sábado, 23 septiembre, 2017

Cuento para recibir la primavera



Como todas las estrellas, sin prisa pero sin pausa
Johann Wolfgang von Goethe

Dios se quedó mirando los planos del universo. Tras una meditación que sólo pudo ser profunda y que no fue ni breve ni larga porque todavía no existía el tiempo, pensó para Sí mismo: «Puede que funcione», y dijo «Hágase».

Ojo Estelar

Ojo Estelar

Según constaba en las especificaciones, de una inminencia de Dios surgió el espacio, y de una lejanía creció el tiempo. En un principio no había diferencias entre ambos y se implicaban mutuamente. Cada uno era la explicación del otro y el tiempo existía a consecuencia del espacio y el espacio existía en razón del tiempo. Aunque en sus comienzos el universo no era muy grande, su desarrollo exigió desde el principio una enorme concentración. El espacio se ocupó de que todo lo que había de ser creado tuviera un lugar en el que situarse, y el tiempo se encargó de que las tareas encontraran una ocasión para ser llevadas a término.

En el interior del interior del interior se imprimieron los mecanismos generales de la masa y la materia.
En el inicio del inicio del inicio se levantaron las fórmulas esenciales de la eternidad y de la caducidad.

A consecuencia de la evolución de las fuerzas puestas en funcionamiento, se crearon los mundos y los no mundos y ciertas posibilidades no específicamente consideradas en los planos de Dios tuvieron su oportunidad. Otras opciones previstas en un principio, en cambio, permanecieron ocultas. Espacio y tiempo se hicieron independientes en ciertas zonas, de modo que hubo lugares que eran puro ámbito y nada en ellos transcurría, mientras que hubo instantes que eran la duración misma y ninguna sustancia podía penetrar en ellos y manifestarse.

“Al cabo de las épocas el espacio terminó de expandirse”.

Al cabo de las épocas el espacio terminó de expandirse y consiguió instaurar en sus inmensos recintos el portentoso designio de Dios. La materia se organizaba en colosales cúmulos de galaxias que a su vez albergaban regiones inmensas predominantemente vacías en las que se engastaban campos de estrellas. Estas majestuosas concentraciones de energía curvaban el espacio y el tiempo y alrededor de sus núcleos se organizaban en órbitas pequeños cuerpos siderales menos masivos.

Pero la materia estaba inerte y no era capaz de soñar ni comprender mientras ardía en los objetos celestes ni cuando giraba en torno a una estrella. Aburrido ante las infatigables ceremonias de la inercia y las monótonas consecuencias de la entropía, Dios hizo traer los moldes en que espacio y tiempo habían sido acuñados. Aquí tenía que estar la clave. Tras estudiar los ínfimos recipientes, modificó con mimo sus dimensiones para hacer algo más ligeros los diminutos ladrillos con que habían sido hechos el espacio y el tiempo. Seguidamente determinó que a lo largo de los siguientes millones de años el universo se contrajese hasta alcanzar la dimensión de un punto.

Había que empezar de nuevo.

Álvaro Fierro Clavero

Comentarios

  1. Been reading Borges lately, Alvaro?

  2. Nice, my darling. Nice

  3. El concepto de crear, y recrear, y creaciones sucesivas, y en cuál estaremos ahora, es la esencia de muchos de los cuentos de Borges – incluso antes de que lo usaran los hermanos W en Matrix. Tu versión difiere en que carece de personaje punto de vista – nadie sufre las consecuencias de todo este despilfarro de ideas – lo cual hace que tu texto parezca más un ensayo metafísico que un cuento. Me encanta la idea de que Dios acaba comenzando de nuevo porque se aburre. Oh no! Vivimos en una época en la que hasta Dios se aburre!

  4. Sí, Borgiano, me gusta…

  5. Sólo una cosa, yo creo que Dios no dijo: Puede que funcione; sino que dijo: FUNCIONARÁ!!!

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