martes, 17 octubre, 2017

Los ancianos me están enseñando a vivir


Hna. Rosa Abad

Hna. Rosa Abad

Mi ilusión siempre fue África y así llegué a Zimbabue en marzo de 1981 justo un año después de la independencia. Llegaba cargada de ilusión y con el inglés aprendido, cosa que muchas de mis hermanas no tuvieron oportunidad. Yo lo pude hacer porque cuando me destinaron a Rhodesia (que así se llamaba entonces) había guerra y entonces no era prudente entrar en el país; total que cómo podéis ver, tuve la suerte de llegar a un país libre y lleno de ilusión. Mi primer destino fue a una misión llamada de Sagrado Corazón; estaba encargada de los club de costura mientras me ponía en manos de un experto en lenguas, el P. A. Moreno, para que me enseñara nambyia que es una de las lenguas que allí se hablan y me ponía un poco al corriente de su cultura y costumbres. También estaba en una nueva comunidad y tenía que aprender mucho pues era una comunidad internacional compuesta por hermanas españolas y locales de diversas tribus y lenguas.

har10_zimbabwe_featureAl principio piensas que el aprender otra lengua y cultura es algo así como un estudio que al final te dan el diploma y ya ‘has pasado la hoja’. Cuando va pasando el tiempo, descubres que hay muchos tropiezos, que no se llega y que no entiendes; pues bien todo ello se debe a que estamos vivos y a la vida nunca se la puede atar y siempre evoluciona. Y ¡ay! del que se crea por encima de los demás, cuando menos lo piense, en cualquier situación o acontecimiento ¡zas! se rompen los moldes y te das el batacazo. Bueno pues algo así he pasado yo. Por otra parte descubres la gran riqueza que encierra la vida y cuando logras un pequeño avance, venga de donde venga, al terminar el día no dejas de dar gracias a Dios por ello; has abierto los ojos del corazón para ver que TODO viene de ÉL. Esto me llevó a descubrir que todos somos DON y como don en la medida que lo ponemos al servicio de los demás, haremos que la vida siga creciendo.

Después de unos años en mi trabajo de costura y pastoral con las mujeres, mis superioras me pidieron ir por 6 meses a ayudar a la Casa de ancianos. Esto fue en abril del 1986, hoy estamos en el 2012 y continúo con los ancianos. Comparto con ellos su vejez, esa vejez a la que todos llegaremos tarde o temprano pues como yo digo: Una vez nacido, todos tenemos nuestro carné de identidad y aquí nadie puede robar o adelantar al otro.

ZIMBABWELos ancianos me están enseñando a vivir; están cargados de historia y en este caso, de muchas desgracias ya que los que están en la Casa, ninguno tiene oficialmente familia ni pensión con la que disfrutar un poco, como diríamos en la lengua común: son el desecho de la sociedad. Yo os puedo decir que ellos con su historia, su vida me han enseñado y enriquecido; a mí en muchas cosas; también ‘enfadado’ pero el cariño y el amor siempre vence; ELLOS son los que me han evangelizado a mí pues me ayudan a ser mejor persona ya que me dan la oportunidad de luchar por darles una vida tranquila y feliz en sus últimos días y mucho cariño; aunque muchas veces pienso que es mucho más lo que de ellos recibo.

Lo que sí os puedo decir es que desde que se abrió la Casa en 1983, ya han partido a la casa del PADRE más de 115 ancianos, y que cuando otro parte, un trocito de mi corazón se va con él pues a la muerte nadie se acostumbra. Y también que todos los que trabajamos con ellos, nos quedamos contentos, hemos tratado de cuidarles y hacerles felices y se han ido con la paz de ir a reunirse con sus antepasados, con el buen Dios misericordioso que a todos nos espera

Rosa Abad

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