Miércoles, 26 Abril, 2017

Kiss me, stupid


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Estabas viendo la tele y viste un trozo de tu vida. Era la tuya, pero  la llevaba otro señor y tú estabas atascado en la sala de espera de la crisis de los treinta, de los cuarenta, de la mediana edad. Estabas viendo la tele y supiste con absoluta certeza que esta sonrisa era tuya y tú te habías pasado la salida por llevar el piloto automático en dirección a lo que se supone que debe ocurrir. Después todo pasó y nadie en el cuarto de estar escuchó el crujido ni pisó los trocitos que te apresuraste a barrer para que no quedaran rastros del sueño. Pero quien haya barrido sabe que el polvo nunca desaparece recogedor en mano, sino que se transforma y se redistribuye a capricho.

Por eso, cada vez que escuchas la historia de un escritor, un cocinero, un Steve Jobs en uno de esos garajes que sólo germinan en suelo americano, un surfero, un tatuador, una granjera australiana o un oenegero con poncho y ojeras, te preguntas qué has estado haciendo hasta ahora. Con tu horario dado de sí y tu sueldo amenazando el mileurismo, tu compañera maja, tu pausa café y tu planta, con la pestaña abierta de twitter y el skype minimizado. Con eso que te gusta tanto y a lo que dedicas más de una noche, con los emails que hacen brillar los ojos y los fines de semana demasiado breves, con los eventos de Facebook para invitar al mundo a tu concierto y con el PDF del artículo sobre la app que has diseñado en el periódico universitario.

Sé que tienes hipoteca y necesidad de comer tres veces al día pero déjame recordarte una cosa: la vida es corta y la cola del paro, larga. La crisis, esa bestia negra que ha fagocitado nuestras conversaciones de ascensor, tiene un punto débil en su estrategia de amargarnos la vida: no te puede ir demasiado peor. Abre un excel (sé que duele) y calcula cuántas bodas tienes que fotografiar para juntar lo que te pagará el paro después del ERE que están decidiendo tres despachos más allá. El tiempo sobrante podrás dedicarlo a mejorar tu torpe photoshop o retratar a esa chica de belleza bizarra con la que te cruzas cuando llegas tarde a la oficina.

Y te aseguro que te sobrará mucho tiempo cuando sólo tengas una vida y la disfrutes entera. Descubrirás el trabajo que no cansa, los lunes felices y otros animales mitológicos. Te encontrarás un mes después en República Dominicana ganando al dominó a los isleños y memorizando reglas de las peleas de gallos para tu próximo artículo. Por poner un ejemplo.

No le des más vueltas y besa a la chica. Te aseguro que el Gobierno no tiene un plan mejor para ti.

Guadalupe de la Vallina

 

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