viernes, 20 octubre, 2017

Más madera sobre la ideología de género


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La ideología de género ataca el matrimonio como fundamento de la familia, pues al no existir ni hombres, ni mujeres, el matrimonio no sería más que una unión entre dos adultos. Así, al todo ser matrimonio, nada es matrimonio; y al todo ser considerado familia, nada es familia

Ppartimos de una tesis falsa que nos lleva a unos razonamientos igualmente falsos. La tesis fundamental de esta ideología es que “el sexo es el aspecto biológico de los seres humanos, entonces solo podemos ser varón y mujer. Mientras que el género es el sexo culturalmente o socialmente construido”. El problema aparece en la segunda frase, porque se desconoce que el sexo no solamente está en la genitalidad, sino expresado en nuestra genética, en tanto somos XX las mujeres o XY los hombres, y esto hace que seamos distintos y tengamos capacidades diferentes que nos determinan y que al mismo tiempo nos hacen ser complementarios, ninguno es mejor o peor que el otro, simplemente somos diferentes, y en aras de la justicia la sociedad no puede olvidar esas diferencias que, sin lugar a dudas, hacen que nuestra sociedad se enriquezca.

Pero si aceptáramos que el género es una construcción cultural y que, por tanto, podemos autoconstruirnos como queramos (lo cual es falso), terminaremos aceptando la tesis de la ideóloga de género de Judith Butler, quien afirma que “hombre y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como uno femenino”; o la expresión de Lucy Gilber y Paula Wesbster, quienes afirman que “cada niño se asigna a una u otra categoría en base a la forma y tamaño de sus órganos genitales. Una vez hecha esta asignación nos convertimos en lo que la cultura piensa que cada uno es”. En otras palabras, se desprenderían una serie de razonamientos lógicos, igualmente falsos, como el principio básico; entre ellos, que ya no existirían hombres, ni mujeres, pues dichas categorías, según la ideología de género, serían el resultado de una cultura hegemónica y patriarcal que nos había estado dominando y por la cual creíamos, según ellos, que esas categorías eran naturales.

Siguiendo este orden de ideas, concluiríamos que así como el marxismo entendía la historia como una lucha de clases, la ideología de género pretende leer la historia como la opresión del hombre contra la mujer. De allí que las feministas de género que aceptan las tesis antes expuestas (como la de Butler) concluyan que la única forma de llegar a una verdadera igualdad entre hombres y mujeres es que desaparezca la misma distinción; por tanto, niegan y van en contra de la misma naturaleza.

La pretensión final de esta ideología no es que seamos iguales en derechos, sino idénticos en todo el sentido de la palabra, por eso es que la maternidad, que evidentemente es una de las diferencias entre hombre y mujeres, es vista como una enfermedad o carga opresiva que ha sido impuesta a la mujer, de allí que no hablen de maternidad sino de “labor reproductiva” y se diga que, para compensar, el Estado debe garantizar el acceso por ejemplo al aborto, sin que el hombre como padre de esa criatura que está por nacer pueda opinar.

Además, la ideología de género tiene un fuerte vínculo con el control de natalidad. De hecho, en una publicación apoyada por el Fondo de Población de las Naciones Unidas se afirma que, “para ser efectivos en el largo plazo, los programas de planificación familiar deben buscar no solo reducir la fertilidad dentro de los roles de género existentes, sino más bien cambiar los roles de género a fin de reducir la fertilidad”. Y es que si se promueven las uniones entre homosexuales, y se crea separación entre hombres y mujeres, el tema de la procreación va a quedar reducido a los laboratorios, propiciando una nueva eugenesia, pues las técnicas de procreación humana asistida son costosas e incluyen selección, y no es un secreto que los “derechos sexuales y reproductivos” (aborto, esterilización y anticoncepción) están altamente direccionados a eliminar la pobreza, o mejor dicho, a eliminar a los pobres.

Beatriz Eugenia Campillo Vélez

Comentarios

  1. Pero claro que el género es construido, el sexo viene con el nacimiento pero luego cada uno se ve de una forma u otra, no se puede ser tan retrógrados en momentos que hasta el mismo Papa está haciendo una encuesta para dar lugar a estas nuevas formas de familia en la iglesia.

  2. Exacto. Cuando se dice que el ‘género’ es construido, lo que se está reconociendo es que es inventado. Es un puro voluntarismo sin ningún anclaje en la realidad: sólo es una postura o ideológica o cómoda (me sirve para hacer lo que quiera y justificarme).
    En la naturaleza, es decir en la realidad, las cosas no son como uno las ve, sino como son en sí. Si yo me veo como una gacela, pero soy más lento que una tortuga, el león me comerá aunque me empeñe en negarlo.
    Precisamente priorizar opiniones, caprichos y prejuicios personales a los datos de la razón -evidencias científicas- es la mayor prueba del carácter puramente ideológico de la perspectiva de género.
    El verdadero progreso es avanzar en el camino de la verdad y el conocimiento, no en el de la ideología -eso sí que es retroceder a lo más trágico del siglo XX (el dogmatismo es lo más retrógrado que existe)-.
    Las opiniones sobre lo que el Papa está o no pensando hacer no dejar de ser un ejercicio de ‘wishfull thinking’, muy coherente con el modo poco racional de pensar que supone la ideología de género -el deseo propio por encima de todo-.

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