miércoles, 22 noviembre, 2017

La postura de la Iglesia sobre el nacionalismo


En el año 2002, la Iglesia en España firmó un documento en el que habló expresa y concienzudamente del nacionalismo. Y como andamos en circunstancias históricas de regresión hacia patrias chicas, ausencia de solidaridad interterritorial y desafección de pertenencia a un Estado, recojo algunas ideas de lo que allí se dijo.

nacionalismo3Las naciones, en cuanto ámbitos culturales del desarrollo de las personas, están dotadas de una soberanía espiritual propia y, por tanto, no se les puede impedir el ejercicio y cultivo de los valores que conforman su identidad”. Y con toda razón, hay una definición cultural de nación extraordinariamente importante de la que nos hablan, por ejemplo, los poetas, y se refiere a la vinculación indeleble a esa “patria de la región” donde dieron sus primeros pasos, donde se descubrió el olor de la tierra, los cantos que sonaban de fondo mientras se hacían las primeras amistades, etc. Digamos que existe una “soberanía espiritual” de las naciones. Y esa soberanía espiritual “puede expresarse también en soberanía política, aunque no sea una implicación necesaria”.

Y el documento pone un ejemplo, “cuando determinadas naciones o realidades nacionales se hallan legítimamente vinculadas por lazos históricos, familiares, religiosos, culturales y políticos a otras naciones dentro de un mismo Estado, no puede decirse que dichas naciones gocen necesariamente de un derecho a la soberanía política”. Este es el caso de España, cuya consolidación como Estado es un legado que custodiamos desde centurias. Por eso, las naciones, aisladamente consideradas, no gozan de un derecho absoluto a decidir sobre su propio destino. “Esta concepción significaría, en el caso de las personas, un individualismo insolidario”.

nacionalismoY en este punto, el documento habla de las decisiones unilaterales. “De modo análogo, resulta moralmente inaceptable que las naciones pretendan unilateralmente una configuración política de la propia realidad y, en concreto, la reclamación de la independencia en virtud de su sola voluntad. La virtud política de la solidaridad, o, si se quiere, la caridad social, exige a los pueblos la atención al bien común de la comunidad cultural y política de la que forman parte. La Doctrina Social de la Iglesia reconoce un derecho real y originario de autodeterminación política en el caso de una colonización o de una invasión injusta, pero no en el de una secesión

Javier Alonso Sandoica

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