viernes, 20 octubre, 2017

Actitudes y aptitudes y la higuera


arbolNo podemos negar la mayor, por muy optimistas que pensemos ponernos, porque os ha dicho el papa que no tiene cabida la tristeza en la vida del cristiano. Pero lo cierto es que los datos del desempleo en España son reales y sumamos ya seis millones con previsiones nada halagüeñas para los próximos meses, si no años. Si el panorama es al menos gris marengo para la media de la población, las circunstancias se completan con un buen número de agravantes al descender a las capas más jóvenes que buscan incorporarse al mercado laboral.

Me permito una simplificación para acercarnos a la problemática de los jóvenes y el empleo: las vacas gordas desligaron los salarios del valor añadido real; las empresas se sobrecargaron con trabajadores acomodados; las vacas flacas obligaron a recortar; fue más fácil prescindir de los no acomodados, a pesar de que fueran eficaces; el mercado de buscadores de empleo está repleto de profesionales con experiencia dispuestos a rebajar sus salarios a la espera de las próximas vacas gordas; los jóvenes sin experiencia tienen menos cabida porque ya no ofrecen el atractivo del bajo coste.

Y ahí están nuestros jóvenes, que quizá son la generación mejor preparada, que están tecnológicamente alfabetizados a niveles propios de los envidiados americanos y que, sin embargo, entre los 16 y los 30 años, se quedan atrapados en un territorio de nadie en el que el paro ronda el 50% y van sintiendo cómo la dependencia de sus padres mina su moral hasta acabar con su autoestima.

saltadorPero entre esa tónica general empiezan a surgir honrosas excepciones que se convierten en regla. Hace unos días,  le escuchaba a un chaval joven y bien preparado contar la historia de su primer batacazo laboral nada más terminar la carrera. Con mucho entusiasmo creó una empresa que no aguantó ni la primera embestida. Después nació la segunda idea y ahora tiene un buen grupo de personas trabajando con él. Dijo una frase que hay que meditar mucho: “para nosotros no ha llegado la crisis, nosotros nos hemos encontrado con el mundo en crisis. No podemos llorar por algo que nunca tuvimos”. adaptarse a las circunstancias, el secreto de la inteligencia.

La historia de este chico se repite cada día más con jóvenes emprendedores que apuestan fuerte con el único bien que tienen disponible: sus horas de trabajo. Hay aptitudes, sin duda, pero sobre todo actitudes. Son personas luchadoras que confían en que puede salir bien. Suelen ser chicos a los que no se les cayeron los anillos por descargar camiones del supermercado para sacarse un dinero en el verano, chicos que hicieron de monitores en los campamentos de vacaciones y, con un puñadito de años, se hicieron responsables de un irresponsable grupo de chavales, que desde bien pequeños cuidaron a sus hermanos, primos, vecinos, en esa educadora profesión de las canguros, que siguen echando una mano en el negocio familiar, de camarero, de tendero o para sacar la basura. Actitudes.

Pero, ¿de dónde sale la fuerza de estos jóvenes que se adentran en el complicado mundo de las start ups, que no se amedrentan por un fracaso? Son chicos todos ellos que, si no en la forma, sí en el fondo, confían en que hay una red debajo. Son chicos en los que ha calado el verdadero sentido de la providencia y que han entendido la parábola de los talentos. Los demás se quedan como la higuera que ya nunca dará fruto.

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

 

 

Deja un comentario