Miércoles, 26 Abril, 2017

Lecturas y audiciones de verano


Un libro no puede ocupar el sitio del mundo.
Franz Kafka

 Nunca he sido un lector profesional, lo cual tiene la ventaja de que uno se deja llevar por recomendaciones, intuiciones y gustos, y la desventaja de las enormes lagunas a las que da lugar: hay autores que uno tiene la sensación de que debería haber leído, y sin embargo permanecen todavía en el enorme capítulo de lo pendiente, lo cual es, si bien se examina, una enorme suerte. Hay otra desventaja de leer sin planes previos: uno ha llegado a ciertos libros de manera prematura, sin la capacidad intelectual imprescindible para acometerlos y situarlos adecuadamente en la precaria red personal de su conocimiento. Estos libros leídos a destiempo quedan como pequeños monstruos en nuestro corazón a los que conocemos de forma ignara, si es que es posible conocer de semejante manera.

Todos los veranos me propongo abordar libros que durante el curso no tengo tiempo de leer. Hago planes ambiciosísimos para quedar bien conmigo mismo que sé que no podré llevar a cabo, lo cual revela que se trata de planes correctos, como es natural, ya que los libros que finalmente no he conseguido leer quedan pendientes de una manera especial: tengo la absurda sensación de que les he fallado y siento una obligación para con ellos y para con las personas que me los han recomendado, ya que pocas cosas hay en la vida más satisfactorias que recibir la llamada de alguien para agradecerte una recomendación lectora.

Con la música ocurre algo parecido. Es impresionante lo que los músicos clásicos han compuesto, y mi intento por escucharlo todo resulta conmovedor e imposible de cumplir. Además es imprescindible repasar la música que uno ama y la que uno conoce de manera difusa. Sin embargo, con respecto a la lectura hay, al menos en España, una diferencia fundamental: es mucho más difícil encontrar a alguien que esté verdaderamente interesado en apreciar y conocer la música culta, de modo que uno se siente mucho más solo. ¿Cómo es posible que el patrimonio musical que merece verdaderamente la pena sea tan poco tenido en cuenta por una sociedad como la nuestra? Valle-Inclán dejó dicho al comienzo de su preciosa Sonata de estío: ‘Sólo dos cosas han permanecido arcanas para mí: el amor de los efebos y la música de ese teutón que llaman Wagner’. Y es que el demiurgo gallego, de consuno con la inmensa mayoría de la intelectualidad literaria española anterior y posterior, no pierde ocasión de evidenciar su amusia: En otra feliz circunstancia mencionó que sólo era capaz de reconocer un tipo de música: el pasodoble.

En fin, he aquí un pequeño recorrido por lo que he leído y lo que he escuchado este verano:

 

LECTURAS:

 

Paul Davies

Paul Davies

Paul Davies. Dios y la nueva física. Biblioteca científica Salvat.

La obra está escrita en 1983 y proporciona los elementos para la comprensión de Dios a la luz de la física, aunque este Dios esté más próximo al panteísmo que al cristianismo. En el último capítulo leemos frases como ‘A pesar de los éxitos espectaculares de la ciencia moderna, sería insensato suponer que se ha dado respuesta a las preguntas fundamentales sobre la existencia de Dios, el propósito del Universo o el papel de la humanidad en el esquema natural y sobrenatural’, o bien ‘Entiendo que la ciencia ofrece un camino más seguro que la religión para la búsqueda de Dios’.

El cosmólogo británico recibió el premio Templeton en 1995 por su contribución al progreso de la religión, lo cual no resulta fácil de aceptar para los sectores más ortodoxos a la luz de su cuestionamiento de tantas cosas. Me encantaría leer otro libro suyo posterior, publicado en 1992, que se titula ‘La mente de Dios’.

 

Alfredo Fierro

Alfredo Fierro

Alfredo Fierro. Después de Cristo. Editorial Trotta.

Este libro constituye algo así como el acta notarial de los pasos que la comunidad cristiana ha seguido desde los orígenes hasta nuestros días. Tras describir minuciosamente los orígenes del gran proyecto cristiano desde los evangelios y las epístolas de San Pablo, Alfredo Fierro recorre cronológicamente los principales hitos que han marcado el desarrollo de la religión cristiana hasta nuestros días. La obra bucea en lo que pudo ser la figura del histórico Cristo original y las incontables transformaciones a las que ha sido sometida, y es especialmente crítico con aquellos aspectos que han quedado insertos en la doctrina y que son insostenibles a juicio del autor. El libro constituye un alegato formidable en favor de la verdad histórica y espiritual del cristianismo, pero puede chocar con la sensibilidad religiosa de los lectores más dogmáticos o menos informados.

