Domingo, 23 Abril, 2017

El mujerío y II) No es un juego de tronos

El mujerío y II) No es un juego de tronos


No comparto el discurso del mujerío mientras no tenga la decencia de mirar con mirada amplia y atenta a que no son las mujeres solo las únicas discriminadas o las más discriminadas

El mujerío y II) No es un juego de tronos




Creo que el mujerío se ha deslizado por una vertiente cómoda y bien pensante que impregna además la cultura popular de modo epidérmico y, a mi juicio, desviado.


Mientras el mujerío está tan entretenido con los juegos de poder y de tronos asiste atónito a cómo hoy, por poner un caso, las chicas adolescentes siguen tragando y quizás hoy más que antes con malos tratos, abusos, amenazas

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Vemos las noticias. En Arabia Saudí las mujeres se han puesto a conducir como desafío y protesta ante leyes que les impiden ir al volante.  De nuevo violaciones en la India, con el añadido de que los animales quemaron luego a la niña. Un estremecedor reportaje en un canal temático de viajes sobre mujeres lejanas, esta vez la  estupenda periodista polaca explica la situación de las viudas en la India condenadas a vivir en la calle, abandonadas por sus hijos, signo de mala suerte.

Comprendo que es lo menos políticamente correcto que existe, pero las diferencias culturales parece que señalan que una mujer es alguien, persona, con sus derechos inalienables de modo mayoritario en algunos lugares que coinciden, curiosamente, allí donde el cristianismo ha arraigado.

¿Qué ha habido desigualdades? Por supuesto, no se libran muchas mujeres de ser la parte más débil y más explotada siempre, pero ¿cuesta tanto reconocer que por goleada es en Occidente donde las mujeres han logrado cotas más altas en cuanto a reconocimiento de derechos, igualdad, etc.? ¿Tendrá que ver algo eso con el sustrato cristiano? No cabe duda de que es así, pero solo mencionar esto significa ser tachada de reaccionaria.

Lo que no me parece de recibo ante la situación de muchas mujeres es que el mujerío esté hoy más pendiente de la tilde que del párrafo. Comparo simplemente la tinta y labia –y dinero, vaya esto por delante- que se gasta en promover y enseñarnos los vericuetos de un lenguaje no sexista, en revisar la literatura buscando culpables y prácticas no deseadas, en hacer lo mismo en los juegos infantiles –que las niñas jueguen con construcciones y los niños hagan costura- y en otro largo etcétera, y el tiempo que se dedica a promover los derechos de las mujeres más olvidadas del globo terráqueo, que lo son, por su doble condición de mujeres y pobres en muchos casos, y caigo en la cuenta del desequilibrio reinante.

Y es que creo que el mujerío se ha deslizado por una vertiente cómoda y bien pensante que impregna además la cultura popular de modo epidérmico y, a mi juicio, desviado, peligrosamente desviado.

Vale, me puede interesar algo que las mujeres no estén en los consejos de administración de las empresas que cotizan en el Ibex 35, pero al lado de eso, hay otros asuntos que me preocupan mucho más, entre otras razones porque tampoco, pongo por caso, están presentes en dichos consejos de administración muchas personas fuera de las 30-40 familias que se reparten los consejos de administración en España.

¿Cuántos directivos y directivas de alto nivel hay que no sean españoles en nuestras multinacionales, cuántos que provengan de familias inmigrantes?  Porque en nuestro país quedan todavía muchos inmigrantes que llevan ya muchos años ¿no sería hora ya de que “a esos niveles” estuvieran, también, representados?  ¿Cuántos altos directivos hay por encima de 50 años? ¿Queda alguien que no le hayan echado, sometido a un ERE?

india-ninasLo siento, pero no compro esa baratija: no vivimos en un país especialmente machista, o no es más machista que discriminador por edad, o discriminador respecto a los inmigrantes, y sólo son dos casos. Así que el discurso del mujerío en este ámbito no lo comparto mientras no tenga la decencia de mirar con mirada amplia y atenta a que no son las mujeres solo las únicas discriminadas o las más discriminadas.

Es más, mientras el mujerío está tan entretenido con los juegos de poder y de tronos asiste atónito a cómo hoy, por poner un caso, las chicas adolescentes siguen tragando y quizás hoy más que antes con malos tratos, abusos, amenazas.  Algo que debía estar erradicado se reproduce hoy de una manera chocante. ¿Es posible que el discurso que se ha utilizado esté errado? Yo creo que sí, y que además ha sido alimentado por una incoherencia total de nuestra cultura que habla de liberación cuando pregona la más absoluta sumisión de las mujeres. Las chicas no están hoy más liberadas, están más sometidas y más atemorizadas por un entorno que les dice “porque tú lo vales” mientras les vende un lápiz de labios. ¿Cómo alguien va a creerse que vale o no por semejante papanatada?

¿Qué es lo que ha pasado? Que el mujerío está más pendiente de la forma que del fondo, que el discurso de la dignidad del ser humano, sea hombre o mujer, griego o judío, como ya dijo San Pablo, es lo verdaderamente importante y es lo que no acabamos de anclar cuando caemos en discursos de género, de mujerío, vamos.

No son los pobres un colectivo, no son las mujeres otro, no son los ancianos otros, tampoco los homosexuales, ni siquiera los niños, no. Somos las personas, cada persona, lo importante, es nuestra dignidad intrínseca la que no puede machacarse. Por eso, cuando sustituimos el lenguaje de la persona, de cada una, por otro de colectivos, incluso con las mejores intenciones, que pasa, podemos caer en nuevo abuso.

Aurora Pimentel

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