Lunes, 26 Junio, 2017

El sentido de un final



Oh innoble servidumbre de amar seres humanos
Jaime Gil de Biedma

 

El_sentido_de_un_finalAntes de leer la extraordinaria última novela de Julian Barnes, ‘El sentido de un final’ en la que un hombre repasa su vida, yo pensaba que existían dos modos mutuamente excluyentes de escribir una novela. O bien el autor concibe por completo la trama previamente y sólo después de haberla ideado se pone a redactarla, o bien empieza a escribir únicamente con una idea embrionaria en la cabeza y el libro se va creando a medida que su autor lo escribe. Los libros de mayores ventas siempre han sido escritos desde el final, mientras que, a mi entender, encontramos más vida, y por tanto más literatura, en la segunda clase de libros.

¿Por qué es esto así? En general los lectores de intriga o los lectores pertenecientes a la masa exigen que las obras encajen sin dejar cabos sueltos, y eso no puede improvisarse. Además este tipo de lector agradece que se ponga a prueba su ingenio y rastrea el texto en busca de claves que permitan adivinar por dónde va a discurrir la trama. Se trata de textos esencialmente funcionales: cada cosa que se nos dice obedece a un determinado designio. Sin embargo nada hay en la vida que se parezca a esto: incluso los proyectos que se diseñan en un estudio de arquitectura o de ingeniería requieren luego de no poca inventiva, creatividad y trabajo para ser llevados a término en plazo y en presupuesto, pues la cantidad de imprevistos que surgen en la vida real es sencillamente gigantesca.

Juan Benet

Juan Benet

En su libro ‘París no se acaba nunca’, Enrique Vila-Matas cuenta que en cierta ocasión, al principio de su carrera, coincidió en una discoteca barcelonesa con Juan Benet. El ingeniero de caminos y novelista estaba hablando con un jovencísimo Eduardo Mendoza. Al parecer sólo pudo escuchar la siguiente frase dicha por el escritor madrileño: «Hoy he escrito la primera página de una novela, y no sé de qué se trata, pero sé que me espera un año de obsesión». A mi entender, la afirmación de Benet resume perfectamente una de las claves del oficio creativo. Únicamente cuando nuestro cerebro se obsesiona por completo con una causa, un proyecto, una investigación, puede ocurrir que demos con algo de interés.

Gonzalo_Torrente_Ballester

Gonzalo Torrente Ballester

En el prólogo a ‘La saga/fuga de J.B.’ Gonzalo Torrente Ballester muestra su satisfacción ante el comentario de Josep Pla de que a su libro le sobraban cien páginas: «porque cien páginas les sobran a casi todas las grandes obras de la literatura». Además es frecuente que tengan algunos defectos de construcción o descuidos o quede de manifiesto la ignorancia del escritor, pero es posible encontrar en ellos algo, algún motivo para continuar creyendo en la lectura y en la escritura: Cuando Cervantes nos presenta a la mujer de Sancho, la llama Juana Gutiérrez, y cuatro líneas más abajo la rebautiza como Mari Gutiérrez. Flaubert dice de los ojos de Emma Bovary que eran «pardos, aunque parecían negros bajo el espesor de las cejas», y más adelante afirma que «eran negros en la oscuridad y azul profundo a la luz del día».

“Cuando llegue el Juicio Final pienso decir en mi descargo que los más grandes de mi especie también se equivocaron”.

Gustave_Flaubert

Gustave_Flaubert

En su cuento ‘Pena de muerte’, doña Emilia Pardo Bazán evidencia no ser una experta ornitóloga: «Allá, en la misma cresta de las nubes, se cernía un puntito oscuro, y reconocí al ave de rapiña, quieta, con las alas estiradas, Poco a poco, sin torcer ni miaja el vuelo, a plomo, la garduña fue bajando, bajando, y empezó a girar no muy lejos de donde nos encontrábamos nosotros.»

Emilia Pardo Bazán

Emilia Pardo Bazán

Aunque quizá las mayores sorpresas nos las deparen los tratados en los que Aristoteles se ocupa de los animales, que en razón de su número de páginas, aunque no de su contenido, deberían llevarnos a considerar al preceptor de Alejandro Magno como naturalista en lugar de filósofo. Leamos la ilustre descripción del hipopótamo egipcio que encontramos en su tratado ‘Historia de los animales’: «tiene crines como un caballo […] cola de cerdo y voz de caballo, pero su tamaño es como el del asno.»

Estos traspiés, lejos de invalidar a los autores, nos los hacen más humanos y demuestran que fueron ellos, con muy pocas ayudas, no un taller, no un equipo de gente, los que sacaron adelante esos prodigiosos ingenios del pensamiento en unas épocas en las que no se contaba con multitud de recursos disponibles hoy. Cuando llegue el Juicio Final pienso decir en mi descargo que los más grandes de mi especie también se equivocaron.

Julian Barnes

Julian Barnes

La prodigiosa novela ‘El sentido de un final’ ha sido escrita a partir de su conclusión para que la trama cierre, pero en su estupefaciente reconstrucción de la vida de un hombre en dos etapas, la adolescencia y la vejez, Barnes acierta a darle a su tratamiento de los hechos el grado justo de indeterminación, de imperfección literaria que tiene la vida real. Hay personajes que están menos perfilados, hay hechos que quedan sin esclarecer del todo, pero no se trata de fallos literarios: es el aspecto que adopta en un libro el grado supremo de maestría en el arte de narrar. No todo se dice, no todo lleva a algún sitio porque se refiere a este pequeño desastre que somos nosotros.

Álvaro Fierro Clavero

Comentarios

  1. Siempre hay un plan, un concepto, al crear obras de valor. Que seamos conscientes de ello, que lo esbocemos antes de plasmarlo en nuestra obra, o que lo vayamos intuyendo mientras creamos, son otras posibilidades.
    Las obras que han ganado más dinero (en general) no lo han hecho porque sólo estas han sido escritas desde el final, sino porque incorporan valores y formas narrativas que sabemos (la masa) apreciar: autosuperación de la heroína, esctructura en 3 actos etc. Las obras menos estructuradas y más espontáneas en las que no se supera nadie suelen parecerse más a la realidad, que no suele regirse por estos parámetros, y de la que muchos están hartos de experimentar.
    Esto no imposibilita la improvisación dentro de un gran plan. Como bien mencionas, estas “faltas” son lo que hace exquisito y lo que suele sorprender – pero sólo es así cuando están enmarcadas en un concepto.
    Me encantó leer los ejemplos de “faltas” que incluyes. Consuelo de pobres, supongo. Lo de Ballester recuerda al Emperador en “Amadeus” afirmando que la música de Mozart tiene “demasiadas notas”.

  2. Phil Camino dice:

    Con qué sencillez has explicado la evidencia, esa que a veces por evidente no merece comentario o atención. Las mejores novelas que he leído han sido aquellas en las que sabía que podía creerme lo que el escritor o el narrador me contaran, por imposible que fuera. Son las que dejan el cuerpo extraño, el alma errante. La obsesión del escritor (cuando se la siente ¡qué maravilla!) hace que no sólo aquello sobre lo que escribe resulte interesante, como dices, pero es que además es condición para que la obra resulte creíble. Y la literatura es ante todo honestidad y sinceridad. Creo. Pero de ahí a lograrlo…
    Gracias.

Deja un comentario