 

Gerard t'Hooft

Gerard t’Hooft

Gerard ‘t Hooft. Partículas elementales. Editorial Crítica, colección Drakontos.

Su autor es uno de los más eminentes físicos fundamentales vivos y recibió por sus contribuciones el premio Nobel de física en 1999. En su trayectoria científica ha acometido el apabullante reto de construir una mecánica cuántica determinista, lo cual contraviene el magno principio de indeterminación de Heisenberg y se opone a la interpretación de Copenhague puesta en circulación por Niels Bohr, según la cual el comportamiento de la materia y la energía en el ámbito cuántico es intrínsecamente probabilístico. De acuerdo con esta interpretación predominante entre los físicos actuales, entes como el electrón están simultáneamente en más de una posición. En la carta más famosa del siglo XX dirigida en 1944 al gran Max Born, Albert Einstein manifestó su rechazo hacia una naturaleza en la que las cosas sean así: ‘Tú crees en el Dios que juega a los dados y yo en un orden y una ley acabados de un mundo que, de una manera frenéticamente especulativa, estoy tratando de capturar’. La visión de Einstein ha dado lugar a la teoría de las variables ocultas defendida por Hooft, según la cual tenemos una visión probabilística de la física a causa de nuestra ignorancia de unos principios que todavía esperan ser descubiertos.

El profesor Hooft describe cuál ha sido la evolución de nuestra manera de comprender la naturaleza íntima de la materia a través de los descubrimientos acaecidos a partir del año 1973, cuando comenzó su brillante carrera, junto con los antecedentes que el lector necesita para adentrarse en el asunto. A mi entender son dos las razones que hacen particularmente valioso este libro: Por un lado se trata de algo parecido a un diario intelectual de la física cuántica en el que Hooft expone cómo, cuándo y por qué surgen algunas de las teorías total o parcialmente vigentes: el campo de Yang-Mills, la electrodinámica cuántica, la unificación de la teoría electromagnética y la fuerza electrodébil, o el mecanismo de Higgs que permite que las partículas elementales tengan masa.

La amenísima y algo compleja exposición de Hooft también incluye jugosas opiniones acerca de las teorías que se han quedado en el camino, así como no pocas intuiciones y opiniones: qué le gusta de una teoría, qué condiciones deberían cumplir las teorías futuras, por qué no puede ser cierto esto o aquello, por más que multitud de físicos sean de una determinada opinión. En segundo lugar se trata de una exposición ordenada del complejísimo modelo estándar del átomo accesible para el profano que esté armado de cierta constancia y haya estudiado algo de física: Gracias a Hooft podemos asomarnos al microscópico y vertiginoso inframundo de leptones, gluones, fotones y quarks junto con sus misteriosas interacciones.

En el colegio y en la universidad se enseña el saber ordenadamente, pero la batalla de la humanidad por adquirirlo está llena de no pocas vacilaciones, errores y asuntos que permanecen inexplicados durante largo tiempo, lo cual puede constatarse en esta obra ejemplar.

 

“De todas las personas que hemos sido, ¿cuándo hemos consistido verdaderamente en nosotros?”

 

Emile Zola

Emile Zola

Émile Zola. Germinal. Leído en pdf.

El titán francés entregó esta novela a la imprenta en 1885, y en ella describe la sociedad alienada y espantosa a la que dio lugar la revolución industrial. La minería de la época convertía a los seres humanos en un mecanismo más del engranaje extractor y procesador puesto en marcha sin consideración alguna hacia la salubridad y la vida. Al leer a Zola uno tiene la sensación de que aquello no podría ser descrito de otra forma: las anécdotas resultan poderosísimas y conmovedoras, la atención a los distintos frentes narrativos es un modelo de equilibrio, los personajes, tanto los principales como los secundarios, resultan inolvidables. Este hombre todo lo hacía bien, y su libro se inscribe justamente en el olimpo literario del siglo de la novela.

