sábado, 16 diciembre, 2017

¿Qué cambiar de la Feria del Libro?


¿Qué-cambiar-de-la-Feria-del-Libro1Recuerdo que cuando era niño siempre que llegaba la Feria del Libro, llovía. El último coletazo de la primavera descargaba invariablemente sobre el Paseo de Coches de El Retiro. Mi hermano Ramón y yo nos movíamos fácilmente entre las casetas con nuestras bicis alquiladas en la Chopera, porque prácticamente no había nadie. Los libreros se lamentaban de que sus ventas habían bajado por la desgracia de las tormentas que ahuyentaban a los lectores. Ahora, llevamos unas ediciones en las que no cae pañí, y si lo hace es de manera testimonial, y los libreros han tenido que buscar otro motivo como blanco de sus quejas por la bajada de las ventas.

Parece que el año pasado la facturación cayó entre el 19 y el 30 por ciento con respecto al anterior. La crisis y el libro digital, apuntan los profesionales. Puede ser. Pero a mi me parece que hay más cosas.

¿Qué-cambiar-de-la-Feria-del-Libro2Para nuestra suerte o desgracia, los tiempos que vivimos han cambiado los hábitos de consumo. La Feria del Libro parece no haberlo entendido. ¿Cómo se explica que se cierre para comer? Alrededor del Retiro hay cientos de oficinas, tiendas y negocios cuyos empleados estarían encantados de tener la oportunidad de acercarse a la Feria. Si a la apertura al mediodía, sumamos una buena oferta donde poder comer o tomar algo para aprovechar mejor el tiempo, la cosa se animaría bastante. Seguro. Hay que potenciar la Feria entre semana, y para eso se necesita trabajo e imaginación. Para empezar… abrir. (Suele ayudar)

Sí, es cierto, hay unos cuantos chiringuitos estilo Verano Azul, pero eso no es suficiente. Sus precios abusivos ahuyentan al más pintao. Y la culpa probablemente la tenga nuestro Excelentísimo Ayuntamiento, que debe cobrar un ojo de la cara por conceder licencias. Ayudando, vamos.

¿Qué-cambiar-de-la-Feria-del-Libro3Cerrar a las nueve y media de la noche es otro despropósito. Madrid es una ciudad que nace cuando muere el día. Estamos acostumbrados a salir de casa tarde, a comprar tarde, a vivir tarde. ¡Coño! ¿Entonces por qué cierran? Hace un par de años estuve trabajando durante unas semanas en Lisboa. Mi estancia coincidió con su Feria del Libro. Las casetas estaban colocadas en el parque de Eduardo VII y no cerraban hasta la una de la madrugada. Una banda de jazz animaba la noche. Las casetas estaban llenas y los improvisados restaurantes no paraban de servir cenas. Una fiesta. Y además vendiendo libros, que es de lo que se trata.

¿Qué-cambiar-de-la-Feria-del-Libro4Aquí nada, con horario del NO-DO. Sé el esfuerzo que supone no cerrar, el non stop es una pesadilla. Mi padre tuvo una tienda durante casi toda su vida y tengo claro lo que significa. Pero para los libreros, la Feria supone casi un 25% de la facturación anual. Amigo, hay que echar el resto. No valen los lamentos. No podemos confiarlo todo a tener un autor que firme o a la buena situación de una caseta.

Los libreros tienen que tener claro tres cosas: Hay que atraer al lector, hay que convencerle de que compre y hay que hacer que repita.

Un último apunte a modo de postdata. Señores libreros, también ayuda poder pagar con tarjeta de crédito, todavía quedan muchos en los que sólo se puede pagar en efectivo. ¡¡¡¡Hombre!!!

José Cabanach

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