Jueves, 25 Mayo, 2017

El piano de Adán


El-piano-de-Adan1Recuerdo que mi amigo Adán solía tocar el piano cuando nos reuníamos en su casa, algo que ocurría bastante a menudo. Era un piano de pared, oscuro, casi como el ébano. Lo fascinante era que bajo la tapa estaba escrito, con letras de púrpura, la palabra Chicago. Parece ser que un antepasado de Adán lo mandó traer de los Estados Unidos allá por los años veinte. Chicago, qué mágico resultaba imaginar que aquél piano, que en su día fue pianola de salón, había interpretado alguna frenética melodía para Capone o alguno de los suyos. Para mí, ningún otro piano sonará como aquella vieja pianola, plagada de quemaduras de cigarrillo en los extremos y martillos con artrosis.

El-piano-de-Adan2Ayer, en El Corte Inglés, me tropecé en tercera planta del edificio de electrónica de Sol, con un piano de cola. Negro, brillante, majestuoso. Yo, que no sé tocar ni la pandereta, me sentí atraído al instante. Cuando  me acerqué, comprobé que era un piano electrónico. Con volumen, grabadora en tarjeta SD, wifi, millones de sonidos… coño, más tecnología que la que necesitó el Apolo XI (el XII, es otra historia). Enseguida me acordé de la pianola de Adán. Qué sonido más autentico, más… de verdad. Ahora las cosas ya no son de verdad. La imitación ha ido devorando nuestras vidas sin que apenas nos hallamos dado cuenta.

Ha vuelto lo “retro”, sólo que ahora es de molde y en serie. La quincalla, que diría Javier, está a la última. Y está tan bien hecha (made in China) que es difícil distinguirla con un simple vistazo. ¿Pero para qué quiero un piano de cola si no es un piano de cola? Es como los bolsos de mantero, Louis Vuitton tope gama a precio de Misako, plástico tutiplén. Lacoste de moda, puro nylon, calor es poco. Y así con todo.

El-piano-de-Adan3Cuando hablo de esto con amigos siempre me dicen que es una cuestión de aparentar. De ese quiero y no puedo tan ibérico como el jamón. Como dice mi madre; Los hijos de don Lucas, descalzos y con pelucas. Pero yo no creo  que sea sólo eso. Creo sinceramente que entre lo que estamos dejando atrás, y es mucho, demasiado, también está ese punto de enamoramiento por las cosas. Ahora, para qué te vas a enamorar de algo que durará la eternidad de la temporada de verano, y si llega. Son ganas de sufrir.

Y no digo que eso esté mal. Es cierto que las cosas no son lo importante. Pero lo queramos o no, compartimos nuestra vida con esas pequeñas “cosas”. Y se quedan para siempre, como el sonido del piano de Adán, aunque no esté grabado en una tarjeta SD. Por eso cuanto más autenticas, pues mejor. Digo.

José Cabanach

Comentarios

  1. En respuesta a tu interesante artículo, puedo comentarte mi experiencia.
    Compré un controlador midi de teclado, lo conecté a la computadora y puse a correr un piano sampleado perfecto, que hasta contiene los ruidos de los martillos, la resonancia de la caja de madera y los tracatraca de los mecanismos apagadores y de pedales… una maravilla de sonido que te hace sentir frente al piano…
    sin embargo me faltaba algo… No se puede snetir que tocas un pesado piano si tienes el controlador midi sobre la falda, no te cierra cenestésicamente, no conectan todos tus “circuitos” en tu mente y la experiencia deja de ser real.
    Lo fabricamos con mi padre un pie esbelto de madera negra con acabado filado.. con tapa, con pedalera de metal, con los parlantes ocultos, apuntando por detrás por donde sale el sonido del piano acústico, y con un atril en donde asiento el #2 de Rachmaninhoff o el 466 de Mozart, o si estoy romántica el #1 de Chopin…
    Y la experiencia se completó, me siento al piano y ahora esos sonidos perfectos del sampleado y los tracatraca de los mecanismos poseen sentido.
    Ahora sí, estoy tocando un piano.

    Saludos!!

  2. El sonido de piano Steinway que he mencionado anteriormente, es mi propia creación de luthier digital, he pasado unos dos meses ajustando samples y creando capas en un sitema sensiible que permite vida en la aleatoriedad y lo caotico de los sonidos.Ensuciando y destartalando lacontinuidad digital.
    Detesto los acabados artificiales, por eso trabajé oara traer a la vida a ese Steinway imperfecto y sucio, y, parte de este asunto de los acabados no artificiales ha sido la construcción del mueble de madera.
    El sonido con su sistema sensible es el alma… y el mueble su cuerpo.
    Espero haber arrojado, de algun modo, un cierto rayo de luz sobre este tópico interesante que has abierto.

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