martes, 17 octubre, 2017

El alma de Europa, ¿diluida en los mercados?


Jonathan Sacks

por Jonathan Sacks

Mientras los líderes europeos se reúnen para salvar el euro y la Unión Europea, creo que ha llegado la hora de que los líderes religiosos unan fuerzas también, y quiero explicar por qué.
Lo que intento mostrar es, en primer lugar, las raíces religiosas de la economía de mercado y del capitalismo democrático. Fueron producidos por una cultura impregnada de los valores de la herencia judeocristiana, y la economía de mercado, originalmente, intentaba promover esos valores.
En segundo lugar, el mercado nunca alcanza un equilibro estable. Tiende, por el contrario, a socavar los mismos valores que lo originaron a través del proceso de “destrucción creativa”.
En tercer lugar, el porvenir de Europa -política, económica y espiritualmente-, tiene una dimensión espiritual. Si se pierde eso, se perderán otras muchas cosas. Por parafrasear un célebre texto cristiano: ¿de qué le sirve a Europa ganar el mundo entero si pierde su alma? Europa corre peligro de perder su alma.

civilizacionQuisiera empezar con un impactante pasaje del reciente libro de Niall Ferguson, “Civilización”. En él se cuenta cómo a la Academia China de Ciencias Sociales se le asignó la misión de descubrir el modo en que Occidente, por detrás de China durante siglos, acabó superándola y estableciéndose en una posición de supremacía mundial. Al principio, explicó uno de los estudiosos, pensamos que se debía a que vosotros teníais armas más poderosas que las nuestras. Luego concluimos que teníais un sistema político mejor. Después nos dimos cuenta de que era el sistema económico. “Pero en los últimos 20 años nos hemos percatado de que el corazón de vuestra cultura es vuestra religión: la Cristiandad. Por eso Occidente ha sido tan poderoso. Los cimientos morales cristianos para la vida social y cultural son lo que hicieron posible la aparición del capitalismo y más tarde la exitosa transición a la democracia. No nos cabe duda alguna”.
El estudioso chino estaba en lo cierto. El historiador económico de Harvard David Landes siguió la misma línea de pensamiento en su magistral “Riqueza y pobreza de las naciones”. También destacó que, hasta el siglo XV, el avance tecnológico de China superaba de lejos al occidental. Los chinos habían inventado la carretilla de mano, el compás, el papel, la imprenta, la pólvora, la porcelana, la máquina de hilar para la confección de tejidos y los altos hornos para la producción de hierro. Aún así, nunca desarrollaron una economía de mercado, ni lograron el despegue de la ciencia, ni la revolución industrial o un crecimiento económico sostenido. Landes también concluye que lo que Europa poseía y a China le faltaba era la herencia judeo-cristiana.
Podemos admitir que la expresión “tradición judeocristiana” es de reciente acuño y que existen significativas diferencias entre las dos religiones y las diversas ramas en ambas. Los distintos autores han destacado diversos aspectos en la historia económica de Occidente.

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El estado financiero de Europa sería hoy mucho mejor si la gente conociera la Biblia. En primer lugar, encontramos el profundo respeto bíblico a la dignidad del ser humano, al margen de su color, creo o clase, creado a imagen y semejanza de Dios. El mercado da más libertad y dignidad a las decisiones humanas que ningún otro sistema económico.
En segundo lugar, está el respeto bíblico a los derechos de propiedad, contra la idea prevalente en la Antigüedad de que los dirigentes podían disponer de la propiedad de la tribu o de la nación como si fuera propia. En contraste, cuando Moisés se encuentra con que los israelitas desafían su liderazgo durante la rebelión de Coré, dice [al Señor]: «No he tomado de ellos ni siquiera un asno, ni les hecho ningún daño». El gran ultraje de la esclavitud contra la dignidad humana es lo que me priva de la propiedad de los bienes que creo.

trabajo-dignoY está el respeto al trabajo. Dios dice a Noé que será salvado del diluvio, pero Noé tiene que construir el arca. El versículo «Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios» significa que servimos a Dios tanto en el trabajo como en el descanso. El mundo es la creación de Dios; por tanto es bueno, y la prosperidad es una señal de la bendición de Dios. Los comportamientos ascéticos y la negación del yo tienen poco lugar en la espiritualidad judía. Mediante nuestro trabajo y nuestro ingenio nos convertimos, como dice la expresión rabínica, en “partícipes de la obra de creación de Dios”.
Sobre todo, desde una perspectiva judía, lo más importante de la economía de mercado es que nos permite atenuar la pobreza. La riqueza es una bendición divina, y por tanto lleva consigo la obligación de emplearla en beneficio de la comunidad.
Los rabinos favorecen el mercado y la competencia porque estos elementos generan riqueza, precios más bajos, un aumento de la capacidad de elección, una reducción de los umbrales de pobreza y un aumento del control del Hombre sobre su entorno, de tal modo que su papel en el mundo no se limita al de víctima pasiva de las circunstancias y del destino. La competencia libera energía y creatividad y sirve al bien común. La ética religiosa fue el motor de esta nueva forma de producción de riqueza.