Por otra parte, el mundo que describe Germinal parece ser la única industria con la que algunos políticos actuales ha tenido contacto, a juzgar por el simulacro minero anual que el partido socialista organiza en Rodiezmo todos los años para iniciar el curso ⎯salvo éste, al parecer⎯. Ahora las cosas en absoluto son así, por más que algunos concurran a las elecciones pensando que el mundo es como lo describieron Bakunin y Proudhon. Información complementaria: El que esto escribe ha trabajado más de dos décadas en la industria pesada.

 

Herberto Hélder

Herberto Hélder

Herberto Hélder. Antología. Debolsillo.

El desconocimiento de la cultura portuguesa es portentoso en España. Únicamente creadores aislados, como Pessoa o Saramago, o quizá Lobo Antunes o el cineasta Manoel de Oliveira, han conseguido cruzar la frontera hispano portuguesa, pero entre nosotros es moneda común desconocer una ilustrísima contribución literaria, pictórica o musical que muy bien podría interesarnos. España tiene una gran deuda con la hispanofilia portuguesa de Miguel Torga, Eugenio de Andrade, Maria Joao Pires, Paula Rego o el autor que aquí comentamos: Herberto Hélder.

Nuestro poeta vive aislado de todos y de todo en su Madeira natal. Según me contó un librero de la preciosa villa medieval de Óbidos, Hélder impone que las tiradas de sus libros sean muy cortas, de modo que en Portugal todos sus libros están agotados. No concede entrevistas, no acepta premios, es un gran poeta y además es amante de España. En algún sitio he leído a cierto crítico que situaba a Hélder en la órbita de nuestro Vicente Aleixandre, cosa que a mí no me parece muy cierta, sin perjuicio de que es posible encontrar territorios comunes entre cualquier pareja de creadores que uno pueda imaginar aleatoriamente.

La caudalosa y contundente poesía de Hélder es un modelo de potencia sintáctica y su discurso es por completo ajeno a la retórica.

 

Francisco Ferrer Lerín

Francisco Ferrer Lerín

Francisco Ferrer Lerín. Familias como la mía. Tusquets.

España es el país que inventó la novela moderna, pero nadie podría deducir este hecho a la luz de lo que ahora es común leer en nuestro país. El mundo novelístico español está dominado por los escritores que publican en los periódicos y que se benefician de sinecuras diversas. Contra lo que podría pensarse, el ocupar tribunas mediáticas y el beneficiarse de cargos y encargos no les ha servido a nuestros jeques literarios para enterarse de lo que ocurre más allá de su círculo de confort ni para ponerse al día de cómo se escribe ahora por ahí. Un ejemplo sencillo: Los atentados de Atocha del 11 de marzo de 2004 no han merecido, al cabo de una década larga, una sola novela de ninguno de los autores que cortan el jurel de las ventas y pretenden cortar el bacalao de la literatura: Muñoz Molina, Marías, Grandes, Chirbes, Pérez Reverte, Silva, Vila Matas, Ruiz Zafón, Achaga, Cercas, Longares, Rosa, Millás, Pombo, de Prada …

El justamente admirado Roberto Bolaño dedicó una sección entera de su apabullante novela 2666 a relatar cien asesinatos que tienen lugar en la frontera estadounidense de México, el país de su juventud. El anteriormente mencionado Zola dirige su mirada a las condiciones laborales de sus contemporáneos, Proust, Galdós, Valle Inclán hablan de lo que han vivido y conocen, y gracias a eso sus libros son actuales y continúan emocionándonos al cabo de los años. Como es natural, los autores pueden optar por registros imaginativos o poéticos y conformar asimismo una obra admirable, como es el caso de Lezama Lima, Hermann Broch o tantos otros. Sin embargo en España no se opta ni por una vía ni por la otra: nuestros falsos escritores están interesadísimos en una Guerra Civil que no han vivido en primera persona ⎯posiblemente el número de novelas dedicadas a nuestra contienda supere el millar⎯, pero su pretendido interés por lo histórico queda desmentido por el desdén que muestran hacia la actualidad de la que han sido testigos.

En este contexto de falsos valores encumbrados sin ningún merecimiento por grupos editoriales y periodísticos con la anuencia de la sociedad menos lectora de Occidente, llama la atención esta obra auténtica escrita, como es lógico, por alguien que no suscita el interés del público ni de la crítica en general. Ferrer Lerín echa mano de lo que mejor conoce, su propia vida, para armar una novela que no se casa con nadie en la que relata las andanzas de un moderno jugador de póker barcelonés aficionado a los pájaros que remite a las grandes creaciones novelísticas de la picaresca de nuestro Siglo de Oro.

