Jueves, 17 Agosto, 2017

Los muertos y las muertas


Leyendo Los muertos y las muertas, uno de esos libros irrepetibles de nuestras letras, escrito por el imposible Ramón Gómez de la Serna, descubro todo un credo del genio. Lo resumo mucho porque como su autor es lenguaraz y revuelto, y apenas repara en brevedades, he intentado atar lo que me parece el nervio de su pensamiento. Habla del misterio de la muerte y de su portillo a lo desconocido. Lo traigo porque ya quedan cerca las festividades de Todos los santos y Difuntos.

Ramón3“Morir es entrar en una hermosa vida de pura y grande sinceridad. ¡Entrar en la inmensa sinceridad! Será como haberse tirado por el balcón y en vez de caer y bajar, subir en línea recta hacia un horizonte imprevisible.

Será inauguración de luz y no de mundo, sino de cosmos nuevo, libre -porque ya no tendré instintos transgresores y no intentaré robar ninguna belleza al inconmensurable Museo-. Experimentaré una sensación de crecimiento. Envuelto en la fulguración de Dios, después de pasar por un breve arco de sombra, entraré en una intelección en la que todo lo sucedido se volverá tan pequeño que se tornará invisible e irrecordable.

Ramón1No será primer día de muertos ese de la evasión suprema, sino primer día de siempre.

Es un oprobio achacar a Dios el llevar nota de nuestras mezquindades, idea invalidada con la suposición del disco total que se revelará automáticamente a la Divina Inteligencia.

La muerte no es un doble sino una dilución en lo absoluto en que nos salvamos del último engaño. Es otra cosa, algo mucho mejor que el mejor amigo. ¡Qué pequeños los objetos y sus libros! Como prólogo de esta variedad inacabable, bien estuvieron los libros como consuelo ciego y entretenimiento que nos entretuvo.

Extrañeza y benevolencia serán las dos emociones del espíritu bueno al sentirse descerebrado. Ni tejados ni parecidos, sino sólo melenas aureola, clima primaveral y cinematográfico en que se nos mostraría lo más ignorado de la creación en sorprendente sesión continúa, en salas sin oscuridad y con espacio inmenso.

Amaste mi creación, la copiaste con admiración, buscaste en tu subconsciente mis medusas misteriosas, las asterias inquietantes. Puedes pasar“.

Lo único que no debemos temer es que nos dejen sin enterrar. Rosalía de Castro escribió “De balde

Cuando me pongan el hábito
-sé que lo llevo-.
Cuando me traigan la caja
-sé que la tengo-.
Cuando el responso me canten
-si hay con qué pagar los clérigos-.
Cuando en la tierra me metan…
¡Ay, que me lleve San Pedro!…
Que de pensarlo me río,
Con la risa de los diablos.
¡Que enterrarme, han de enterrarme,
aunque no les den dinero!

Pero sobre al Arte, la Muerte y el Amor, siempre Dios. Dios que sí no ha hecho la vida horrible, no ha podido hacer la muerte horrible.

Ramón3Frente a la caducidad de las cosas humanas, mi confianza está en Dios, que además de ser el padre de los vivos es el padre de los muertos, que se quedarían inadmisiblemente huérfanos si no fuese por Él. ¿Qué confianza pueden tender los vivos que no hacen nada por los vivos para pensar que harán algo por los muertos?

El libro de los muertos, de los egipcios, exige que el muerto sepa los nombres de sus dioses para responder quién es el dios que se le presentará en el umbral de la muerte y que le dirá “no pasarás de la muerte si no conoces mi nombre

¿Y teniendo un sólo Dios, podéis olvidar su nombre? No puede tener facultades la tierra para acabar con el espíritu. ¿No comprendéis que aún enterrado en su seno no se podrá fundir con su greda?”

Javier Alonso Sandoica

Comentarios

  1. ¡Dios mío! Después de leer las palabras de Gómez de la Serna solo queda rogar: “Dios mío llévame cuanto antes! ¿porqué derrochamos tanto dinero en alargar la vida? ¿porqué le tenemos tanto miedo a la muerte?¿Por qué no lo tenemos tan claro como Gómez de la Serna?. Preciosa selección de textos. Gracias.

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