Miércoles, 16 Agosto, 2017

Tránsito, ¡pero no el intestinal!


Los que hemos visto la primera temporada de Breaking Bad, hemos caído en la cuenta de que esto ya no hay quien lo pare, me refiero a su visionado. Y todo empezó tan tímidamente como un cuento de los Grimm. Un tipo de traje gris, anodino y débil, va paulatinamente mutando en Mister Hyde, casi sin que él mismo se cerciore. No quiero contar aquí pormenores de la historia, ya habrá momento, sólo quiero reparar brevemente en un fenómeno tan corriente como “el tránsito”. El hombre es una criatura que no anda quieta, es un ser, digamos, en tránsito. El adolescente transita a la juventud, Rafa Nadal siempre transita al Olimpo, todos en definitiva transitamos a la muerte y a esa puerta que da paso a una vida prometida.

BB2Tránsito es un movimiento ligero que se agita bajo nuestro pavimento anímico. Subrayo “ligero” porque a veces es casi inapreciable, nadie advierte la aventura vertical del arce cuando crece. Las cámaras súper rápidas y los efectos visuales nos pueden contar un embarazo en diez segundos, lo hemos visto muchas veces por You Tube, pero el tránsito real de los nueve meses es tan lento que no se sabe el antes y el después del nacimiento de la primera uña fetal.

En Walter White, el protagonista de Breaking Bad, el paso de austero profesor de química a cocinero de metanfetaminas no es en absoluto abrupto. El escritor y cineasta Pasolini ha dejado escrita una frase que es para mí un tesoro, porque los verdaderos tesoros no son los que te quitan espacio, sino tiempo en reflexionar lo mucho que dan de sí. Hay actitudes que conducen a una “homologación progresiva”. Esta es la frase dorada. El que entra en una habitación fétida, va homologando progresivamente la pituitaria a la nueva situación, el niño pijo homologa su discurso de familia al de la tribu, y así con innumerables ejemplos.

BB3Hoy aparece en el diario Avvenire la biografía de un tipo para mí del todo desconocido. Jozef Zverina nació en Moravia en 1913. Después estudiar filosofía y teología en Roma fue internado en un campo de concentración alemán. En los años 50, Zverina se topó de bruces con el otro totalitarismo: el régimen comunista checo, que le condenó a veinte años de cárcel y al exilio. Pero, paradójicamente, en su aislamiento encontró fecundidad en la formación clandestina de mucha gente que acudía a él para saber cómo tratar a Dios, como reconocerle en lo cotidiano. En 1970 escribió una “Carta a los cristianos de Occidente”. En ella relata la devastación que supuso el comunismo, extirpando del hombre las preguntas centrales, “¿y yo quién soy?”, “¿qué cosa da consistencia a mi ser?”, “¿dónde está mi identidad?”. El comunismo actuó con su “homologación progresiva” produciendo una deforestación de la intimidad del alma.

ZverinaEse tránsito, u homologación a una nueva realidad, parece que ha cuajado en nuestros días. Hoy la provocación por las grandes cuestiones parece cosa de filosofía de bachiller y no de subsistencia, me interesa menos saber quién soy que la capacidad de mi iPod. En Breaking Bad hay una ocasión para esa reflexión sobre los actos, el trepidar casi impersonal de los mismos, la facilidad de adaptación camaleónica a una nueva situación, el paso de un pensamiento angélico a otro aberrante… Cosas así. Zverina decía “Reflexionad, os ruego que reflexionéis, la característica de la homologación es posponer a un futuro indeterminado la posibilidad de que del hombre pueda decir “yo”.

Javier Alonso Sandoica

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