Jueves, 17 Agosto, 2017

La Piedad Suprema


Angkor2Ando recién llegado de Camboya, ya contaré otro día qué me llevó a Angkor, a un rincón del planeta en el que sólo el 1% de la población reza el padrenuestro, porque un misionero se coló en la espesura de aquellas selvas. Hoy quiero hablar del libro que fue conmigo, “Peregrinación a Angkor” de Pierre Loti, seudónimo del escritor y oficial de la Marina Francesa Julian Viaud, que desde muy niño supo que recorrería el mundo como un aventurero feliz.

Siendo un chaval, su hermano falleció en Indochina y, entre las pertenencias que llegaron a su hogar, había un ejemplar de una revista colonial con dibujos de templos insólitos. Se prometió a sí mismo dedicar su vida a explorarlo todo, a poder afirmar que tras la jungla de Siam, vería un día alzarse la estrella vespertina sobre las ruinas de los palacios de Angkor. Y ocurrió literalmente.

Pero en el relato que me acompaña, hay un epílogo de la vida de Loti en el que el explorador echa un vistazo atrás y escribe una conmovedora confesión: ha dejado de existir para él lo desconocido. “He apurado la copa de las aventuras, lo he experimentado todo, lo he probado todo, he ido a todas partes, lo he visto todo. Las frases enfáticas del Eclesiastés sobre la vanidad de las cosas, regresan ahora a mi mente”. Y entonces mira a su alrededor, se siente mayor y cansado, observa con fijeza los árboles de su jardín, que no han envejecido tanto como él, fenómeno que le pone en disposición de imaginar una muerte próxima.

angkor3Haber sido un niño al que se le abría el mundo y no ser ahora más que el que ha vivido”. Y realiza entonces un acto de fe tras haber visto al mundo entero de rodillas ante un ser trascendente, como una actitud natural, similar a la busca de comida. El Dios al que tantísima gente acude “sólo puede ser un Dios de piedad. Yo diría que se abre en las almas de todo ser humano la intuición profunda de que tiene que haber una piedad suprema para escuchar nuestro dolor. Y yo me inclino cada vez más a creer en ella y a tenderle los brazos. En nuestros días está esa hez de enseñanza que, en nombre de la ciencia, se lanza sin comprender nada hacia el materialismo más imbécil. La piedad suprema tiene que existir, y de mis innumerables peregrinaciones esta débil realidad es todo lo que he traído de valor”.

Así acaba sus anotaciones del mes de octubre de 1910.

Javier Alonso Sandoica

Comentarios

  1. “All we are is dust in the wind”… pero siempre ascendiendo

  2. Queviajero está mi amig sacerdote(te llaman las misiones)Dscansa que estaras agotado de aviones. El articulo muy interesante.(una pregunta:te llegó la carta, que te ecribri y la estampa de un VIRGEN GUAPA).adios.

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