lunes, 23 octubre, 2017

El futuro recombinante


Quizás están ayer y hoy inscritos
dentro del futuro,
y en el pasado está el futuro contenido.
Si todo el tiempo está presente siempre
no puede redimirse.

Thomas Stearns Eliot

Los que saben del futuro llevan toda la vida diciéndonos que ahora las cosas van a cambiar, y lo cierto es que siempre han tenido razón. Los monos que observaban con preocupación cómo a los compañeros de la manada que tenían menos vello corporal y los rasgos más finos les daba por enterrar a los que morían y eran capaces de proferir sonidos cada vez más complejos tuvieron razón al considerar que algo estaba cambiando. Los senadores romanos que intentaron infructuosamente que los esclavos se reprodujeran y observaban con preocupación que para conseguir fuerza de trabajo adicional era preciso alejarse cada vez más del Mare Nostrum y adentrarse en un territorio hostil en el que los bárbaros estaban cada vez mejor organizados y resultaban más difíciles de derrotar supieron que algo importante estaba cambiando.

Carlos II de España

Carlos II de España

Los señores feudales que en la Baja Edad Media cayeron en la cuenta de que, al margen de su omnímodo poder, en las ciudades surgía una nueva clase formada por artesanos que vivian de su trabajo y se agrupaban en gremios y comenzaban a acumular riqueza observaron con preocupación cómo ellos mismos necesitaban de los servicios de quienes estaban llamados a exigir su parcela de poder. Los nobles españoles observaban con preocupación cómo la vida del rey Carlos II se extinguía sin descendencia. Luis XVI observaba con preocupación cómo las masas se disponían a tomar la Bastilla. El zar Alejandro II observaba con preocupación. Winston Churchill, Mijail Gorbachov observaban con preocupación.

Los hermanos Wright

Los hermanos Wright

De casi todo lo que seamos capaces de experimentar –alegría, tristeza, amor, melancolía, indiferencia, ira, deseo– hay antecedentes en la literatura clásica. La única experiencia de nuestro tiempo auténticamente nueva es la velocidad. Tan es así que, a mi entender, debería darse el nombre de Era de la Velocidad a la etapa histórica que se inicia en 1903 cuando los fabricantes de bicicletas Orville y Wilbur Wright consiguieron llevar a cabo el primer vuelo de la historia. El mundo, desde entonces, es otro: recordemos que la muerte del Rey Embrujado se produjo un 1 de noviembre de 1700. En Versalles se tuvo noticia de este hecho trascendental que otorgaba a Luis XIV el poder sobre la Monarquía Hispánica el 6 de noviembre. Felipe V salió de Versalles el 4 de diciembre y no llegó a suelo español hasta el 22 de enero de 1701. Su entrada en Madrid se produjo un 18 de febrero. En la actualidad las dictaduras aún se aferran al antiguo orden: Se conjetura que la muerte cerebral de Hugo Chávez sobrevino el 30 de diciembre de 2012, aunque su fallecimiento se hizo público el 5 de marzo de 2013.

Ignacio Echevarría

Ignacio Echevarría

El futuro se ha abierto paso siempre, normalmente por la malas, ante la preocupación de los que perciben su amenaza pero no son capaces de reaccionar para adaptarse. El experto Ignacio Echevarría escribía en un artículo reciente a propósito de la gerontocracia que impera en la crítica literaria española. Esta semana he visto un reportaje en el que, al hilo de una importante dimisión reciente, se comentaba la edad de la plana mayor de las grandes empresas españolas. ¿Quiere esto decir que las personas más veteranas no tienen un papel importante que jugar en la actualidad? En absoluto, pero eso no implica que los que mejor conocen el pasado vayan a ser quienes sepan anticipar el futuro.

¿Qué se nos viene encima? Probablemente una de las mayores transformaciones que ha experimentado la humanidad desde la invención de la agricultura, la creación de las ciudades y la revolución industrial, que ha sido su antesala. Afrontamos un segundo Neolítico cuyos efectos están siendo mucho más rápidos, ya que se basa en la tecnología, y por ello el desconcierto que la especie experimenta es mayor ante fenómenos como la colosal acumulación de datos de la infosfera, la proliferación del talento fuera de los tradicionales marcos de la universidad y la empresa, el desacoplamiento en todos los órdenes: un profesor puede tener los alumnos en otro continente, una persona puede mantener vínculos sentimentales o familiares a un océano de distancia, los procesos de diseño, producción y comercialización de productos y servicios pueden ser llevados a cabo por equipos que no se conocen con idéntica eficacia que si tomaran a diario un café juntos. A Europa le esperan tiempos verdaderamente duros ante el ascenso de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica).