La demostración de independencia literaria y estética nos la da Ferrer Lerín cuando retrata a los primeros nacionalistas que empezaron a aparecer por la capital catalana en los años sesenta (p. 26): «Gentes del interior de Cataluña […] empezaron a abandonar sus campamentos agrícolas […]: ante la dificultad para expresarse ⎯para competir⎯ en castellano optaron por hacer del catalán su modo único de comunicación, encontrando, frente a todas las previsiones, el apoyo de emigrantes de segunda generación, especialmente aragoneses, que así creían subir un peldaño en la escala social y dejaban de ser unos parias».

 

Alasdair Gray

Alasdair Gray

Alasdair Gray. Lanark. Ediciones de Blanco Satén.

Tras haber comprado un ejemplar a través de Iberlibro, ya que la obra estaba agotada en librerías normales, me encuentro con que acaba de reeditarla Marbot. Llevaba mucho tiempo queriendo echarle el ojo a esta obra mítica de la literatura fantástica escocesa, pero lo cierto es que me he llevado una gran decepción y he sido incapaz de acabar siquiera el primero de los cuatro libros de que consta. El autor parece un hombre de gran imaginación, pero fracasa a mi entender porque pretende ser creativo y fantástico en todas y cada una de las páginas y párrafos, lo cual acaba por saturar. Gray parece más interesado en mostrarnos un mundo en el que pasan cosas extrañas que en contarnos una historia atractiva, al menos para quien esto escribe. O acaso piense que los mundos alternativos de interés literario tienen que ser totalmente diferentes al nuestro. Como es natural, seguro que encantará a lectores de distinta naturaleza a la mía.

 

Patrick Modiano

Patrick Modiano

Patrick Modiano. En el café de la juventud perdida. Anagrama.

Ciertos libros tienen la capacidad asombrosa de devolvernos a etapas de nuestra vida que han quedado atrás. ‘Recordar’ viene de la palabra latina ‘cor-cordis’, corazón, y es que cuando recordamos, sentimos de nuevo el pecho como cuando teníamos menos años y, en cierto sentido, éramos una persona distinta. Quizá sean la música y la literatura las dos manifestaciones humanas con mayor capacidad para este tipo de viajes interiores en los que nos convertimos en melancólicos turistas de nuestra propia identidad. De todas las personas que hemos sido, ¿cuándo hemos consistido verdaderamente en nosotros?

El libro tiene la apariencia de una obra pequeña: se trata de un volumen breve que gira en torno a una mujer de la que poco se sabe. Modiano presenta una peripecia circunstancial y frágil que sin embargo nos remite eficacísimamente a multitud de mujeres llenas de gracia por las que acaso hubiéramos debido interesarnos siglos atrás, cuando ser otro era posible. El final es conmovedor, contundente, inevitable.

 

Pedro Gómez Esteban

Pedro Gómez Esteban

Pedro Gómez Esteban. Las ecuaciones de Maxwell. Lulu.

Tres son las razones principales por las que he comprado y leído este libro: En primer lugar Pedro Gómez Esteban es un físico que ha creado eltamiz.com, una página ejemplar de divulgación de física. Su lema es ‘antes simplista que incomprensible’, y lo cierto es que consigue explicar a las personas con interés ciertos arcanos de la naturaleza. Sus series dedicadas a Termodinámica, Electricidad o Relatividad Especial son un modelo de divulgación seria que está mucho más allá de lo que comúnmente encontramos en documentales o en internet.

La segunda razón es que Gómez Esteban se ha animado a editar en libro físico sus series de artículos de internet de la mano de Lulu, una editorial que está revolucionando el sector y que tenía ganas de conocer. Lo cierto es que se trata de un volumen modesto pero dignísimo, perfectamente adecuado para los fines que persigue, y que muy posiblemente no hubiera tenido cabida en lo planes editoriales que están en marcha. El concepto mismo de la edición ha cambiado para siempre y para bien, y los autores actuales no tienen por qué someterse al criterio de tantos editores ignaros. Ya sé que existen muchas editoriales prestigiosas que realizan una encomiable labor, pero se han quedado pequeñas ante la multiplicación de iniciativas de la nueva etapa de la historia en que nos encontramos. Por otro lado, las penalidades que Proust, Vallejo, Juan Ramón Jiménez o tantos otros autores de primera fila hubieron de pasar para ver editadas sus obras hubieran sido distintas de haber contado con editoriales como Lulu.

