sábado, 23 septiembre, 2017

Susanna Tamaro: “La Eucaristía, en cuanto radical experiencia de realismo, no tiene nada de virtual”


2012_1_23_Ou5J5UMDZXYBS5wMrK3jR6Ayer, Viernes Santo, el periodista Alessandro Zaccuri entrevistaba a la escritora italiana Susanna Tamaro en el diario Avvenire. Por su interés os la reproduzco en su integridad.

El pan, el vino y las manos del hombre, son las imágenes que para Susanna Tamaro resumen el misterio del Jueves Santo. “Y es el día -dice la escritora- en que la materia se abre a la dimensión espiritual, y de ambas hoy tenemos necesidad“. Acaba de sacar un libro autobiográfico “Cada ángel es tremendo“, que aún no ha sido traducido al español.

Tiene usted una relación muy intensa con la Eucaristía, con su “vertiginosa concreción

Hace tiempo que vivo en Orvieto, la ciudad que este año celebra el jubileo eucarístico por el milagro de Bolsena. Para mí, la impresión más fuerte fue la de mi primera comunión. Recuerdo bien cómo regresando a mi posición desde el altar, tuve la impresión de moverme en un espacio diferente. Había cambiado mi percepción de la realidad, la relación con el mundo material no era la misma.

Se podrían decir que eran los sentimientos de una niña

Prefiero pensar en una intuición muy precisa, un don que he vuelto a recuperar sólo de adulta. En el Jueves Santo sucede una cosa inaudita: el hombre se come a Dios, entra con Él, en una comunicación de intimidad directa, casi escandalosa. La fiesta tiene su origen aquí, es la prueba de una grandeza que todavía no conocemos y que requiere una vida intensa para ser comprendida. El drama es que, lamentablemente, la costumbre termina por ganar la partida.

Ogni-angelo-è-tremendo¿A qué se refiere?

Me viene a la mente el rito ortodoxo al que he asistido en un viaje reciente a Etiopía, había miles de fieles, pero no más de una veintena se acercaron a comulgar, los otros no se sentían dignos. En Italia, hace algunas generaciones, había aún una conciencia de que en la Eucaristía se manifestaba una presencia maravillosa y terrible, a la que no se podía uno acercar de forma impremeditada. Todo esto hoy parece haberse perdido.

¿Por qué ha disminuido el sentido de lo extraordinario?

Lo que se ha debilitado es el sentido de lo ordinario, la unión con la materia, la comunicación con el universo manual. La primera transformación que la Eucaristía presupone es del grano en pan y de la uva en vino. Sin la conciencia de este proceso, no se es capaz del estupor frente a la potencia que transmite el Jueves Santo, englobando y superando la dimensión natural.

¿Estamos distraídos por el mundo virtual?

Hemos olvidado que el ser humano es feliz cuando ve realizado el trabajo de sus propias manos. Y para llegar a esto, hay que andar al cuidado de la materia, y al tiempo, permanecer humildes ante su presencia. Cultivar, como hace el agricultor, sabiendo que los frutos de la tierra permanecen como un don para el hombre. Es la custodia a la que el Papa Francisco nos está reclamando con tanta pasión. Son elementos que resultan difíciles de encontrar en el mundo digital, donde prevalece la dimensión del control y del poder. La posibilidad de hackear no tiene nada que ver con la auténtica manualidad. De la misma forma, la Eucaristía en cuanto radical experiencia de realismo, no tiene nada de virtual. Con su reclamo a lo cotidiano, nos advierte de de cómo el mundo contemporáneo ha caído en una ilusión de realidad.

1e1200cee7ab1a664c5cb1dc08016419¿La Eucaristía es una fiesta, un banquete, un compartir?

Simplemente una cena. Un evento cotidiano, nuevo, investido de una luz divina. Se abre una grieta por la que es posible contemplar la eternidad, aunque sea por un sólo instante. La necesidad que deja este banquete no se convierte, a su vez, en ocasión de consumismo. Confieso mirar con extrema perplejidad al actual proceso de espectaularización de la comida, el divismo de los chef y su pretensión de travestirse en el rol de gurúes o pensadores. Otra vez nos alejamos de la realidad. Comer se convierte en una actividad artificial, privando del clima alegre que debe distinguir la fiesta.

¿En resumen, una fiesta pero con mesura?

En el punto en que estamos me parece que no tenemos alternativa. Cuanto más respeto hacia la naturaleza, más cautela en el uso de los recursos que están a nuestra disposición. Podríamos resumirlo en un slogan “comer menos, comer todos“. Un objetivo sensato y posible.

Comentarios

  1. Antonio Fernández dice:

    Genial y de agradecer. Es impresionante darse cuenta del vértigo q da la concreción de Dios

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