martes, 17 octubre, 2017

El Thomas Bernhard de verdad, el de sus novelas


antonio_mu_oz_molina2Acostumbro a leer el artículo que propone Antonio Muñoz Molina en el Babelia de los sábados porque, como pasa media vida en Nueva York, siempre es consolador soñar con ver una exposición en el Metropolitan desde los ojos del escritor. En su última entrega hablaba del escritor Thomas Bernhard, de los cinco breves volúmenes de su autobiografía que se ha leído recientemente. Pero hay un defecto que se extiende como una extensión de tul, apenas traslúcida, por todo su texto. Sólo refiere en sus palabras el magnetismo de su producción, la importancia de la música para comprender su obra, su fluidez sonora, la casi necesidad de leer sus obras en voz alta. Pero en ningún momento nos dice nada del contenido de sus novelas, de eso que los humanos nos preguntamos ávidos unos a otros, ¿de qué va esa novela que andas leyendo?

Los críticos se vuelven muy sesudos cuando hablan de sus escritores, y nos cuentan más el marco que la obra, el paspartús que la acuarela.

Pongamos negro sobre blanco, yo sí quiero hablar de una novela de Thomas Bernhardt. “El malogrado” fue la primera que leí de este autor, que se pasó prácticamente la vida entera enclaustrado en una enfermedad pulmonar. No hallé la aspereza y atrocidad de las que algún amigo me había advertido. Es una escritura neurótica sobre personajes neuróticos a quienes les sucede un ininterrumpido anecdotario neurótico, ingredientes que particularmente me fascinan.

portada-malogrado_grandeTres amigos, entre los que se encuentra el gran genio del piano Glenn Gould, acuden a las clases magistrales de Vladimir Horowitz en Viena. Uno de ellos se suicida y otro cuenta la historia en primera persona. De Glenn Gould sabemos de su muerte súbita por las biografías oficiales. Por cierto, si el lector llegado a este punto, aún no ha escuchado las Variaciones Goldberg de Bach interpretadas por él, que olvide estas palabras mías pamplineras y las interrumpa sin demora. Yo las escuché por vez primera a los 17 años en casa de un íntimo amigo de estudios. Tenía un aparato de alta fidelidad de los 80, y buen lote de clásicos en las estanterías. Apenas podíamos poner nombre a lo que nacía en los dedos de Gould. Nos dejaba en suspenso su manera de respirar y canturrear mientras atacaba el tema.

Las Variaciones se han usado repetidas veces en bandas sonoras de películas (menciono un par de ejemplos ya conocidos, El silencio de los corderos y el documental sobre el alzheimer de Pascual Maragall).

Si la escritura de Charles Péguy es deliberadamente repetitiva por su tono rapsódico, la de Bernhard es cíclica y obsesiva. Vuelve una y otra vez sobre los hechos con mínimas aportaciones novedosas, con lo cual exige del lector una sobrecarga de atención. La novela no tiene un solo punto y aparte, pero es asunto menor, que no incomoda. Es un estudio breve sobre la fragilidad del hombre y de esa línea tan sutil que separa al loco del cuerdo. “Si no hubiera conocido a Glenn Gould no habría renunciado a tocar el piano, y me habría convertido en virtuoso del piano, y quizá, incluso, en uno de los mejores virtuosos del piano del mundo. Cuando encontramos al mejor, tenemos que renunciar“. Es la incapacidad de desarrollar la propia vocación cuando aparece un astro que coloca en sombra el resto de la existencia.

Hay una tesis de fondo en El malogrado que me hizo pensar: la incomprensión mutua entre la gente compleja y la sencilla. “Wertheimer describía a menudo cómo había fracasado en su necesidad de estar con las llamadas gentes sencillas, es decir, con el llamado pueblo, y muchas veces contó que había entrado en la Dichtelmühle con el fin de sentarse a la mesa del pueblo, para comprender, ya al primer intento de esa dirección, que era un error creer que personas como él, Wertheimer, o como yo, pudieran sentarse sencillamente a la mesa del pueblo. Sencillamente nacimos ya en otra mesa muy distinta, no en la mesa del pueblo“.

bernhard_thomasY mucho antes, “las gentes sencillas no comprenden a las complicadas y las rechazan más despiadadamente que todas las demás, pensé. El mayor error consiste en creer que las llamadas gentes sencillas salvarán a uno. No va a ellas, en la mayor necesidad, y les mendiga que lo salven, y ellas lo arrojan a uno todavía más profundamente a la desesperación“.

Es un análisis que no me sorprende. En las personas complicadas existe un ingrediente cualitativo de ruptura con el mundo, porque todo lo magnifican. Hay una voluntaria exageración, una distorsión de cuanto ocurre, una alquimia maldita… Los sencillos no conocen los derroteros de los complejos y los dejan cavilando en sus particulares locuras.

Esta novela es una buena introducción a Bernhard, y un placer para quienes amamos la música y no tenemos miedo de los registros más frágiles del hombre.

Javier Alonso Sandoica

Comentarios

  1. Resulta significativo que alguien que lleva toda la vida dedicado a la escritura y a la lectura y que es académico de la Lengua declare haber empezado a leer a Bernhard ahora. ¿Qué hizo, qué leyó hasta ahora?¿Cuánto valen sus opiniones sobre otros escritores si no había leído a Bernhard?

  2. Teresa Campoamor dice:

    Estoy de acuerdo en que la gente sencilla no comprende a las personas complicadas, no en que los complicados exageren de una forma voluntaria. Creo que son presos de sus traumas y que no saben tener otra mirada. La respuesta al trauma es individual y depende de gran diversidad de factores, tanto de tu genoma como de tu fenoma. El ser complicado acarrea una dosis considerable de sufrimiento y de soledad, por otro lado al ser personas que se interrogan mucho más, a mí me parecen mucho más interesantes.

  3. Alucine con A. M. Molina… con su ignorancia de Thomas Berhnar y sus libros, pasmosa historia. Leo a Thomas Berhnar desde Trastornonen 1978, con inmenso placer.

  4. Cuando Molina comento desconocer a T.B….pense que yo acertara no leyendo nigun libro de Molina…que no leere…pero si tengo a todo T.B.

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