Viernes, 23 Junio, 2017

Álvaro Mutis… por el foro


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Hace un mes, y a sus 90 años, hizo mutis por el foro y se marchó a otro escenario, mucho más amplio y luminoso, que lo esperaba tras la muerte. Álvaro Mutis fue Premio Cervantes, recibió también el Príncipe de Asturias, el Reina Sofía de Poesía y el Nacional de las Letras. Pero no todo de un tirón, que lo humano se forja andando muy despacio. Nació en Colombia, se puso a escribir en verso y no lo dejó nunca.

El premio Nobel Orhan Pamuk, afirmó en una ocasión que un poeta es alguien a través del cual Dios habla. Es mucho decir, pero Pamuk entiende que todo poeta barrunta el misterio tras la superficie. Mutis lo decía de forma marinera al comparar al poeta con un gaviero. El gaviero es el marinero que cuida de la gavia, y la gavia es la vela más alta del barco. Y ahí arriba está el poeta, el primero en enterarse de las cosas por venir, la tierra firme, las borrascas, los barcos enemigos… Ve aquello que los demás no alcanzan y es el primero en contárselo a todos.

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El poeta puertorriqueño y sacerdote franciscano Ángel Darío Carreño, tuvo un encuentro con Mutis en el año 2007. En aquella conversación hablaron mucho de Dios, que parece el gran ausente de la obra del colombiano. En cambio, todos los poemarios de Darío Carreño llevan a Dios por testigo. En los versos de “Llama del agua”, por ejemplo, entra al trapo en el vaivén de ese misterio de las palabras y los silencios divinos: “Señor,/ tú hablas/ y yo lo convierto/ en palabra. Señor,/ tú callas/ y yo amo las palabras”. Por eso Carreño quería provocar a Mutis, interrogarlo por la ausencia visible de Dios en la letra de sus poemas.

Le espetó directamente “la figura de Jesucristo está prácticamente ausente de su obra”, y Mutis le responde “es así, porque no me atrevo. Es un silencio por respeto. ¿Qué puedo decir yo de Él? Para eso hay que tener unas condiciones particulares que yo no tengo. Haber recibido de lo sagrado unas posibilidades de acercarme más estrechamente a esas verdades esenciales. Claro que escribo poesía, que es en sí una llave de lo sagrado”. Más que al presunto puritano que no se atreve a tocar a un Dios encarnado, en sus palabras descubrimos las virtudes de un ser humano exigente. No por ser escritor de prestigio estás habilitado para hablar de todo. Y traducir a Dios en verso, para hacerlo legible y próximo, es cosa de muy pocos. Y así murió, “soy cristiano, católico, romano, con todas las dudas y las luchas que es normal que tenga una persona que tiene fe”.

Javier Alonso Sandoica

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