Lunes, 26 Junio, 2017

De la consciencia, Matrix y los enemigos del alma

De la consciencia, Matrix y los enemigos del alma

En el interior apesadumbrado y desesperanzado de uno hay siempre un Matrix tan irreal como el que vive en los mundos de Yupy, en lo exterior, en la acción o permanentemente on line sin irse a tomar una caña

De la consciencia, Matrix y los enemigos del alma




Hay diferentes mundos irreales que pueden tirar de nosotros hacia abajo, mantenién- donos conectados a una gigantesca máquina, pero no respirando con nuestros verdaderos pulmones, cristianos.


Quizás la consciencia acaba siendo eso, caer en la cuenta de algo que aprendimos en el catecismo: el mundo, el demonio y la carne son los tres enemigos del hombre.

interpretazione-occulta-del-film-the-matrix-L-NdDfmsHace ya muchos años que quiero vivir de modo más consciente. Me horroriza ese Matrix en el que a veces una puede deslizarse, mundos irreales y cerrados donde acabas instalada. Crees que esa es la vida, y de repente, zas, estabas conectada y sin respirar como respira un cristiano.

Hay muchos Matrix.

Está el de la afluencia, el que puede existir al no tener problemas económicos graves. No hace falta tener mucho, sino descubrir que tu pensamiento y acción están centrados y a la vez dispersos en las cosas –la casa, la compra, la comida, voy a hacer esto o lo otro, compraré este libro, nos iremos de vacaciones en agosto, etc.- También hay un Matrix de la actividad, los planes constantes. Es constatar que estás poco presente con el corazón, con quien estás o con quien tienes lejos, con Dios de paso.  Cuesta a veces estar conscientemente… estando con alguien, sin planes, sin tener la cabeza permanentemente ocupada, es decir, conectada a la máquina artificial.

Claro que también hay un Matrix cuando escasea lo material, con la necesidad. Es otro mundo estrecho, a veces agobiante: cómo podré pagar esto que me viene, la hipoteca, la comida, la luz, el mañana. Sobre todo el mañana. Me parecen admirables las personas que teniendo muy poco o nada, mantienen la paz y la sonrisa y siguen adelante. Los niños en esto son admirables. Y sus padres lo son mucho más.

Hay otro Matrix peligroso que creo que se agudiza con los años: el estar curvado hacia dentro. A veces ocurre con la tristeza o con los simples disgustos laborales, afectivos o vitales. Ante todo esto acabas cerrando la puerta. Sólo necesitas estar contigo misma un rato.

Supongo que hay una parte hasta saludable en esto, necesaria por temporadas o momentos. Pero hay otra que da miedo. Es cuando empiezas a notar que necesitas de pocas personas. Las otras, la mayoría, te cansan. Y empiezas a ver gente, no seres humanos. Además encuentras a todo el mundo bastante pelmazo, incluido uno mismo.

Ese Matrix se acrecienta a menudo en tiempos donde todo parece ser corrupción generalizada y malos ejemplos, trabajos propios y ajenos que no salen y facturas que no pagan, medios de comunicación volcados en el grito o en el cabreo permanente o en historias estúpidas y nada edificantes. El mundo se te hace más frívolo y a la vez más duro. El ruido se llega a hacer insoportable.

Frente al rechazo que te produce, lo que querrías es huir a un país interno  o externo, pero bien privado, solo o con pocas personas. Un lugar donde por fin poder tener esperanza con unos amigos con los que te entiendes con solo mirarte.

Desear vivir más consciente te acaba pareciendo una auténtica maldición incompatible con una esperanza que no sea un mero whisful thinking o un autoengañarse, tan mal ves las cosas y la naturaleza humana.

Pero esa misma sensación es otro Matrix, tan irreal como el que vive en los mundos de Yupy, en lo exterior, en la acción o permanentemente on line sin irse a tomar una caña mirando los ojos a alguien. En ese interior apesadumbrado y desesperanzado de uno hay siempre un Matrix.

Da paz saberse creada por Dios y en su manos, pecadora y redimida, aceptar y acoger que estamos salvados. Sin embargo, todo ello no borra esa tensión que se vive de modo más patente o más liviano, los diferentes mundos irreales que pueden tirar de nosotros hacia abajo, manteniéndonos conectados a una gigantesca máquina, pero no respirando con nuestros verdaderos pulmones, cristianos.

Quizás la consciencia acaba siendo eso, caer en la cuenta de algo que aprendimos en el catecismo: el mundo, el demonio y la carne son los tres enemigos del hombre.

Realmente no hay nada que no haya sido dicho antes.

Ea, a darse una vuelta por el campo y a seguir trabajando.

Aurora Pimentel

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