Jueves, 25 Mayo, 2017

La tele se muere

La tele se muere



No conozco a un menor de 30 años, qué digo, de 40, que se siente en su sillón por noche a ver “qué ponen” hoy en la tele.

La tele se muere




Me parece espantosa la pleitesía que se ha rendido y se rinde todavía al medio generalista y en abierto que cada vez me ofrece menos.


Muchos otros medios de comunicación, escritos fundamentalmente, y, más allá, toda una sociedad, ha querido comunicar como la tele lo ha hecho: superficialmente.

tvNo se dice para que el pastel publicitario, ya bastante mermado con la crisis y otras muchas circunstancias, no merme. Pero la tele en abierto y generalista se muere. Se muere a chorros desde hace años y ahora, con internet, no conozco a un menor de 30 años, qué digo, de 40, que se siente en su sillón por noche a ver “qué ponen” hoy en la tele. No. La gente elige lo que quiere ver, fundamentalmente series, y se las baja de tal sitio o del otro por internet habitualmente. Pocos, muy pocos, son fieles a un canal, y si lo son, tienen habitualmente muchos años, y por eso no se manejan bien con ese otro mundo audiovisual y siguen viendo un canal u otro o lo que “echan”, y algunos, pocos, un programa concreto. Creo que la tele hoy en abierto y generalista es para los viejos y para los que no tienen otros recursos de entretenimiento.

Pero hay una resistencia muy grande a reconocer esto. Y la hay por muchos motivos. Se sigue repitiendo por profesionales del medio que hay un target comercial formado por los que tienen capacidad de compra, por los que son jóvenes, menores de 40. Pero no es cierto. Porque son precisamente esos mismos los que han escapado de la tele tal y como la conocíamos hasta hace diez años. El mando, de verdad, lo tienen ellos, y no para cambiar de canal  o programa solamente, sino para ver realmente lo que quieren y cuando quieren.

Como mueren los periódicos tal y como los entendíamos, y de igual manera que éstos tendrían que transformarse, la tele también debería hacerlo, pero hay muchísima resistencia. Es una inercia de muchos años y, sobre todo, es un negocio que se asienta sobre el hecho de que nadie ponga en duda que el medio generalista y abierto se muere.

La hay porque la tele ha sido el tótem, el ídolo de la comunicación, desde los años 60. Salir en la tele, hablar por ella, “lo ha dicho la tele” –cuando sólo había una-, logar un minuto de atención, sigue siendo el sueño de políticos y, todavía, de muchísima gente, pese a las audiencias cada vez más bajas y más dispersas. Si no sales, no existes. Y bajo esa idea muchos otros medios de comunicación, escritos fundamentalmente, y, más allá, toda una sociedad, ha querido comunicar como la tele lo ha hecho: superficialmente. Espectáculo a toda costa, el que grita más o habla más rápido, el que no escucha lo que le preguntan y suelta su eslogan o su mensaje más contundentemente, es el que gana, el que vale… para la tele.

No tengo nada en contra de la televisión, pero me parece espantosa la pleitesía que se ha rendido y se rinde todavía al medio generalista y en abierto que cada vez me ofrece menos. Me parece increíble que los mítines políticos se monten para que justo cuando transmiten el líder pueda decir x o z.  Me parece de pena que sólo nos creamos lo que existe en ella. Y, sobre todo, lo peor: que se acepte a pies juntillas y sin poner en duda, incluso por gente muy seria, que el medio “pide” ser un auténtico charlatán y chapucero. Que si vas a la tele no hay que escuchar qué te preguntan, sino soltar tu eslogan lo más rápidamente posible. O que haya que montar espectáculos callejeros, el que sea, para conseguir que nos hagan caso… los de la tele. Todos estos dogmas nadie los pone en duda, los aceptamos y bajamos la cabeza, y así comulgamos con ruedas de molino. Ese ha sido el gran triunfo de la tele.

Insisto. Creo que la tele así es vista cada vez más por las personas que menos posibilidades tienen, en el sentido de opciones de ocio y algo en la cabeza, aunque voto sigan teniendo. Quizás sea por eso. Pero, creo, además, que es vista en general por menos gente. Compárense las cifras totales de audiencias, de personas que ven la tele ahora y las que lo hacían en los 80, no sólo las de tal o cual cadena, las totales del medio. El cambio es tan evidente que debería darles miedo. Y por eso siguen empeñados en seguir sentados en un trono que hace mucho tiempo ya no es suyo.

Aurora Pimentel

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