Marshall McLuhan

Marshall McLuhan

En 2004 surge Internet 2.0. El sueño de la Aldea Global de McLuhan se hace realidad. Los teóricos de este desarrollo señalan que sus rasgos principales son la inteligencia colectiva y viralidad: una información generada por un desconocido puede alcanzar una enorme repercusión en muy pocas horas. Se basa en los buscadores como Google o Yahoo, enciclopedias colectivas como Wikipedia, millones de blogs,  redes sociales como Facebook, Twitter o LinkedIn y colosales foros como YouTube.

Los principales talones de Aquiles de Internet 2.0 son su propia dimensión, el escaso interés de lo que genera la inmensa mayoría de los participantes y que es falso que la suma de millones de inteligencias distribuidas haya conformado una verdadera inteligencia colectiva. Sin perjuicio de que la generosidad y la puesta a disposición pública de multitud de recursos haya tenido efectos beneficiosos, se ha confundido el acceso a la información con el acceso al conocimiento y la Red está teniendo efectos letales sobre los sectores menos ilustrados de la sociedad y sobre la comunidad educativa, que ya no considera que la lectura, la perseverancia y la memorización sean esenciales en el proceso de aprendizaje.

“Afrontamos un segundo Neolítico”

Hacia 2006 surgen las primeras opiniones que señalan la necesidad de un nuevo salto: Internet 3.0, que por el momento se plantea dos retos de apariencia colosal: la llamada Red de las Cosas y la Red Semántica. El primer objetivo convertirá el robo de propiedades materiales en síntoma de atraso, ya que mediante sensores de posición y enormes bases de datos podremos saber dónde se encuentran nuestras pertenencias. Los expertos calculan que habrá que referenciar unos 100.000 millones de objetos. Ya no habrá más padres intranquilos ante la tardanza en volver a casa de sus objetos filiales los fines de semana.

El segundo objetivo es inquietante: podremos preguntarle a la red. Los expertos se plantean por el momento preguntas inocentes del estilo de ‘¿dónde puedo pasar mis dos semanas de vacaciones con mi mujer o mi marido y mis hijos de cinco y tres años al lado del mar por menos de tres mil euros?’.

Ya sabemos que lo que responderá la red ante preguntas verdaderamente relevantes será falso o consabido, pero es posible que, de rebote, surjan nuevas realidades interesantes desde un punto de vista novelesco o cinematográfico: qué aspecto tendrán esas respuestas que genere la Red mediante sabe Dios qué desconocidos algoritmos. Y lo que es más importante, dada nuestra fe en la tecnología: ¿Qué le preguntaremos a la red que no nos atrevemos a preguntarnos a nosotros mismos?

Cuando los expertos se pregunten por la necesidad de poner en marcha un internet 10.0 espero que alguien tenga la serenidad de recordar que sin el Trivium –Gramática, Dialéctica y Retórica- y sin el Quadrivium –Geometría, Aritmética, Astronomía y Música– los medios técnicos que se pongan a nuestra disposición serán inútiles.

Álvaro Fierro Clavero

Comentarios

  1. Pura Sanjuán dice:

    Pero ¿por qué recomenzar?
    El desastre de Venezuela, incluso de una porción de Sudamérica, no es la destrucción de la humanidad y confío que se está atajando a tiempo
    Todo lo esperado de las grandes potencias, es realista, pero hay fuerzas compensatorias, aunque parezcan aletargadas
    El artículo está bien traído
    No soy partidaria de “retroceder, ni para tomar impulso”
    En fin, me ha gustado analizarlo
    Gracias y un saludo
    Pura Sanjuán

  2. Fun reading. Thx!

  3. Lo dicho, muy entretenido! Que Dios “peldone” que decimos en mi pueblo, y a pedirle LUZ, que falta nos hace… Que Él, Dios, le bendiga!

  4. Teresa Campoamor dice:

    Creo que las nuevas tecnologías pueden aportar enormes beneficios a la humanidad, y, en mi ámbito, como profesora de idiomas lo utilizo mucho. El problema es la falta de criterio del usuario. Distinguir entre lo que te ayuda a crecer como persona o lo que te va pudriendo el alma.La falta de identidad personal imperante, me parece muy preocupante porque lleva a no saber distinguir .

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