lunes, 11 diciembre, 2017

Horarios racionales y trabajo humano


365-noCuando Dios puso al hombre y a la mujer sobre el huerto del Edén y les encomió a trabajarlo para sustentarse gracias a sus frutos, antes incluso de que la caída del pecado trajera el sudor a nuestra cansada frente, no dijo que muriésemos trabajando, sino que trabajásemos para vivir.

Pero a la sociedad se le ha ido este concepto de las manos en demasiadas ocasiones. Como tendemos a pensar que la nuestra es la mayor de las desgracias, criticamos nuestros ritmos trepidantes de trabajo sin caer en la cuenta de que no nos parecemos tanto como creemos a los esclavos griegos y romanos o a los que habitaron en todo el mundo anglosajón hasta que alguien se atrevió a gritar que eran personas con igual dignidad y libertad.

Pero sí es cierto que en la actualidad, aunque no hay esclavos, aunque los derechos de los trabajadores -a los que tanto ha contribuido la rica Doctrina Social de la Iglesia- han tomado carta de naturaleza en nuestras civilizaciones, la conformación de la estructura económica está perdiendo en humanidad.

Como todos los problemas, la deshumanización del trabajo, que está afectando de manera decisiva al desarrollo de la familia y a la educación de los hijos, a la integración social y la sana evolución del hombre en su entorno, es la consecuencia no deseada de un proceso en principio positivo.

open24Los años de bonanza económica y crecimiento de empleo en los países desarrollados supusieron también años de máxima capacidad de compra en los que el consumo se disparó hasta límites desconocidos. Las empresas, movidas siempre por sus naturales fines económicos, no quisieron perder la oportunidad de negocio y multiplicaron su oferta de servicios, no solo con nuevos productos, sino con presencia a horas intempestivas. Y el público se acostumbró. Pero no calibraron las consecuencias.

Todo esto viene porque hace unos días el Congreso debatía la posibilidad de que España deje de decir el “una hora menos en Canarias” y se sume a la hora del anterior meridiano. Basta mirar en un mapa para constatar que somos tan Greenwich como los British. Lo que en realidad quieren los promotores de la iniciativa no es solo cambiar el reloj. Eso lo hacemos dos veces al año sin que influya más que unos días en nuestro estado de ánimo. Lo que buscan es cambiar nuestras costumbres.

En una parte no estoy de acuerdo. Soy una firme partidaria de la libertad comercial y entiendo que no es la Administración quién para decidir sobre el empresario. Sin embargo se abre camino en mi argumentario una idea: transformar nuestra cultura de horarios permitiría que nuestro trabajo fuese más humano.

Y es ahí donde arrancaba. Abolida la esclavitud, asimilados los derechos laborales básicos, la nueva forma de trabajo inhumano nos la hemos impuesto por nuestro deseo de crecimiento inhumano, insostenible, imposible. Ya hora estamos sometidos a la falsa idea de que el cliente siempre tiene razón. Vivimos en la tiranía del que quiere que le sirvan ya, ahora. Y no vale un mañana.

Si todos, el ideario común, la cultura compartida, la sociedad, modificáramos nuestro comportamiento respecto a los horarios, ganaríamos en respeto a nuestra propia vida, a nuestro entorno, a nuestras familias, a nosotros mismos. Y el trabajo volvería a ser humano. ¿Fácil? No. ¿Imposible? Tampoco.

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

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