Miércoles, 16 Agosto, 2017

Crisis de la familia, crisis de la economía


familiaEsta semana en la que España se convertía en una fiesta en defensa de la vida en multitud de concentraciones en contra del aborto, también se conocía el dato de que cada cuatro minutos se rompe un matrimonio. Aunque la crisis económica había permitido que las cifras de divorcio descendieran ligeramente -sale más barato resolver los conflictos que separarse- parece que a todo se acostumbra la sociedad y ya ha vuelto a las andadas. Y si los divorcios crecen, los abortos se suman imparables a esta realidad que ya ha sido calificada como el holocausto de este siglo, eso sin añadir en la cuenta aquellos niños del mañana que se quedaron en las 72 horas que admite la píldora del día después.

Esta destrucción paulatina de la familia dentro de un proceso, organizado o no, de ingeniería social, no sólo tiene consecuencias morales sino también económicas. Y las tendrá mucho más con el pasar de los años. La primera consecuencia ya se está viviendo. La familia moderna que limitó el número de hijos por una interpretación bastante interesada del concepto de paternidad responsable es la misma que ahora se está quejando por el aumento de la edad de jubilación y la incertidumbre del sostenimiento futuro del cobro de pensiones. Pero es que abocar a un país a una tasa de natalidad que no llega a 1,4 hijos por mujer suponía dictar sentencia de muerte sobre estos paradigmas del Estado del bienestar.

manosY desde aquellos felices 80, la pendiente deslizante de la depresión demográfica no ha hecho sino empeorar. La actual situación económica agrava aún más el escenario porque hay que sumar los matrimonios que no fraguan y los hijos que no se tienen por miedo a no poderlos criar. El panorama es desolador.

Pero más allá de los hijos, que se rompan las familias, que el divorcio como solución rápida y aparentemente indolora a todos los problemas, también los pequeños, haya tomado carta de naturaleza en la sociedad, pesará como una losa cuando lleguen otras vacas flacas, que llegarán, y no haya apoyo económico para los que lo pasan mal.

Si hoy pensamos en los costes que está suponiendo la crisis económica y que tantas veces hemos leído calculado, la cifra engordaría de manera sustanciosa si se tuviera que incluir el esfuerzo que tantas y tantas familias hacen por dar cobijo a los suyos. Basta imaginar como sería ese mundo si todas las personas sin trabajo y sin hogar hubieran caído en la más absoluta de las pobrezas.

Por eso, la crisis de la familia es también la crisis económica. Y la crisis económica crece con la crisis de la familia. Pero por algún motivo, hay quien no quiere verlo.

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

 

 

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