Domingo, 23 Abril, 2017

¿Por qué estamos en otoño si hay brotes verdes?


brotesHay brotes verdes. Ahora sí. Lo dice la contabilidad nacional, que por primera vez sube de  la dramática línea del cero. Lo dice la Encuesta de Población Activa, que ha registrado por segunda vez un ligero descenso en el desempleo. Lo dice la inversión extranjera, que empieza a fluir con nombres como Bill Gates. Lo dice lo dice la colocación de deuda pública en mercados internacionales, que ya está en tipos de interés razonables.

Y sin embargo, el español medio enfrenta el otoño y el invierno con la misma sensación de crisis con la que ha enfrentado todos los que median desde 2008. ¿Dónde están, entonces, los brotes verdes? El problema es que la economía española se ha anquilosado de tal manera que va a costar mucho tiempo que vuelva a fluir el dinero, requisito primordial para engrasar todo el engranaje.

Hay muchos responsables de esta situación y no parece que ninguno esté dispuesto a soltar amarras. Los primeros que están demostrando una actitud contraria al crecimiento son los mismos bancos y cajas que propiciaron la crisis económica al permitir que se hinchará, sobre una ficción conocida, la llamada burbuja inmobiliaria.

Esos mismos negocios del dinero prestado que antes concedían créditos con una facilidad sorprendente hasta para el ajeno a la materia hoy solo están dispuestos a concederlos a quienes no lo necesitan. Y la consecuencia de esta tendencia común a todas las marcas es que el dinero deja de fluir porque no está en las manos de quien tiene la voluntad de compra. Por simplificar, los bancos solo conceden dinero a quien no lo necesita.

hojasMientras tanto, quien lo necesita ha visto reducida su capacidad adquisitiva por distintas vías. La primera, sucesivas bajadas de sueldo más o menos encubiertas, bien del salario base, bien de los complementos o de las partidas variables. En años de bonanza pocos habían caído en la inmensidad de estas fracciones de sueldo a comisión. Pero además, las necesidades de financiación del Estado llevaron a una subida en varios puntos del IVA y del IRPF que los primeros brotes verdes no han hecho descender. De modo que las Administraciones Públicas son en parte responsables de nuestra situación en tanto en cuanto nos obligan a destinar parte de nuestros ingresos al erario.

Para colmo, con menos dinero vía renta y más salidas vía impuestos, el libre mercado español casi no ha sabido adaptarse a la nueva situación económica. Aunque la cesta de la compra ha descendido su precio ligeramente en los últimos años, y algunos grandes bienes de consumo como la vivienda o el vehículo han retornado a cifras de un lustro atrás, lo cierto es que otros muchos productos mantienen sus precios si no los elevan. Ante la bajada del consumo, el empresario puede optar por abaratar precios y aumentar ventas o por subir precios y sufragar los costes con mayores ingresos de menos productos. Muchas empresas han optado por la segunda posibilidad. Y eso limita el acceso real al mercado del ciudadano medio.

Pero es que al ciudadano medio, al que aún conserva su empleo y para el que la situación económica no ha variado de manera sustancial, hay que achacarle otra parte de responsabilidad en el hecho de que el dinero no fluya. Responsabilidad, que no culpa, porque es en todo caso responsable que modere su ritmo de adquisiciones en previsión de que pudiera verse sumido en una crisis aún mayor. Sin embargo, esa precaución que dirige el dinero hacia el ahorro va dejando sin liquidez el mercado. En condiciones normales, el ahorro del ciudadano revierte en la economía por la vía del préstamo de los bancos, pero, y con esto cerramos el círculo, como los bancos  no están prestando, el dinero ahorrado, ahorrado se queda.

Saldremos, pero no será por los bancos, ni por las Administraciones Públicas, ni por las empresas privadas, sino por los ciudadanos, que empezarán a aflojarse el cinturón lentamente, cuando sientan que hay un poquito más de oxígeno para rellenar sus maltrechos pulmones.

María Solano
@msolanoaltaba

 

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