lunes, 11 diciembre, 2017

El valor de una silla de ruedas


El-valor-de-una-silla-de-ruedasEstá de moda volar hasta el Sudeste Asiático. Recorrer Tailandia, Vietnam y Camboya en viajes combinados El Corte Inglés (todo incluido). Lo exótico y la aventura al más puro estilo parque temático. El recuerdo de la guerra que perdieron los americanos, Rambo y Apocalyse Now. Helicópteros sembrando de napalm las selvas de Indochina con olor a victoria.

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Los guías llevan de la mano a parejas de recién casados, que descansan en piscinas de hoteles de lujo después de una agotadora jornada recorriendo templos y miseria. Pero Camboya ya no huele a napalm, ni siquiera a la gasolina barata que se vende en los países pobres. Camboya tiene la herencia de la guerra en forma de mina antipersona, siempre fuera de los circuitos para turistas, siempre alejado de los senderos que unen sus templos a golpe de tuk tuk.

El-valor-de-una-silla-de-ruedas3Más de trescientas personas al año sufren un accidente  por causa de las minas. Casi uno al día. La muerte y el terror que sembraron los Jemeres Rojos, con su ideólogo maoísta Pol Pot a la cabeza, sigue haciendo efecto sobre una población que depende exclusivamente del azar para no pisar una bomba no más grande que un CD.

Los que tienen la suerte de no morir, quedan mutilados. Vivir sin piernas o brazos en un país que no tiene ni seguridad social puede suponer el fin de la dignidad como ser humano.  Algo tan simple como una silla de ruedas puede marcar la diferencia entre recuperar una vida normal, o perderlo casi todo definitivamente.

El-valor-de-una-silla-de-ruedas4Camboya es el país del mundo donde actúan más ONG internacionales por habitante. Miles de voluntarios desarrollan todo tipo de proyectos, pero es un sacerdote jesuita, Enrique Figaredo, sobre el que se fija el foco de atención en lo referente a los mutilados por las minas.

Desde su llegada a la península de Indochina a mediados de los años ochenta, el Prefecto Apostólico de Battambang no ha parado un solo momento hasta conseguir que cada herido recupere sus nuevas piernas en forma de silla de ruedas. Junto a un grupo de ingenieros ingleses diseñó una silla que se adaptara a las necesidades del terreno camboyano.

Con el tiempo, la silla Mekong se ha convertido en parte del paisaje de Camboya. Quizá todo esto esté en la trastienda del escaparate de las agencias de viajes, muy lejos del lujo asiático. Muy apartado de las rutas a lomo de elefante, pero es una realidad que no debemos olvidar.

Espero que llegue un día en el que Kike no tenga que fabricar ni una silla más.

José Cabanach

Comentarios

  1. Es una brutalidad espantosa&&&&&&&

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