Por último, tenía ganas de volverme a encontrar con el logro máximo de la filosofía natural del siglo XIX: Físicos eximios como Faraday, Coulomb, Oersted, Ampère, Thomson o Volta habían mostrado la relación existente entre dos fenómenos aparentemente distintos: la electricidad y el magnetismo, pero hizo falta la contribución del genio matemático de James Clerk Maxwell para, con la ayuda de Oliver Heaviside, producir las extraordinarias cuatro ecuaciones en las que se cifra la naturaleza de ambos fenómenos desde un punto de vista macroscópico. El majestuoso, aunque no definitivo, edificio de la física del siglo antepasado se completa con una quinta ecuación de la que es responsable el insigne Lorentz y que determina la fuerza que experimenta una partícula cargada en el seno de un campo electrostático.

Fueron las ecuaciones de Maxwell, y no el célebre experimento de Michelson y Morley, las que inspiraron a Einstein a la hora de redactar el artículo más importante del siglo XX: ‘Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento’, en el que sienta las bases de su Teoría Especial de la Relatividad y se anticipa a los dos genios que a punto estuvieron de descubrir por su cuenta la nueva teoría: el propio Lorentz y Poincaré.

 

John Irving

John Irving

John Irving. Personas como yo. Tusquets

Le he leído a Rodrigo Fresán que John Irving es el Dickens del siglo XX. Imagino que lo dice con pretensión de elogio. Yo nunca había leído una novela de este prestigioso autor  y, por lo que he podido rastrear en internet, no he tenido mucha suerte al optar por su última publicación, ya que parece que otras obras suyas son mejores. Cualquiera sabe. Me ha parecido un autor muy valiente y muy capaz, aunque tengo la impresión de que es un tanto caótico y confuso en su modo de narrar. Demasiados avances y retrocesos, demasiados detalles no fundamentales. Hay algo que me molesta especialmente, y que según creo es común en su obra, y es que pretenda defender con demasiada claridad una determinada tesis. Todos tenemos ideas, salvo quizá Mariano Rajoy, pero eso no significa que deban defenderse de manera tan militante en una obra de creación.

Desde la espléndida novela ‘El legado de Humboldt’ de Saul Bellow no veía aparecer Madrid en una novela norteamericana. Irving cuenta en una entrevista que se dirigió a amigos suyos para aconsejarse a propósito de dónde sería más adecuado situar una determinada parte de la historia, y el consejo que recibió fue Madrid. Al parecer mi ciudad es mundialmente famosa por algo que deducirán los que lean este libro.

 

 

AUDICIONES:

Pese a que he escuchado multitud de música de distintos autores y épocas, me he centrado especialmente en dos autores que para mí son problemáticos y en el autor al que amo por encima de todos:

 

Benjamin Britten

Benjamin Britten

Obra de Britten

No pocos de mis amigos melómanos son abiertos defensores de la música del compositor inglés. Sin ir más lejos, recientemente Javier Alonso comentaba elogiosamente la recientísima interpretación en el Auditorio Nacional del ‘Réquiem de Guerra’. A mí Britten no consigue interesarme: se trata de un músico clásico y, por tanto, sus piezas deberían decir algo con nitidez, pero a mí me parecen deambulatorias, interminables, aburridísimas, y el esfuerzo que he hecho este verano no ha hecho cambiar mi antigua impresión.

Un ejemplo: En su ‘Guía de orquesta para jóvenes’, tras exponer el maravilloso motivo inicial tomado de Purcell, la música se suspende y durante largos compases es el intérprete de la caja el que lleva el peso de la partitura. Si alguien empieza con una música tan majestuosa, ¿por qué se dedica a cercenar súbitamente el interés del espectador con una peroración de la percusión a solo?

Sospecho que se trata de un compositor que intentan promover las autoridades culturales inglesas, ya que si se examinan las estadísticas de Opera Base encontramos que sus óperas se representan con mucha frecuencia en las Islas Británicas, pero mucho menos fuera de ellas. Pese a su dedicación al género (compuso nada menos que quince óperas) no termina de cuajar sin ayuda estatal. Algunos melómanos ingleses con los que intercambio opiniones tampoco tienen mucho a favor que decirme.

