Jueves, 17 Agosto, 2017

Dúo para uno


Paul Ricoeur

Paul Ricoeur

Uno de los filósofos más notables de la segunda mitad del siglo XX es el francés Paul Ricoeur, pensador que se distinguió por su dedicación a la hermenéutica o ciencia de la interpretación. Lo que en principio comenzó siendo una disciplina orientada a la comprensión de textos bíblicos, evoluciona merced a diversos autores ⎯Dilthey, Heidegger, Gadamer⎯ hacia objetivos mucho más ambiciosos y amplios y concluye por abordar la interpretación del mundo como si éste fuera un inmenso mensaje que debemos descifrar: existir consiste en comprender el texto del mundo. El desarrollo de la hermenéutica es un buen ejemplo de la tendencia universal del ingenio humano a generalizar y a comprender más profundamente por el procedimiento de extraer las consecuencias últimas y las implicaciones totales de los hechos en los que el hombre centra la atención.

Tumba de Marx

Tumba de Marx

A Paul Ricoeur debemos una intuición genial que aparece en un libro que dedica en 1970 al padre del psicoanálisis: Friedrich Nietzsche, Karl Marx y Sigmund Freud son los maestros de la sospecha. Estos autores, según el pensador francés, parten en sus obras filosóficas de una consideración determinada de la conciencia: Para Nietzsche la conciencia del hombre queda falseada por el resentimiento; para Marx, por los intereses económicos; para Freud, por la represión del inconsciente. Asimismo los tres autores coinciden en su ateísmo, y en la consideración de Dios como argumento adormecedor que amortigua la perspicacia de la conciencia.

Pese a que los tres autores han sido superados en sus análisis filosóficos y nadie serio cree que sean figuras centrales en la economía, la psicología o la filosofía modernas, sin embargo han dejado una gigantesca huella en la sociedad, en el arte, en la política y en la cultura de nuestro tiempo. Sin perjuicio de que sus obras contengan intuiciones brillantes, o que algún aspecto parcial de sus respectivos discursos tuviera sentido cuando fue expuesto, han quedado superados por pensadores posteriores y deberían permanecer a buen recaudo en el libro de lo que nunca debió ser considerado como filosofía. Pero lo cierto es que todavía hoy importantes sectores universitarios defienden su plena vigencia e incluso hay partidos con cierto apoyo electoral que concurren a los comicios con las ideas de Marx como referencia última de su programa político.

Tumba de Freud

Tumba de Freud

Las hermenéuticas de Freud, Marx y Nietzsche, que explican el alma humana únicamente en clave de represiones y complejos, materialismo histórico y lucha de clases, voluntad de poder y eterno retorno, son un indigesto producto del romanticismo que quedará para siempre con nosotros no tanto por lo que sostienen, sino porque han instaurado la idea fuerza de que todo hecho social, histórico, psicológico o biográfico es problemático. Esta problematización omnicomprensiva no deja espacio en la conciencia del hombre para fenómenos esenciales como el altruismo, la bondad, el amor, la amistad, la belleza, la libertad, la objetividad, el deporte, el comercio, las relaciones laborales respetables y sanas, el bienestar, el sexo, el ocio. Todo es consecuencia de un conflicto, todo es el instrumento de algo que pretende usurpar o expropiar o alienar o coartar. El mundo actual, por lo que parece, es un interminable catálogo de averías y agravios.

“Alguien que insista en decir que hay un problema acabará teniendo razón antes o después”

Tumba de Nietzsche

Tumba de Nietzsche

Hay otro aspecto que hace especialmente dañinas las ideas de estos tres eficacísimos heraldos de la desgracia: En sus execrables teorías, la responsabilidad brilla por su ausencia. Nadie es causante de lo que le ocurre. La culpa de los males propios siempre está fuera, es de otro, o de la historia, o de la geografía, o del capital, o de la reacción, o de las instituciones. Y el caso es que al menos dos de los tres mentecatos ⎯es decir ‘mente captus’: tenían la mente cogida⎯ sabían que no estaban en lo cierto: La relación de tongos protagonizados por pacientes supuestamente curados por Freud es extensa, y hubieron de sufragarse pensiones para que no fueran desacreditadas las sesgadísimas teorías anticientíficas del psiquiatra austriaco. Se conservan las cartas en las que Marx da consejos a sus amigos sobre cómo especular en la Bolsa de Londres. En cuanto a Nietzsche, que irónicamente está enterrado en el cementerio de la iglesia del pueblo donde nació, una simple frase del Zaratustra debería ser suficiente para situar la verdadera categoría de su pensamiento: ‘¿Vas con mujeres? No olvides el látigo’.

 

EN EL TEATRO LA GUINDALERA

Tom Kempinski

Tom Kempinski

Tom Kempinski es un actor y dramaturgo inglés nacido en 1938. No sabía de él hasta que he asistido a una representación de la soberbia pieza ‘Dúo para uno’⎯ aunque aquí se presenta con el título original en inglés⎯, inspirada en las visitas al psiquiatra de Jacqueline du Pré, la inolvidable violoncellista británica casada con Daniel Baremboim que en la cumbre de su carrera se vio aquejada por la esclerosis múltiple y hubo de abandonar la interpretación. Falleció a consecuencia de la enfermedad catorce años más tarde, a los cuarenta y dos. En la representación madrileña, la infortunada intérprete está encarnada por una espléndida María Pastor, mientras que el papel del irritante psiquiatra recae sobre su padre en la vida real, Juan Pastor.

María Pastor

María Pastor

El texto de Kempinski no llama a los protagonistas de esta historia por su nombre, y con total seguridad especula en torno a lo que du Pré pudo vivir y sentir a consecuencia de su enfermedad y de las repercusiones que ésta tuvo sobre su matrimonio. El papel del psiquiatra, sensacional por su capacidad para sembrar el desconcierto en la cellista, es una refinada ilustración del éxito que han tenido los maestros de la sospecha en el inconsciente colectivo. Me explico: en lugar de escandalizarnos, nos parece normal que el psiquiatra ⎯que en principio es un profesional que se debe al juramento hipocrático⎯ se dedique a herir en vez de dedicarse a ayudar a su paciente. Por boca de María Pastor, du Pré asegura que está feliz y que ha conseguido superar la adversidad, que tiene nuevos proyectos y va a salir adelante, pero el psiquiatra se debe a Marx, a Freud, a Nietzsche, y su paciente tiene que estar resentida, seguro que es falso lo que está diciendo.

Este gran espectáculo teatral pone de manifiesto uno de los mayores engaños de nuestra época. La búsqueda de la verdad, que es tan necesaria y tan importante en el ámbito científico y técnico, puede ocasionar irreparables destrozos en la delicadísima sensibilidad del género humano. Además nos recuerda una cosa terrible: alguien que insista en decir que hay un problema acabará teniendo razón antes o después.

Álvaro Fierro Clavero

Comentarios

  1. De los tres autores polémicos, el que más me interesó fue Freud y la verdad de sus teorías. A este respecto es aleccionador y abre los ojos sobre el tema el libro titulado “El asalto a la verdad” de Moussaieff Masson, que fue director de proyectos de los Archivos de Sigmund Freud, publicado por Seix Barral, Barcelona, 1985.

Deja un comentario