Del mismo modo, sin embargo, esta ética enseñaba los límites del capitalismo. Puede que sea el mejor modo que conocemos de generar riqueza, pero no es un sistema perfecto para distribuirla. Algunos ganan mucho más que otros, y con la riqueza obtienen poder sobre otros. Distribución desigual significa que algunos son condenados a la pobreza.
La Biblia Hebrea se niega a ver como una inexorable ley de la naturaleza, una lucha darwiniana en la que, en palabras de Tucídides, “los fuertes hacen cuanto pueden y los débiles sufren cuanto deben”. Esa es la ética de la Grecia Antigua, no del Antiguo Israel. De este modo, hallamos en la biblia toda una estructura de legislación para el bienestar: el campo hasta sus bordes, las gavillas olvidadas, y otras partes de la cosecha, reservados a los pobres, junto con el diezmo algunos años; el año sabático en el que todo lo producido está disponible para todos, las deudas son canceladas y los esclavos puestos en libertad; y el año del jubileo cuando la tierra ancestral volvió a sus propietarios originales.

comunidad-judiaCada comunidad judía de la Edad Media tenía un elaborado sistema que equivalía a no menos que una mini-seguridad social. Había una chevra, una asociación/hermandad, que juntaba y distribuía fondos para diversas causas: novias pobres, enfermos, educación, entierros, de modo que nadie se viera privado de los medios necesarios para una vida digna. Lo que convierte en única a esta estructura, no es sólo que fuera la primera en su género, la precursora del estado moderno del bienestar, sino también que fue totalmente voluntaria, fruto de la decisión colectiva de una comunidad sin poder gubernamental y a menudo sin derechos legales. Así que no sólo el mercado es resultado de la ética judeo-cristiana. También lo es el agudo sentido de los límites del mercado y la necesidad de complementarlo con un sistema de seguridad social basado en el propio mercado.

Aún así, el capitalismo contiene contradicciones culturales. El mercado mina los mismos valores que le hicieron emerger en un primer momento. La cultura del consumo es la antítesis profunda de la dignidad humana. Inflama el deseo, erosiona la felicidad, debilita la capacidad para posponer la satisfacción puramente sensual, y nos impide distinguir entre el precio de las cosas y su valor. Potenciar el interés personal en detrimento del bien común. El mercado deja de ser un mero sistema para convertirse en una ideología por derecho propio.

piramide_do_capitalismoComencemos con la crisis actual y con lo que condujo a ella. En primer lugar, la complejidad de los instrumentos financieros involucrados en las hipotecas y la titulización del riesgo fueron tan grandes que, durante muchos años, la verdadera naturaleza de estos negocios escapó al control de las autoridades reguladoras, que siguieron dando a las compañías involucradas calificaciones de Triple A, a pesar de que, ya en 2002, Warren Buffett les describió como armas de destrucción financiera masivas. En segundo lugar, muchas personas en América, pero también en Europa, fueron animadas a pedir hipotecas, con bajas cuotas iniciales, y aquellos que les animaron a contratarlas deberían haber sabido que no podría devolver el dinero excepto bajo el escenario más optimista e irreal de todos, de bajos intereses continuados y permanente aumento de los precios de la vivienda. La ley judía prohíbe hacer tropezar a un ciego…

En tercer lugar, los propios banqueros no sólo se concedieron a sí mismos salarios desproporcionadamente altos, sino que también, al proveerse de contratos blindados, se aislaron a sí mismos de los peligros a los que estaban exponiendo tanto a sus clientes como a sus accionistas.

¿Y ante quién responden las corporaciones internacionales? A menudo no emplean trabajadores. Externalizan fábricas en lugares lejanos del extranjero.

