martes, 21 noviembre, 2017

Tur Abdin, de monasterios a refugio de cristianos


La guerra en Siria está transformando una tierra cuya huella cristiana ha sido siempre indeleble. El ejemplo lo tenemos en esa suerte de monasterios de Tur Abdin. El más antiguo es el de Mor Gabriel, que fuera fundado en el 397. La edad de oro le vino en el siglo VI, cuando el esplendor de vocaciones acogió a más de mil monjes en sus dependencias. Recientemente, uno de sus principales cometidos fue dar refugio a la población cristiana desplazada por los conflictos en Oriente Próximo.

Siria2Nos enteramos que en enero del 2011, el gobierno turco lo expropió por las buenas, lo que ni los mongoles pudieron hacer en el siglo XIV. De repente, 12 parcelas de tierra con una superficie que comprende 99 hectáreas, fueron consideradas “bosques” y pertenecieron “ipso facto” al Estado turco. Para Mor Gabriel, la sentencia es un duro golpe. Perder los terrenos significa perder los medios de sostenimiento necesario para la propia supervivencia. El metropolita siro-ortodoxo de Tur Abdin, Timotheos Samuel Aktas no retiene su indignación, “somos los propietarios de esta tierra, sólo queremos que se nos trate como a seres humanos”.

En estos momentos otros de los monasterios de Tur Abdin, Mor Abraham y Mor Hananyo, han roto su silencio habitual por las voces de los refugiados. Muchos de ellos fueron sorprendidos literalmente en medio del fuego entre las tropas de Assad y los rebeldes. Los cristianos no han encontrado refugio en los campos del gobierno turco (el número total de refugiado sirios en Turquía es de 188.000), por eso se han acercado hasta los monasterios de Tur Abdin. Pero no sólo es que en los campos de Turquía haya un problema de sobrepoblación, es que en muchos de ellos se esconden fundamentalistas islámicos que buscan a los cristianos. Una de las novicias de los monasterios dice, “les hemos abierto las puertas, lo mismo que han hecho aquí muchas familias locales. Pero si la situación empeora y asistimos a la llegada de una masa ingente de refugiados, no podremos acondicionarlos debidamente”.

Javier Alonso Sandoica

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