sábado, 21 octubre, 2017

Cara de pepinillos en vinagre


pepinilloEste papa Francisco que, desde las sencillas homilías en la casa de Santa Marta, donde ha decidido residir, aporta muchas y buenas lecciones que tienen una aplicación directa a la economía, en especial a la situación tan complicada que se está viviendo. No se podrá acusar a un argentino de no conocer desde el interior las consecuencias de toda crisis económica. En su larga trayectoria pastoral, el papa Bergoglio ha experimentado bien esos otros problemas que genera la pobreza, problemas de depresión, de familias destrozadas, de enfados y desunión causados por la falta de dinero.

Pero eso no es en ningún caso cristiano porque, como expresaba de un modo muy gráfico el Papa, los que han conocido a Cristo no pueden tener cara de pepinillos en vinagre.

Pero tras esa sugerente comparación, llega el verdadero fondo del asunto: la alegría cristiana es una alegría profunda, no superficial, es una alegría que no está fundamentada en circunstancias coyunturales. Es una alegría que permite momentos de decepción, que no se visualiza en forma de ficticia sonrisa permanente, porque va mucho más allá del momento, del ocasional dolor, de la pérdida irremediable o de la angustia por la falta de un bien necesario.

sopaAquí está el punto de enganche con la crisis económica y con u ecuestre discurso del papa Francisco cargado de contenido, discurso sobre la ética en la economía que pronunció ante los embajadores extranjeros acreditados en Santa Sede. En esa ocasión, el pontífice alertaba precisamente sobre los problemas de depresión que puede llevar aparejada la crisis. “Algunas patologías aumentan, con sus consecuencias psicológicas, el miedo y la desesperación se apoderan de los corazones de numerosas personas, incluso en los llamados países ricos; la alegría de vivir va disminuyendo; la indecencia y la violencia aumentan; la pobreza se vuelve cada vez más impactante”, dijo el papa ante los nuevos representantes diplomáticos.

Entonces aporta la clave para salir de este círculo vicioso: “Una de las causas de esta situación, en mi opinión, se encuentra en nuestra relación con el dinero y en nuestra aceptación de su imperio y dominio en nuestro ser y en nuestras sociedades. De este modo, la crisis financiera que estamos viviendo, nos hace olvidar que su primer origen se encuentra en una profunda crisis antropológica ¡en la negación de la primacía del hombre! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32, 15-34) ha encontrado una imagen nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano”.

De modo que, mientras la fe en Cristo llena al hombre de una alegría intrínseca que supera las tristezas coyunturales, la fe en ese becerro de oro que hoy se llama crecimiento económico desmesurado pone al hombre cara de pepinillo en vinagre porque cifra toda su felicidad en elementos perecederos. No llegará nunca de Roma la clave para salir de la crisis, pero sí la clave para vivir la crisis desde la fe, la esperanza y la caridad que son dones de Dios.

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

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