martes, 21 noviembre, 2017

La feria o sobre la lectura lenta

La feria o sobre la lectura lenta

Hay libros que son obras de arte, artesanales a veces, que tienen ediciones cuidadísimas, papel del que huele, detalles de letras que encabezan capítulos o párrafos, ilustraciones. El formato electrónico no puede replicar eso.

La feria o sobre la lectura lenta




Hay otros libros que merecen la pena tener en papel. Esos que subrayamos continua- mente. Los que necesitas leerlos con lápiz en mano y poder volver a ellos.


Hay libros que por su especial significado, por quién te los regaló, o cuándo los compraste, o qué pasó mientras los leías, conservas.

el-capoteLa feria del libro, por supuesto. En Madrid, aunque cada ciudad tiene la suya. Son muchos años de ir al Retiro, de poder comprar y de poder comprar menos y, por lo tanto, seleccionar mejor.

Con la crisis y las mudanzas uno aprende a leer más con libros prestados de biblioteca. Y, sin embargo, hay libros que merecen la pena tener.

Por ejemplo, esos libros que son obras de arte, artesanales a veces, o esas ediciones cuidadísimas, papel del que huele, detalles de letras que encabezan capítulos o párrafos, ilustraciones, etc. El formato electrónico no puede replicar eso. Necesitamos tocar el libro y tenerlo. Yo soy fan de otra feria de libros como objetos de arte precisamente, Más que libros.

Pero en esta feria tengo la intención de hacerme con algún libro de Nórdica, por ejemplo, de su colección de ilustrados donde hay clásicos de siempre, ¿”El capote” de Gogol ilustrado por Noemí Villamuza? Podría ser.  O alguno de libros del Zorro Rojo… ¿”El fantasma de Canterville” de Wilde, que tanto me gusta, con ilustraciones de Oski? A ver si me llega el presupuesto.

También hay otros libros que merecen la pena tener en papel, me parece. Esos que subrayamos continuamente. Los que necesitas leerlos con lápiz en mano y poder volver a ellos. Yo, entre estos, tengo a los de Pablo D’Ors, un autor contemporáneo que está en otra dimensión, delicado, profundo y diferente. Para leer con calma y paladear en silencio. No es sólo la biografía de Charles de Foucald contada como una novela, la que acaba de publicar Pretextos, “El olvido de si”, de la que los seguidores de Adiciones sabemos. Es también “El estupor y la maravilla”, de la misma editorial, de la que puedes sacar “material” para pensar un año entero. Trata sobre la vida de un vigilante de un museo. O esa “Biografía del silencio” publicada en Siruela el pasado año, un ensayito pequeño, también para subrayar.

Y luego hay libros que por su especial significado, por quién te los regaló, o cuándo los compraste, o qué pasó mientras los leías, conservas. Tuve que deshacerme de la biblioteca de mis padres porque me casé y me mudé y no podía entrar como un elefante en cacharrería en la casa de mi marido y sus hijos, invadiéndoles. Pero pude conservar “Literatura y cristianismo” de Charles Moeller, varios volúmenes de reflexiones sobre la fe y la literatura, sobre autores concretos, de gran interés pese al paso del tiempo. Me parece que todavía se pueden encontrar en  Editorial Gredos.

Aunque siempre queda la posibilidad de,  si no encontramos un libro o nos parece caro su precio,  comprar de segunda mano en librerías de viejo y, más fácil todavía, en Iberlibro, donde esos libreros y otros vuelcan lo que tienen y siempre encuentras aquello que no encontrabas por ninguna parte. Yo me he hecho así con varios libros de Christian Bobin en francés por un muy módico precio. Es otro que mira como Pablo D’Ors, otro autor que mira lento. En español se puede encontrar “Autoretrato con radiador” o “Simple vestido de fiesta” en Ardora. En francés todo el resto.

Primera y segunda semana de junio. Quizás no tengamos dinero para libros, pero siempre quedarán las bibliotecas o leer furtivamente en alguna librería, como algunos hacemos a veces. Nos dejan. Pero de esas y otras lecturas furtivas, a escondidas, hablaremos la semana siguiente.

Aurora Pimentel

 

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