Viernes, 23 Junio, 2017

Reinventándose


alambreLas redes sociales convierten el mundo en transparente. Las personas se definen en función de su titular en Linkedin, de su último tweet, o del estado que consignen en su Whatsapp. Y el hervidero de cambios es abrumador en una época en la que la crisis económica ha dado al traste con el sueño de empezar a trabajar en una empresa de chaval y jubilarse en ella.

Esta semana me he encontrado con un llamativo, optimista y aguerrido mensaje de una amiga que se ha marchado en el enésimo ERE de su empresa. Expone un sencillo y elocuente “reinventándome”. De eso se trata. Decir que estamos en una crisis sin precedentes en un Occidente que ya ha pasado por dos guerras mundiales, o en una España que aún recuerda la suya fratricida y la desolación económica cuando dejaron de sonar las bombas no parece muy acertado. La crisis, aun diferente a las anteriores, no es ni de lejos la peor.

travesia_desiertoQueda espacio para reinventarse, para organizar ese negocio que nos rondó la cabeza pero que pospusimos por la comodidad de un sueldo, para poner en solfa lo mejor de nuestras capacidades y sacarle partido. Pero para alcanzar con ese optimismo que derrocha el término “reinventarse” el punto de desarrollo personal que supone ser emprendedor hace falta un valor intachable.

Ahí, el que tiene fe lo tiene más fácil. Cuando Max Weber trató de convencernos de que el retraso de las economías de los países católicos se debía, precisamente, a que la fe lo fiaba todo a la providencia, olvidó leer a San Agustín que, muchos siglos antes, había plasmado en máxima nunca suficientemente repetida el secreto del espíritu emprendedor bajo el amparo del Altísimo. “Reza como si todo dependiera de Dios, trabaja como si todo dependiera de ti”

Reinventarse supone las más de las veces dejar de ser el acomodado trabajador que uno fue para meterse a funambulista en un circo donde no abundan las cuerdas. Pero el que se reinventa con los ojos puestos en la providencia sabe que siempre hay red. Ser emprendedor desde la fe supone la tranquilidad de saberse acompañado en la aparente soledad. Supone saber que en el cansancio inevitable de la travesía en el desierto que implica cualquier empresa naciente, hay lugar para descansar.

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

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