sábado, 23 septiembre, 2017

ESCUCHARNOS

ESCUCHARNOS

Los seres humanos estamos deseando que alguien nos escuche, que nos hagan una señal de que se enteran no sólo de lo que estamos contando, sino más bien de que existimos, de que estamos.

ESCUCHARNOS




Es ese ruido constante interior e imparable lo que nos deja escuchar a los demás y ni siquiera a nosotros mismos.


Los muros de Facebook, las conversaciones familiares o de amigos, a menudo son monólogos donde nos interrumpimos unos a otros para contarnos nuestra batalla sin realmente escucharnos

Capitan-TruenoEs el regalo más al alcance de todos y sin embargo se regala poco. Todo un entramado de comunicación, todas las redes sociales, el móvil permanentemente en la mano, comprobando el whatsapp, muros de Facebook con estados en permanente cambio, pero … ¿alguien realmente escucha a alguien?

No es que el coronel no tenga quien le escriba, es que los seres humanos estamos deseando que alguien nos escuche, que nos hagan una señal de que se enteran no sólo de lo que estamos contando, sino más bien de que existimos, de que estamos.  Pero no, todos hablamos, y si somos españoles,  todos a la vez, no hace falta ni ser tertuliano.

A menudo más que escucha, es que estás esperando a ver qué dices tú. José Mota lo representaba hace ya años. Un amigo se encuentra con otro, le cuenta una u otra desgracia, y el otro siempre tiene algo que contarle al respecto mucho más terrible y mucho más interesante a su parecer. No está realmente escuchándole. Está cogiendo fuerzas para interrumpirle de nuevo y contarle su propia historia, tan acostumbrados estamos a no escucharnos, a meter baza y a contar lo nuestro, a no escuchar, vaya.

Por eso tan a menudo los muros de Facebook, las conversaciones familiares o de amigos, son monólogos donde nos interrumpimos unos a otros para contarnos nuestra batalla sin realmente escucharnos. No tenemos interés real,  son más bien formalidades. “¿Qué tal estás?”, “¿Te cuento realmente o te digo que bien y seguimos hablando?”  Llamadas telefónicas para un comprobar rápido que el otro “está bien” sin realmente interesarnos. “Te dejé un mensaje en el contestador”. “Te mandé un sms”. Mucha parafernalia rápida y externa para realmente no escucharnos. Son, como dicen los anglos, “check ups”. El whatsapp ya lo dice: es qué pasa y no qué te pasa…

Es cierto que de igual manera que padecemos la enfermedad de no escuchar, también padecemos la de una verborrea constante que corre no sólo por fuera, sino por dentro.  Y es ese  ruido constante interior e imparable lo que nos deja escuchar a los demás y ni siquiera a nosotros mismos. Hablamos pero no escuchamos.

¿Cómo era aquello de escucharnos? Callar la voz interior de la propia cháchara. Intentar apaciguarla, hacerla más lenta y luego dejarla ir hasta que se calle. Entonces te ves de  nuevo como alguien, como una persona, y no como un conjunto de palabras, de lo que pienso, de lo que veo, de lo que me pasa. Da miedo y da a la vez calma verse más allá de toda esa hojarasca. Y desde ahí ver al otro como persona, no como bocadillos de palabras de personajes de comic, y escucharle.  Que es lo mismo que saber que es alguien.

Yo sé que alguien me escucha en dos momentos clave: cuando me confieso y cuando mi marido sabe que estoy agotada y simplemente está conmigo y me da la mano. Entonces no hay esos check ups rápidos ni formales, ni tampoco bocadillos, nubecitas blancas de esas que salen de las personas con palabras dentro como en los tebeos o en el whatsapp.  Porque alguien realmente me está escuchando.

 Aurora Pimentel

Comentarios

  1. Es bien cierta esa situación que describe, Aurora.

    En pocas palabras, Ernest Hemingway vino a decir lo mismo: “it takes two years to learn to speak and sixty to learn to keep quiet” [se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar].

    A través de la oración humilde, recta y sincera, pidamos al Señor que por mediación del Espíritu Santo se nos concedan los dones (o gracias) de saber escuchar y de construir paz interior.

    Muy buen día 🙂 .

  2. Muchas gracias, Rafael, por tu comentario que veo hoy. ¡Qué razón tienes! Al final el silencio es un don…

Deja un comentario