Jueves, 25 Mayo, 2017

Nuevos planes, idénticas estrategias y otros cuentos.


 Super-Antonio

No tenéis ni idea de lo que necesitáis para ser felices. Evidentemente, yo tampoco. Pero os lo digo por si no lo tenéis presente. Porque a lo mejor estáis pensando que si cambiáis un par de cosillas vais a ser felices de una vez y, en fin, quería avisaros de que no tenéis ni idea.

A lo mejor conocéis a gente que lo es. Preguntadles cómo ocurrió. ¿Fue cuando por fin te salió todo como querías? ¿Fue porque conseguiste ese puesto de asesor, o el chalet en La Finca? (Conservad esos amigos, os van a invitar a fiestas estupendas). O recordadlo vosotros, qué paso cuando por fin fuisteis felices. Mi propia felicidad está hecha de momentos que fueron exactamente al revés de como yo quería. Porque si hay algo peor que no tener lo que queremos, es precisamente tenerlo y que no ocurra nada.

Pensaba estas cosas hace un par de días, mientras me volvía a maquillar después de que el vídeo de Súper Antonio me dejara el rimmel en modo mapache. Antonio tiene parálisis cerebral, una enfermedad que en un alto porcentaje de casos tiene su origen en la gestación. A pesar de su discapacidad es un niño feliz, que aprende y juega con sus compañeros de clase desde su “silla especial”.

Espera, rebobinamos la frase. ANTONIO ES UN NIÑO FELIZ. Antonio también es un niño al que se suele abortar, pero en el vídeo tiene toda la pinta de alegrarse de haber nacido. Y, si su profesora llora de emoción al contar la grandeza humana de este escolar, me parece razonable pensar que también su madre se alegre de que naciera. Pero su vida no habrá sido fácil, como tampoco lo será la de las madres que, ahora mismo, sepan que su hijo tiene una discapacidad y tienen que decidir si tenerlo o acabar con su vida.

Ésta no es exactamente una columna antiabortista. No voy a enumerar los horrores de las datos del mundo y la soledad de muchas de las mujeres que acuden con su tripita incipiente, como las que yo he conocido, ni mucho menos preocuparme por las leyes que las regulan. Lo único que pensaba viendo a Antonio es que la felicidad es una fórmula desconocida y completamente fuera de nuestro control. Sus ingredientes no están nunca en nuestra lista de la compra, aparecen regalados, como una cesta de navidad o un bebé en la puerta de un convento. Nadie me había preparado para los veinte minutos que acabo de pasarme mirando dormir a mi hijo de once meses, sin poder despegarme. Nadie te puede explicar la grandeza que te espera si sigues adelante con ese maldito imprevisto que ha llegado para hacer saltar tu vida por los aires. Pero creo que nunca te habrás alegrado más de que se te tuerzan los planes.

 Guadalupe de la Vallina

Comentarios

  1. La luz que ilumina acontecimientos oscuros siempre llega después, y siempre deslumbra!

  2. Cuando era muy pequeña leí un libro que decía “cuando menos lo esperas sucede lo inesperado”, y esa sorpresa inicial, de miedo, de responsabilidad, en el fondo es la manera de saber que lo estás haciendo muy bien.

  3. Magnífico artículo. Gracias por redactarlo

Deja un comentario