Viernes, 21 Julio, 2017

Corea del Norte. Otra vuelta de tuerca


Corea-del-Norte1Cuando el Primer Ministro inglés Neville Chamberlain llegó a Londres en el otoño del 38, después de haber firmado el Pacto de Munich con los amigos Hitler y Mussolini , lo hizo en olor de multitudes. Agitaba el documento desde una ventana del 10 de Downing Street ante unos cientos de inocentes que no sabían la que se les venía encima. A Checoslovaquia la dejaron con el culo al aire, y con ella al resto de Europa. Fue entonces cuando en el Parlamento Británico, Winston Churchill pronunció su famosa frase: “Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra… elegisteis el deshonor y tendréis la guerra”.

Corea-del-Norte2Pues eso, qué no aprendemos. Ahora Corea del Norte nos amenaza a ritmo de tango, y aquí preocupados por si el Málaga no pasa de cuartos. Hay que joderse. Y digo que nos amenaza porque esto es cosa de todos. Aunque los misiles apunten a Estados Unidos y a Corea del Sur, el problema es que los dictadores no pueden ser los matones del barrio, los chulos de patio de recreo que van quitando el bollycao a todo el que se le pone por delante. Ya está bien de soportar a macarras de discoteca y matones de medio pelo. El tema es serio. Ahora viene y nos larga en plan chungo que no puede garantizar la seguridad de las embajadas a partir de el 10 de abril si estalla un conflicto. (Ahora a las guerras se las llama conflictos). El pollo se pasa la Convención de Ginebra por donde se la pasaba el Coronel Saito en El puente sobre el río Kwai, debe ser la zona.

Corea-del-Norte3No es de recibo que el hinchado dictador ponga en jaque a medio mundo, como hizo Castro en su día con la famosa Crisis de los Misiles en octubre del 62. Ganar la libertad nos costó mucho, nos cuesta cada día. ¿Hace falta que llegue un tirano de tres al cuarto para recordarnos que los muchachos que se sientan en las Naciones Unidas deben servir para algo más que para cobrar estupendas dietas? Debemos articular mecanismos que nos defiendan de esta calaña. No se trata de entrar en guerra por la cara, se trata de plantar cara. Pero todos juntos. Todos los organismos que hemos ido creando desde la Segunda Guerra Mundial están para algo. La Unión Europea, la OTAN, ONU… todos debemos la obligación de no permitir que se ponga en riesgo la seguridad. Sin la seguridad no existen la posibilidad de progreso ni el mantenimiento del famoso “estado de bienestar”, y lo que es más importante, la posibilidad de futuro.

Cada amenaza que se deja pasar por parte de éste, o cualquier otro tirano, es un paso hacia atrás que lo hace más grande. Temblar ante las bravuconadas deja en entredicho la fuerza de la libertad. Deja aún más desprotegidos a los pobres ciudadanos de Corea de Norte, que tienen que llorar como descosidos la muerte del papá del Jefe por miedo a quedarse sin su plato de arroz o a que le ejecuten de mala manera. Si a nosotros nos gusta la libertad, imagino que a ellos también. Por cosas más pequeñas nos hemos visto con el agua al cuello.

José Cabanach

 

 

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