Acaso salvaría su juvenil Sinfonía Simple y su Serenata para tenor, trompa y orquesta de cuerda.

 

Dimitri Shostakovich

Dimitri Shostakovich

Sinfonías de Shostakovich

La música de Shostakovich es muy interesante porque ha quedado como una península de tonalidad y clasicismo (a su manera) en medio de la música vanguardista que se componía en Occidente en la época. Si a esto se une que Shostakovich fue un orquestador magistral y que desarrolló su carrera bajo la espantosa férula de Stalin ⎯lo que le llevó a subtitular su Quinta Sinfonía nada menos que ‘Respuesta de un artista soviético a unas críticas justas’⎯, lo cierto es que tiene muchas condiciones para ganarse la simpatía del melómano.

Sin embargo hay varias cosas del músico ruso que a mí me resultan tediosas: En general sus ideas musicales son poco interesantes, sin perjuicio de que ocasionalmente asome alguna idea inspirada y atractiva, y su música es temperamentalmente muy estrecha. No encontramos en su obra toda la diversidad de estados del alma que sí encontramos en las obras de otros grandes compositores que también llevaron vidas muy difíciles.

Los valedores del músico ruso citarán muchas obras magistrales: Su gran ópera Lady Macbeth, la cantata La ejecución de Stefan Razin, algunas de sus obras concertantes (especialmente su Segundo Concierto para piano y su Concierto para trompeta y piano), su Quinteto con piano, su Sonata para cello y piano, y al menos cinco o seis sinfonías y otros tantos cuartetos. Sin duda es cierto que se trata de un compositor muy importante, pero carece del encanto de algunos contemporáneos suyos también rusos y a mi entender se encuentra sobreprogramado a causa de que las orquestas necesitan sinfonías, y eso es algo que Shostakovich compuso en gran cantidad. Para la historia ha quedado la tremenda opinión de Paul Hindemith sobre la plúmbea Séptima Sinfonía del compositor: ‘es basura despreciable’.

 

Johannes Brahms

Johannes Brahms

La música de cámara de Brahms

Las obras del autor hamburgués más programadas y conocidas por el gran público son su sublime ciclo sinfónico, los dos conciertos para piano y el Concierto para violín. Este conjunto extraordinario constituye uno de los pilares del repertorio y marcan, junto con las obras de Beethoven, Schumann, Mendelssohn y Wagner, el cénit de lo que ha aportado Alemania durante el Romanticismo musical. Brahms fue capaz de sobreponerse a la tutela del músico máximo que ha producido la humanidad y sacó adelante una obra interminablemente conmovedora y potente, hondísima, melancólica y humana como ninguna otra. Sin embargo es menos conocida por el aficionado su música de cámara, que asimismo comprende obras de una belleza incomparable. Sus dos Quintetos ⎯el juvenil con piano y el compuesto para clarinete al final de su gloriosa carrera⎯, sus tres Cuartetos con piano, sus dos Sonatas para cello y piano, su Trío para violín, trompa y piano, las tres Sonatas para piano y violín, su Trío para clarinete. Mención aparte merece su portentosa Tercera Sonata para piano y las colecciones finales de piezas breves para teclado, compuestas cuando estaba cercano su abandono de la composición y acaso ya crecía en su interior el cáncer que acabó con su vida. En mi opinión constituyen lo más emocionante de su excelso legado.

Brahms estaba impresionado por la música de Beethoven y eso le causó una gravísima inseguridad y una autoexigencia excesiva durante los comienzos de su carrera. Al parecer compuso una inmensa cantidad de música que luego destruyó antes de dar al público las creaciones que conocemos. Se cree que redactó alrededor de una veintena de piezas para cuarteto de cuerda previas a su primera obra dedicada esta combinación instrumental en la que, pese a tanto esfuerzo, no alcanzó las cotas a las que su ídolo había llegado.

