Viernes, 23 Junio, 2017

Il nonno


Foto: Guadalupe de la Vallina

Foto: Guadalupe de la Vallina

Nos gustaba estar con Silvio porque nos daba esperanza sobre nuestra propia vejez. Los ojos le brillaban siempre con una picardía infantil a la que ni la guerra ni el peso de los días tuvieron acceso. Había comprendido la vida y por eso podía mirarla a los ojos sin temor alguno, armado sólo con su bastón.

Caminaba con cierta dificultad por Santa Margherita, un minúsculo pueblo trentino asomado al valle. A primera vista parecían achaques de la edad pero, si uno miraba con atención, entrecerrando los ojos como hacemos los miopes para encontrar las gafas, veía como una fibras oscuras y retorcidas que nacían de las plantas de sus pies y atravesaban las baldosas. Es difícil caminar con las raíces colgando. El nonno estaba enraizado al trozo de valle donde había plantado sus viñas décadas atrás. Algunas tardes, incluso pasados los ochenta, iba a visitar su parcela y revisar los racimos, como Dios en su propio jardín antes del gran malentendido. Un día pasó su nieto, mi marido, a recogerlo y lo encontró sentado contemplando las montañas. “Me tomaréis por tonto – comenzó a explicar en casa, más tarde – pero viendo cómo crecen las plantas, los animales que existen, las montañas… creo que, después de haber creado todo eso a Dios no le tuvo que costar demasiado que una virgen diera a luz.” Silvio teólogo. Silvio que ha pasado la vida en el campo, con la educación básica cursada por cumplir y que recuerda, de repente, una oración. Su nieta Sara la reconoce al instante mientras él rescata cada verso de la memoria. Vergine Madre, figlia del tuo figlio, umile e alta più che creatura, termine fisso d’etterno consiglio… Silvio cambia el peso y se apoya sobre el bastón mientras termina de recitar el cántico XXXIII del Paraíso. Silvio que reza con Dante.

En la mesa de todos sus hijos hay vino del nonno, que es lo que queda a los padres del Trentino después de dar la vida y criar. Uno de los nietos ha recogido el testigo con entusiasmo, dejando resuelto ese asunto capital con su título de enólogo y caldo de nueva creación. Pero además de las viñas, Silvio tenía la guerra, que se lleva uno a la tumba como los pocos secretos que aguantan dentro. Era una guerra como de Spielberg o Benigni pero con la sangre de los muertos bien presente, una guerra de niño que no deja de creer en la Navidad, una guerra humana. Le pedíamos una y otra vez que repitiera la historia de su hermano Valentino, luchando contra Francia. Tras un bombardeo en el que los italianos tuvieron una baja, los enemigos les llamaron para ir a recoger el cadáver. La comitiva, bandera blanca en mano, esperaba un cuerpo amontonado torpemente sobre sí mismo en el fango, pero encontraron a un soldado que, muerto en combate, recibía el honor debido sobre una mesa cubierta de flores. En ese punto, al nonno se le quebraba siempre la voz. En su vida, hasta en la guerra se podía amar al enemigo. Él no quiso, sin embargo, acortar distancias con los alemanes que ocuparon Santa Margherita y que, aun ignorando el horror de los campos, ya le olían a azufre. Pero recordaba con ternura al muchacho alemán que volvió con el horror en los ojos de visitar su ciudad natal después de un ataque. ALLES KAPUTT, repetía, obsesivo. ALLES KAPUTT. El soldado era de Dresde.

Silvio se cayó de la cama el miércoles. No sabía que tenía un ictus mientras todavía hablaba, de camino al hospital, antes de caer en coma. Murió esa misma noche, sus hijos y nietos como retoños de olivo alrededor de su cama. Recibió la unción de enfermos, paz con la tierra, paz con el cielo. Ada, desde el balcón, despedía con la mano al féretro, 65 años de matrimonio después: ahora el tiempo es espera de reencuentro con su dolce metà, como llamaba entre risas al nonno mientras nos preparaba un café, sin saber entonces que hasta sobre la muerte nos terminaría dando esperanza.

 Guadalupe de la Vallina

Comentarios

  1. Muchas gracias por escribirlo: es un texto precioso. Una gran persona.

  2. Qué bonito.

  3. Desde que, paradógicamente, Benigni recitó y explicó el canto XXXIII del Paraíso en RAI 1, he rezado muchas veces con ese texto. Ahora Silvio estará en ese punto, “donde se encuaderna todo lo que en el universo se desencuaderna”, donde todo lo que se puede decir es “poco”. El artículo es muy bueno y la foto también. Bueno es “poco”.

  4. Consigues expresar con palabras todo lo que sugiere la foto. Felicidades.

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