Miércoles, 16 Agosto, 2017

Negra sombra


Cadáveres de niños apilados tras una matanza.

Cadáveres de niños apilados tras una matanza de las milicias del régimen sirio en la localidad de Banias./ Facebook de Banias

 

Cando penso que te fuches, 
negra sombra que me asombras, 
ó pé dos meus cabezales tornas facéndome mofa

Cuando lo veo, me nace dentro un silencio extraño, deshabitado. Y es curioso, porque lo suyo sería un grito. Un puñetazo en la mesa, un acabose, un llanto. Pero no somos como nos imaginamos: suele establecerse el silencio.

Me ocurre a menudo: cuando leí sobre el parque temático del horror en el que se ha convertido Corea del Norte, por ejemplo. Pero no es necesario el extremo. Ocurre igual cuando, casi sin hacer ruido, un cáncer a mi alrededor no obedece a la quimio. O viendo escurrirse entre la gente del mercado a los niños haitianos limpiabotas, en el viaje del que acabo de volver.

Es más, ni siquiera es necesario que ocurra el mal, basta su amenaza, tal es su poder. Cuando nació mi hijo, a la maravilla le acompañó este silencio vacío: podría sufrir, podría morir… sabía con certeza que en ese instante había niños como él que no tenían quien les abrazara. Todo eso me parecía – me parece – sencillamente insoportable. Y callo.

Ayer por la mañana, preparándome para ir a misa – folclórica que es una – eché un vistazo al periódico en el móvil. Iba a ser algo rápido, lo justo para llegar tarde, que es una costumbre mía muy arraigada. El rey no sé qué, mientras me desenredaba el pelo, los clubes de fútbol etcétera, mientras me echaba crema y, de repente, Siria. Matanza de civiles. Montañas de muertos. Bebés con las piernas quemadas. Así que dejé el móvil junto al lavabo, despacio, mientras que, dentro, una desconocida callaba, negándome el consuelo. Cada vez que intentaba articular una pregunta o un lamento (porque la respuesta está lejísimos, tanto que sospechamos que no existe), un silencio gris amortiguaba la habitación.

No se trata de ningún fenómeno desconocido: se llama la nada y es un veneno. Su efecto consiste en vaciar todo lo que toca: ¿qué importancia tiene editar mañana las fotos que tengo que entregar si hay gente quemando bebés ahora mismo? Supongo que ven el peligro de este proceso. Todo gesto suena a hueco de repente.

El silencio se impuso y luego llegaron las lágrimas, el tuit y el donativo. Cuando entré en la iglesia me abalancé sobre el confesionario. Lo bueno de un sacerdote es que no es necesario contextualizar demasiado: cuanto más importante sea lo que le cuentas, más facilidad tendrá para entenderlo de forma inmediata.

–       Padre, sé que no hay respuesta…
–       No hay respuesta.
–       Lo sé. ¿Pero qué hago con esto?

Y su silencio, esta vez, estaba habitado. Al poco habló, y permítanme que les haga un resumen, por si la nada les calla alguna vez: No puedes, me dijo, eliminar totalmente el mal, que siempre ha existido, sólo puedes hacer que cambie tu corazón. Te parece poco pero todo el bien del mundo lo han realizado personas que han tomado la iniciativa desde un corazón en el que esa oscuridad no iba ganando. No puedes resolverlo, sólo puedes iluminar tu parte del mundo para aliviar la oscuridad de los demás. Si te bloquea, te absorberá también a ti.

Perdonen si hablo del corazón, de luz, de oscuridad y de estas cosas tan rematadamente cursis. Pero delante de la nada me urge lo esencial, que para ejercicios de estilo ya se presta el vestuario del Real Madrid.

Después de esta conversación me confesé, pero eso ya no se lo cuento a ustedes.

 Guadalupe de la Vallina

Comentarios

  1. Gracias. Por no permanecer impasible. Porque el mal, que dicen que no tiene entidad – algo así como que es ausencia de un bien debido – es muy real. Y a veces nos parece que está lejos, en Siria o en Haití, que son como mundos distintos. E incluso no nos sorprende ya el condenado. La frase esta de que “el mal es la indiferencia de los buenos” – más o menos era así – será muy tópica pero es muy cierta. Ya no solo es indiferencia, sino que se transforma en connivencia. Pero entonces a alguien le duele profundamente algo y va y lo dice. Y algunos alrededor despiertan. Por eso, gracias Lupe.

  2. Daniel Bravo dice:

    Gracias Lupe. Por toso lo que has escrito.

  3. Daniel Bravo dice:

    Perdón. por TODO lo que has escrito.

  4. Qué dura fotografía y qué maravilloso artículo. “Dentro, una desconocida callaba, negándome el consuelo”; y así tiene que ser: sólo cuando conocemos a esa desconocida y la oímos hablar llegan las palabras no de consuelo, sí que consuelan. Muchas gracias.

  5. MenudaReina dice:

    Esta mañana, no he podido con la imagen.
    Llanto. Y un vuelco el corazón. Amanecía postiva y un bofetón de sombra ha venido a ponerme en mi sitio.
    Ahora. Más cansada, con poquitas endorfinas, las justas para atender a los míos en rutinas escolares y besos, leo.
    No sé si un poco de luz en los vorazones servirá. Si el ‘think global, act local’ q te han propuesto va a ser suficiente.
    Ojalá.
    En cualquier caso, ya no les servirá a esos pobres niños q ya no son más q cuerpecitos.
    Lo único q queda, quizá, es no volver la cara. Mirar el horror y contarlo. Para q el espanto surta efecto. Y hacer factible esa posibilidad. Para otros niños.

    Bravo, Lupe.

Trackbacks

  1. […] cosa]. Esta semana me ha dado por pensar en el mal. Así, de repente. Primero leí este artículo, “Negra sombra”, de Lupe, ilustrado con una foto del horror en Siria. Después, las noticias sobre ese monstruo de […]

  2. capillus laser cap reviews

    adiciones. — Negra sombra

Deja un comentario