX y cristianismo“, trató de añadir a Camus una coletilla en la que cupiera toda su vida: “la honradez desesperada“. Es difícil atinar con el ser humano. Si cuesta una vida entera conocerse a sí mismo, qué árido resulta que otro te defina. Moeller quiso dejar constancia de la absoluta pasión de Camus por el ser humano, sin haber querido entrar jamás en la fe cristiana.

Al francés le asustaba la Iglesia Católica, era exactamente eso, se le ponía cara de susto. En un siglo estrangulado por las utopías más vejatorias que el ser humano haya sufrido en toda su historia (el comunismo y el nazismo), nuestro escritor imaginaba que la Iglesia también dejaba para el más allá todo su meollo, mientras que en la tierra oprimía y despreciaba al hombre concreto. Pobre Camus, se quedó en el umbral de la fe y, por prejuicios ideológicos, no quiso llamar a la puerta. Ojos que no vieron, corazón que no pudo comprender. Y eso que en pocas páginas de la literatura contemporánea encontraremos más pasión por el ser humano como en “El hombre rebelde” o en “La peste”, dos exponentes de una “santidad sin Dios“, como dice el mismo Charles Moeller.

33840992En “La peste“, su protagonista es capaz de una solidaridad sin fisuras, el sacrificio de la propia vida en beneficio de los demás, de los más enfermos. Es alguien que no acepta el apelativo de “héroe“, simplemente es un hombre que muestra la solidez de su honradez en pequeños gestos. Todo en él es de una deliciosa ternura que, además, pasa inadvertida. Aquí se resume la filosofía de Camus: la dignidad del hombre es inviolable y el amor ha de mostrarse absolutamente desinteresado.

A Sartre lo tenía desesperado. Encontraba en su compatriota a un furibundo crítico del comunismo por su urdimbre de indignidad. En cambio, Sartre fue leal compañero de viaje del Partido Comunista Francés y del régimen soviético. No olvidemos que Sartre llegó a decir cosas así, “un anticomunista es un perro“. Pero Camus no capitulaba de su defensa de la dignidad del hombre. Y, para redondear algo más la personalidad de Camus, yo afirmo con Chesterton, “un hombre necesita un poco de místico para pensar así, o para sentir algo parecido. En un vacío de agnosticismo absoluto, sería muy dudoso que lo sintiera así. Es porque siente los restos de un viejo sentimiento religioso“. En su estudio, Moeller intuye algo similar refiriéndose al protagonista de “La peste“, “si hay en la obra de Camus una falla, una hendidura por donde pudiera penetrar el misterio de la gracia, es aquí donde hay que buscarla”.

Javier Alonso Sandoica

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