Miércoles, 23 Agosto, 2017

Dios en el cerebro, en el cerebelo y en el bulbo raquídeo


Lo malo de dialogar con el cerebro es que no puede respondernos a todo lo que podemos preguntarle, no se encuentra en disposición biológica de hacerlo. Esta sería la posición más humilde con la que deberíamos arrancar todo estudio del mismo, ya que su papel es más un escenario donde suceden cosas (estímulos, sinapsis, reacciones químicas, deambuleo-callejeo de sucesos, velocísimas fermentaciones) que la causa última de las mismas.

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El cerebro no es un oráculo que sepa, es más bien un café de ciudad burguesa donde gritan un millón de voces. Subrayo esta tesis desde el inicio.

Han aparecido muchos libros estos días sobre si nuestro cerebro es o no religioso, y los autores andan con disparidad de criterios. Pascal Boyer, Scott Atran y David Sloan Wilson dicen que las formas de religiosidad son transculturales y transhistóricas, y se remiten a homínidos anteriores al homo sapiens, que tenían una concepción religiosa de la vida. En cambio Dawkins, Daniel Dennett, Sam Harris y Christopher Hitchens promueven la idea de que la religión es como una enfermedad que debió ocurrir en la historia de la humanidad, que en un momento “infectó culturalmente” nuestro patrón primigenio. Las creencias serían así el resultado de un adoctrinamiento, un “artefacto cultural” impropio de nuestro origen.

Satoshi Kanazawa en Intelligence Paradox, su libro más reciente, dice que el ateísmo suele ir asociado a una mayor inteligencia (!). Por el contrario, Adolf Tobeña subraya que la irreligiosidad es casi una enfermedad, “de la misma manera que hay gente apática, asociado, perezosa o boba, la hay que no ve trascendencia en parte alguna“. Los argumentos son tan encontrados que no veo cauce común de discurrir.

dios-en-el-cerebroUna variable que lleva a tanta dispersión es la propia definición que estos especialistas tienen de religión: la transitoriedad y caducidad de la vida llevan al hombre a buscar seguridad en una realidad trascendente. Vamos, que el miedo a la consunción personal y la autodesaparición exigen búsqueda del más allá.

Esta siempre me ha resultado una definición perfectamente opuesta al hecho de la fe. Quizá mi propia experiencia, la cristiana, tenga otro arranque. El adagio renacentista del “aunque no hubiera cielo yo te amara…, no me tienes que dar loque te quiera…” supone un estallido en la línea de flotación de toda religiosidad de supervivencia, promovida por la angustia. Es la respuesta ante el asombro de una trascendencia que se vuelve apasionante porque ha demostrado ser una Persona enamorada del hombre (la cruz, la parábola del hijo pródigo, las conversaciones de Cristo con los discípulos).

Incluyo a continuación un texto que recién escribí en mi moleskine de campo, sobre la capacidad de la trascendencia por generar entusiasmo hacia ella misma, por ser Persona y mostrarse enamorada.

1270207751692God's Brain1dnLos afectos del corazón creyente no consisten en el ritual del hacer o proceder, sino de las ganas de ocupar tiempo con Él. Es una fermentación del corazón, no el aprovechamiento del tiempo ni el rigor de un esquema. Es la inquietud que nace del “volver a estar con Él“, de volver a verlo. Hace poco entrevisté a una especialista en Sta. Teresa y le pregunté el secreto de cómo la santa estaba al tiempo en sus fundaciones y al lado de su Señor. Me respondió con una frase que reflejaba el “afecto” de Teresa por Jesús. Y es una propuesta distinta del interés, es algo más próximo a la preocupación por alguien, no algo exclusivamente intelectual, es un ensanchamiento. Tiene que ver con palabras del tipo “ganas“, “a zaga de tu huella, las jóvenes discurren al camino, al golpe de centella, al adobado vino…“(Juan de la Cruz). Es el ser que experimenta gusto por las “emisiones de bálsamo divino” (Juan de la Cruz), como se adquiere gusto por la gran música. El arranque es la inquietud de un corazón que se aviva, y el itinerario lo cuenta muy buen el Amado hacia la Amada en el Cántico espiritual”

Javier Alonso Sandoica

Comentarios

  1. Domingo Suárez dice:

    Buenos días.

    Brillante artículo, Javier.

    Curiosidad: ver el “Mapa geográfico del ODIO” realizado por una Universidad de los EEUU .

    http://noticias.r7.com/tecnologia-e-ciencia/noticias/projeto-de-universitarios-revela-mapa-do-odio-no-twitter-20130514.html?question=0

    Menos mal que la fe católica está basada en el AMOR.

    Saludos

  2. No es una enfermedad la FÉ, como dicen los cientrificos. Si es una enfermedad , vamos al médico de la salud DIOS. DIOS está en todos los sitios , si dejamos que viva en nosotros

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