AbogadosEsto tiene profundas consecuencias morales. George Soros dice que hoy los acuerdos son transnacionales en lugar de personales. En vez de tener fe en una persona, contratas a abogados para que llenen el contrato de salvaguardias jurídicas. Esto constituye un deslizamiento histórico de una economía de la confianza a una economía del riesgo. Pero la confianza no es un lujo prescindible. Es la auténtica base de nuestra vida social. Muchos estudiosos creen que la economía tuvo raíces religiosas porque las personas podían creer en otras personas, sintiendo que respondían ante Dios, y por ello se podía confiar en su honradez. Un mundo donde no existe la confianza es un mundo solitario y peligroso. “Crédito” viene del latin “Credo”, “yo creo”. “Confianza” procede del latín “fe compartida”.

Giambattista Vico: “La gente primero percibe lo que es necesario, luego considera aquello que es útil, después atienden a lo más cómodo, más tarde se deleitan de placer, pronto se dispersan en medio del lujo, y finalmente enloquecen derrochando su patrimonio”.

Aquellos que creen que la democracia liberal y el mercado libre pueden defenderse únicamente con la fuerza de la ley y de la regulación, sin interiorizar el sentido del deber y de la moralidad, están en un trágico error. En la crisis, la sociedad de consumo animó a las personas a tomar dinero prestado que en realidad no tenían, y a comprar cosas que realmente no necesitaban, con el fin de alcanzar una felicidad que no duraría mucho.

La ecología de una buena sociedad depende de diferentes fuentes de sentido, cada una conformando una unidad en sí misma. Quiero atraer la atención sobre cuatro rasgos del Judaísmo ampliamente compartidos con el Cristianismo, y que a lo largo de los siglos han jugado el papel de contener la expansión de la ética mercantilista.
El Sabbat, el límite que el Judaísmo impone a la actividad económica. El Sabat es el día para centrarse en las cosas que tienen valor pero no un precio. Segundo rasgo: el matrimonio y la familia. El Judaísmo es una de las grandes tradiciones familiares. Muchos de sus grandes momentos de vida religiosa tienen lugar en el hogar entre marido y mujer, entre padres e hijos. Tercero: la educación. Desde los tiempos de Moisés los judíos han basado su supervivencia en la educación. Fueron la primera civilización en construir, hace 2000 años, una educación universal obligatoria, fundada en comunidad, para asegurar el acceso al conocimiento de todo el mundo. Cuarto: el concepto de propiedad. La idea de que aquello que poseemos no nos pertenece del todo se encuentra en el corazón de la mentalidad judía. Todo pertenece a Dios, y aquello que tenemos nos ha sido confiado. Por último, está la tradición judía de la ley. La energía, para ser canalizada, necesita límites. La disciplina de la ley impone límites.

mundocorporacionesEl mercado sólo gobierna una parte limitada de nuestras vidas, la que concierne a la producción y el intercambio de bienes. Existen elementos fundamentales de lo humano que no se pueden producir porque las recibimos como legado de los que nos preceden y de Dios mismo. En estos tiempos la voz de las grandes tradiciones religiosas debe resonar advirtiendo de los dioses que devoran a sus hijos. Actualmente, en una Europa aun más secularizada que en los últimos días de la Roma pre-cristiana, el culpable de este tipo de abusos es el ateísmo científico más agresivo e insensible a la fe; un materialismo reduccionista y ciego ante el poder del espíritu humano; corporaciones globales incontrolables por los gobiernos nacionales e incluso más poderosas; planes de financiación tan complejos que sobrepasan el entendimiento incluso de los propios encargados de regularlos; una economía consumo-dependiente que está estropeando el imaginativo horizonte de nuestros hijos; y el desgaste de todos los vínculos sociales, desde la familia a la comunidad, que en un tiempo nos consolaron y redimieron de nuestra soledad, u que ahora son sustituidos por las redes virtuales de los smartphones, cuyo resultado es un “aislamiento en grupo”.

Deberíamos reclutar a líderes empresariales para que nos ayuden a enseñar que el mercado necesita valores morales; que sin una ética sólida, se puede tener éxito a corto plazo pero no una viabilidad a largo plazo; y que la conciencia no es para cobardes sino que constituye la base de la confianza de la que el negocio, las instituciones financieras y la economía dependen en conjunto.
Cuando Europa recupere su alma, recuperará su energía generadora de riqueza. Pero primero debe recordar que el Hombre no fue creado para servir a los mercados. Los mercados fueron creados para servir al Hombre.

Sir Jonathan Sacks,
Gran Rabino del Reino Unido

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