Buena parte de sus contemporáneos y del público en general lo consideraron un músico conservador frente a la línea estética de la nueva música que encarnaban Wagner y sus sucesores y que acaba culminando con la destrucción de la tonalidad. Sin embargo el propio Arnold Schönberg, el mayor genio armónico de todos los tiempos, le dedicó a nuestro compositor un célebre artículo, ‘Brahms el progresivo’, en el que lo defiende ante Wagner, y asimismo orquestó espléndidamente su Cuarteto con piano en Sol Menor op. 25 para consuelo de los que nunca escucharemos una Quinta Sinfonía de Brahms. Schönberg estaba fascinado por su magisterio con la variación: ‘Brahms creía en la elaboración de las ideas’, dice el músico austriaco en su artículo. El segundo elemento que Schönberg toma de Brahms es la primacía de la idea musical y la completa ausencia de artificios y adornos: todo elemento musical en Brahms sirve para algo importante.

Brahms es contemporáneo por otra razón que no mencionaba Schönberg y que mucha gente nunca llegará a entender: se puede ser inmensamente libre sujetándose a unas normas.

Álvaro Fierro Clavero

 

Comentarios

  1. Bueno, Cercas (que no es santo d emi devoción y de quién me burlo suavemente en mi inédita obra maestra “El último de Cuba”, ¡qué es lo que debía haber leído usted este verano y no tanto bodrio!) ha escrito sobre el 23-F aunque no se pueda llamar novela. No veo que escribir sobre “lo actual” suponga ningún mérito; hay varias novelas americanas sobre el 11 de Septiembre y parecen bastante malas.
    Britten es objeto de “discriminación positiva” por ser homosexual y comunista, lo primero no es incidental ya que escribió “demasiado” para voz por ser su compañero Peter Pears ¿se escribe así? el cantante. La música de cámara de Brahms es muy aburrida, lo cual no tiene que ser demérito pero es incontestable, también la música de cámara de Wagner es insoportable pero Brahms no compuso la tetralogía.
    Lo anterior es opinión, claro, pero discrepo sobre el hecho de que haya muchos menos melómanos que lectores entusiastas, como usted dice. Si hubiera lecturas de, pongamos, Vargas LLosa, seguramente irían más de dos mil personas; pero ¿se podría hacer un ciclo donde el público fuera a oír leer novelas y se llenaran como los ciclos del Auditorio o el Teatro Real? lo dudo. es evidente que el lenguaje musical es críptico para los profanos como yo mientras que casi todo el mundo sabe leer (otra cosa es que lo hagan) por tanto no se puede comparar numéricamente lectores con oyentes.
    Por cierto, se austed sincero y diga que recomienda a Ferrer Lerín porque es colega suyo, poeta, que aquí el que no parte jurel es porque solamente ha pescado chirrete.
    Un abrazo y muchas gracias por la información y el entusiamo.

    • Pura Sanjuán dice:

      LA MÚSICA ES EL LENGUAJE UNIVERSAL, aquel que llega y afecta a todo el que tenga capacidad de oído y/o de percibir vibraciones, incluido el “reino animal” y el “reino vegetal”… y por supuesto, el género humano, sin distinción de idiomas, ideologías, razas, religiones, o encasillamiento alguno de clasificación.
      Muy anterior a la lengua escrita, casi innata…
      La música tiene más usuarios que todos los escritores juntos de todas las épocas
      Esto lo puedo decir y lo asevero, desde mi humilde conocimiento como músico y pianista.
      Lastimosamente no todo el mundo sabe leer y el porcentaje de analfabetas es aun tan insultante como injusto. Y además, no basta saber leer para tener acceso a todo lo escrito
      Entonces,
      Brahns y Wagner, están bien donde están. Esa es una verdad indiscutible y, naturalmente, que hay muchísimos más melómanos que lectores entusiastas. En eso, al menos, tenemos un punto de coincidencia.
      Un saludo

      Pura Sanjuán

  2. Soledad Cavero dice:

    Alvaro: no es tan difícil encontrar a quien de verdad le guste la música clásica, sobre todo entre poetas. Como bien sabes, los silencios en poesía son tan importantes como en la música. Por eso quien de verdad ame la poesía amará la música clásica siempre. Sólo se trata de sensibilidad. Y hay más personas de las que creemos que escuchan música clásica, aunque no puedan pagarse una entrada en el Auditorio: Juan Ramón Jiménez la escuchaba en una radio.

    Y respecto al Réquiem de guerra Briten ¡Qué difícil lo tiene! después de escuchar el Réquiem de Mozar.

    Un saludo. Soledad Cavero

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